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Ante la incertidumbre de nunca haber realizado investigaciones científicas, se insta a que los estudiantes se apoyen en los recursos que provee la institución educativa.
Ante la incertidumbre de nunca haber realizado investigaciones científicas, se insta a que los estudiantes se apoyen en los recursos que provee la institución educativa. (Shutterstock)

La educación graduada no solo conlleva la asistencia a largas sesiones de clases, la entrega de decenas de trabajos y la preparación para exámenes y presentaciones, sino que también se caracteriza por la investigación científica.

Con el objetivo de ampliar el conocimiento existente, las preguntas se someten a procesos ordenados, sistemáticos y rigurosos que pueden parecer inconmensurables si no se consideran las siguientes recomendaciones.

Delimita el tema

Según la bibliotecaria en jefe de la Colección de Referencia y Revistas de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras (UPRRP), Sylvia Solá Fernández, el tema se encuentra delimitado, con el objetivo de evitar búsquedas innecesarias, cuando el investigador puede expresar su necesidad de información en una sola oración.

Para alcanzar esta síntesis, se recomienda dialogar con el docente que evaluará el trabajo, la búsqueda rápida en internet y la lectura de los índices de los libros hasta identificar los ángulos disponibles. Posteriormente, el estudiante debe escoger el que más le llame la atención.

“Una de las reglas de oro es que a ti te guste el tema. Uno debe procurar, en la medida de lo posible, hacer trabajos sobre lo que a uno le interesa porque, si no te interesa, va a ser una tortura”, precisa Solá Fernández.

Identifica recursos en la universidad

Ante la incertidumbre de nunca haber realizado este tipo de proyectos científicos, se insta a que los estudiantes se apoyen en los recursos que provee la institución educativa, ya sea para el uso de bases de datos, talleres sobre manuales de estilo o asesoramiento bibliotecario en la búsqueda de información.

“Cualquier investigador debería tener aliados en los lugares que busca información”, destaca la encargada de la colección, ubicada en la biblioteca José M. Lázaro.

De igual forma, puntualiza la importancia de que los alumnos ingresen a las páginas web bibliotecarias, antes de acudir a Google, pues este buscador no es el ideal para los trabajos académicos.

Familiarízate con las bases de datos

Las bases de datos digitales son espacios en la web que almacenan contenidos informativos de forma general o específica sobre un tema, y que se caracterizan por la posibilidad de realizar búsquedas avanzadas a través de filtros.

Según Solá Fernández, además de la especificidad del asunto, el espacio geográfico y temporal son las limitaciones más efectivas al utilizar una base de datos, así como el uso del idioma inglés, debido a la cantidad de publicaciones disponibles por encima del español.

“No vas a escribir una tesis en la barra de búsqueda: mientras más corto, mejor. Después que tengas la oración que resume tu tema, debes seleccionar cuáles son las palabras clave”, señala la bibliotecaria, al establecer que estos términos nunca son artículos, preposiciones o conjunciones y, en la mayoría de las ocasiones, también se dejan de lado los adjetivos y los verbos.

Asimismo, subraya que las propias bases de datos incluyen listas que recopilan las palabras claves más efectivas.

Prioriza la información contrastada

A pesar del gran abanico de información disponible, Solá Fernández resalta que los recursos veraces son aquellos en los que subyacen los mismos fundamentos.

Además, asegura que las bases de datos son, de por sí, filtros; muchas cuentan con la categoría de revistas arbitradas- publicaciones que fueron revisadas previamente por expertos en el tema a tratar.

Las enciclopedias en línea o el buscador en Google son eficaces para conocer, en primera instancia, el asunto a estudia, mas son insuficientes para cualquier trabajo investigativo a nivel graduado, según la bibliotecaria de la UPRRP.

Una vez se tenga el material, ya sea de forma física o digital, se debe guardar la información bibliográfica, las citas importantes o los resúmenes, para evitar la duplicidad de esfuerzos.

“No sabes la cantidad de gente que nos llama y nos dice que usaron un libro el día anterior y desconocen el nombre del autor, el libro o la fecha de publicación”, indica Solá Fernández, al mismo tiempo que insta a tomar notas desde que se comienza a leer información no solo para preservar la fuente, sino también para adelantar la redacción del trabajo.

Acompáñate siempre de tu manual de estilo

“El error más común entre los estudiantes al citar es que no saben para qué sirve un manual de estilo. Creen que es un capricho de los profesores”, puntualiza la bibliotecaria.

Según dice Solá Fernández, los investigadores deben comprender que las normas para citar organizan y documentan los argumentos que sostienen la investigación.

Cada manual está dirigido a una disciplina. Por ejemplo, en el campo de las ciencias sociales, se prioriza la actualidad del recurso citado por lo que se antepone el manual de la Asociación Americana de Psicología (APA, en inglés), a diferencia del ámbito humanístico, que prioriza el de la Asociación de Lenguas Modernas (MLA, en inglés).

Por otra parte, la bibliotecaria explica que la diferencia entre una lista de referencias y una bibliográfica es que la primera alude a los recursos que se citaron, mientras que la segunda se refiere al material que se utilizó, pero que no se citó en el documento.

La consistencia en la aplicación del manual que se seleccione es un reflejo de la organización del trabajo en genera, concluye Solá Fernández.

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