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Tristana Vásquez
Tristana Vásquez (Suministrada)

Cuando llegó de emergencia al hospital, encorvada por un dolor abdominal insoportable en el lado derecho, lo menos que imaginaba Tristana Vásquez -a sus 38 años- es que padecía de cáncer colorrectal con metástasis en el pulmón, como indicaría una biopsia a los cinco días de su ingreso.

Estaba casi segura de que se trataba de apendicitis. Durante los pasados ocho años de sintomatología, en los que tuvo cólicos, gastritis, reflujo, vientre inflado, pérdida de peso y ese dolor que, según los médicos consultados hasta el momento, se debía a cualquier otra cosa, desde fibromialgia, hasta condiciones ginecológicas, pero a nada grave. Simplemente un malestar con el que tenía que aprender a vivir.

“El dolor es el resultado de algo. Cuando tu cuerpo manda un aviso, tienes que escuchar. Pero, cuando se te presenta la posibilidad de la muerte, miras a tus hijos, te enrollas las mangas y te pones a trabajar para sobrevivir. Ya no hay negociación que valga y tienes que hacerlo sin culpas”, dijo Vásquez, cuya historia acaba de reseñarse en el Cancer Disparities Progress Report, de la American Association For Cancer Research (AACR, por sus siglas en inglés), a propósito de crear conciencia de los estragos que la enfermedad causa entre diversas poblaciones y grupos minoritarios, aunque la igualdad sanitaria es uno de los derechos humanos básicos.

De paso, el reporte menciona que expertos predicen que la pandemia del COVID-19 exacerbará las disparidades existentes relacionadas al cáncer, como resultado del impacto desproporcionado del virus en las poblaciones de carácter minoritario. También muestra que los hispanos tienen la tasa más baja de estudios para detectar el cáncer de colon, de entre cualquier otro grupo racial o étnico en Estados Unidos. En el caso de los puertorriqueños, “que podría decirse que somos una minoría dentro de una minoría, ya puedes imaginarte la situación”, abundó Vásquez, a quien nunca le mandaron a hacerse una colonoscopia, hasta aquella primera hospitalización de urgencia, tras pasar dos semanas sintiéndose fatal.

Tristana (llamada así por la novela de Benito Pérez Galdós y la película de Buñuel que protagonizó Catherine Deneuve), madre de tres hijos y consultora de negocios, se convirtió en una abanderada de su condición “primero para mí misma, porque tuve que buscar varias opiniones de médicos. Me habían dicho que no valía la pena que me operara y yo, si tenía la opción, quería extraer toda célula cancerosa de mi cuerpo”.

Su caso requirió de tres cirugías en tres hospitales distintos, todos en Puerto Rico. También diez meses de quimioterapia, tan fuerte “que en un momento llegué a pensar que si no me moría de cáncer, me moría a consecuencia del tratamiento”. Con todo, Vásquez -que descubrió mediante estudios especializados que posee una mutación poco común del gen que causa el síndrome MAP, una predisposición genética que incrementa el riesgo de sufrir cáncer en el colon o en el recto- decidió evaluar todos sus hábitos y hacer ajustes permanentes en su estilo de vida.

“Mi cuerpo, mi mente, en lo espiritual, en la alimentación, en lo social, para aceptar el amor de la gente. Tuve que pedir ayuda y aprender a recibirla. Yo no sabía por qué avenida iba a llegar mi sanación, pero ya hasta la medicina empieza a reconocer que todo el organismo se conecta, así que tuve que descansar, meditar, orar y hacer lo que me produjera felicidad. La supervivencia tiene mucho que ver con cómo te sientas”, aseguró Vásquez.

No obstante, “el proceso no termina con tu última quimioterapia, ni siquiera cuando te dan el papel que dice que ya no tienes cáncer. El cáncer impacta cada aspecto de tu vida, también afecta tu familia, no solo a nivel económico. Y eso, yo tenía seguro de cáncer y seguro de salud, una gran ventaja. Recuerdo una vez que me dijeron que mi plan no iba a cubrir la terapia de ese día y con la tranquilidad que yo pude decir que podía pagarla. Pero allí mismo había otra paciente que estaba llorando, que murió dos semanas después, que no tenía dinero para la suya”, recordó.

Por eso, Vásquez insistió en que aunque se habla mucho de la prevención -ella misma se certifica en noviembre de este año como asesora de salud y nutrición-, en la etapa de tratamiento hay que aprender a ser un paciente activo.

“El médico te dice que tienes cáncer y cuando sales de su oficina, ¿qué haces? ¿Irte para tu casa? ¡No! Posiblemente, lo primero debería ser que te dieran un referido para cuidar tu salud mental, luego de un diagnóstico como ese”, dijo.

“Yo hice mi propio directorio porque soy ‘presentá’ y a nivel personal, empecé a recibir llamadas y a ayudar. Tú no sabes el alivio que sentían algunos cuando les daba un número de teléfono o al poner en contacto a alguien con un abogado, para poder casarse antes de que muriera su compañero. Eso no debe ser”, recalcó Vásquez.

También aseguró que continuará como advocate contra el cáncer, mediante su página web (www.tristanapr.com), un nuevo podcast titulado ‘SúperViva’ y en las redes sociales (en Facebook e Instagram la consigues como @tristanapr).

“Un paciente de cáncer solo tiene que preocuparse de cómo sanar”, concluyó diciendo.

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