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La adherencia a las citas médicas y al régimen de tratamiento están en las manos del paciente. (Shutterstock)

No cabe duda de que ciertos sectores de la población se enfrentan a un reto mayor, particularmente, las personas con diagnóstico de cáncer que se encuentran en tratamiento. Ellas no solo necesitan lidiar con la realidad de prevenir el COVID-19, sino también con la premura de continuar su cuidado médico en un momento histórico trastocado por el distanciamiento social y la limitación en el acceso a los servicios esenciales, como el cuidado médico.

Las autoridades sanitarias se han enfrentado a la necesidad de redirigir los recursos y los servicios al control de la pandemia, razón por la cual se han visto pospuestos, retrasados o temporeramente cancelados muchos servicios médicos de consultas y acceso a cirugías y otros tratamientos.

Como expresara una paciente con cáncer en endometrio en conversación reciente, “no solamente me enfrento a un diagnóstico de cáncer inesperado, sino también a la tensión y al miedo que me causa el COVID- 19”.

Ciertamente, las personas con diagnóstico de cáncer pueden ser más vulnerables al efecto severo de la infección con el COVID-19, especialmente cuando se enfrentan a la inmunosupresión como resultado de tratamientos como la quimioterapia. En la medida en que el sistema inmunológico se debilita por el efecto de medicamentos fuertes, el cuerpo se encuentra en mayor riesgo de desarrollar complicaciones ante cualquier infección.

Se ha observado y documentado que, en los pasados meses, hubo una disminución en los programas para la detección temprana y la confirmación de diagnósticos de cáncer, ante la suspensión y el retraso de procedimientos, eventos, iniciativas y servicios de cuidado primario y de prevención y promoción de la salud.

Esta realidad amerita concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de dar continuidad al cuidado de la salud, particularmente cuando ya se han estructurado e implementado mecanismos para proteger a los pacientes y a los profesionales de la salud que brindan cuidados directos.

En Puerto Rico, ya se han reorganizado los servicios, actualizando e implementando guías de protección claramente definidas y criterios de prioridad para el ofrecimiento de los servicios médicos.

Los centros de cáncer acreditados por la Comisión de Cáncer del Colegio Americano de Cirujanos están organizados y preparados para continuar con su misión.

EL COVID-19 NO DEBE APODERARSE DE NUESTRO BIENESTAR

La adherencia a las citas médicas, ya sean por telemedicina o presenciales, así como el cumplimiento y la adherencia al régimen de tratamiento, quedan en manos del paciente. Cambios en lo anterior deben ser determinados en diálogo constante entre el paciente y su médico, y no en forma independiente.

Es ideal que el paciente con cáncer actúe de forma proactiva, educándose, manteniendo una estrecha comunicación con su proveedor de cuidado médico, y cooperando y cumpliendo con el plan de cuidado acordado.

Así contribuye con su cuidado médico y con su proceso de recuperación. Es importante que tome un rol participativo en la toma de decisiones, en la práctica de medidas de prevención contra el COVID-19 y en la continuación de su tratamiento y seguimiento.

Los familiares y los cuidadores del paciente también tienen un rol esencial. En la medida en que estos entiendan y practiquen correctamente las medidas de protección contra el COVID-19, se protegen a sí mismos y protegen al paciente, evitando exponerlo a esta infección. Los familiares y los cuidadores necesitan continuar velando y monitoreando su salud para contribuir con un ambiente de convivencia libre de infecciones.

La persona con un diagnóstico o historial de cáncer también necesita continuar atendiendo y manejando otras condiciones de salud crónicas, como: diabetes, hipertensión y colesterol, entre otras. También necesita la ingesta de una dieta sana, la actividad física, aun cuando sea leve o moderada, y el manejo de sus emociones. En la medida en que maneje y controle otras comorbilidades y preocupaciones, y se involucre en estilos de vida saludables fortalecerá su salud y mejorará su calidad de vida.

CÁNCER E INFLUENZA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

La persona con cáncer también se enfrenta a la temporada de mayor incidencia de influenza.

Se sabe que esta puede estar más susceptible a esta infección como resultado de su malignidad y del efecto que causan ciertos tratamientos al sistema inmunológico. De forma general, cuando se revisa la literatura médica, al paciente con cáncer adulto se le sugiere adherirse a los regímenes de vacunación estándares. Sin embargo, se puntualiza que no debe recibir vacunas con patógenos vivos mientras su sistema inmunológico se encuentra debilitado como resultado de su tratamiento.

Lisa A. Thompson, doctora en farmacia y autora del artículo Recommendations for Vaccine Administration During Chemotherapy , explica que, en general, existen dos categorías de vacunas: las vacunas con patógenos vivos, aunque debilitados (o atenuados), y las vacunas con patógenos muertos e inactivados. Ambos se pueden utilizar en personas con el sistema inmunológico normal, ya que, ante el patógeno debilitado o muerto, el cuerpo creará inmunidad y protección prolongada. Sin embargo, la persona con cáncer en tratamiento intensivo de quimioterapia que le produce inmunosupresión, no reaccionará de la misma forma a la vacuna con patógeno vivo o debilitado, ya que su sistema de defensas no funciona óptimamente, dando paso a la manifestación de la infección.

En términos generales, al paciente con cáncer que no se encuentre en periodos de inmunosupresión solo se le recomendaría la vacuna con patógeno muerto, con la autorización y la aprobación del médico a cargo. La vacuna de influenza se administra anualmente, ya que las características de este virus cambian a lo largo del tiempo. Por esa razón, se realizan campañas de vacunación anualmente, principalmente en los meses de otoño.

Aquí vuelve a ser relevante el proceder de los familiares. En la medida en que estos se vacunen, no solo estarán protegiéndose de las complicaciones de la influenza, sino también de contagiar al paciente.

Las personas que conviven con un paciente con cáncer también necesitarían recibir la vacuna con virus muerto o inactivado.

Desafortunadamente, como aún no contamos con una vacuna contra el COVID-19, las personas con cáncer, al igual que toda la ciudadanía, necesitan lavarse las manos con frecuencia; no tocarse la cara ni las mucosas de la boca, la nariz y los ojos; y evadir el contacto y la exposición a personas enfermas con este virus.

Las autoras son, respectivamente, educadora en Salud Pública y coordinadora de Alcance Comunitario HIMA San Pablo Oncológico; y directora de HIMA San Pablo Oncológico.

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