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Cuando se administran varias vacunas juntas, el número de partículas a las que exponemos a nuestros infantes es ínfimo.
Cuando se administran varias vacunas juntas, el número de partículas a las que exponemos a nuestros infantes es ínfimo. (Shutterstock)

El esquema de vacunación anual es un documento de datos científicamente recopilados y evaluados por un gran número de expertos, y revisado por miembros de organizaciones como el Comité Asesor Sobre Prácticas de Inmunización (ACIP, en inglés), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés), la Asociación Americana de Pediatría (AAP, en inglés), la Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP, en inglés) y el Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología (ACOG, en inglés) en Estados Unidos.

Las vacunas se añaden al calendario pediátrico en función de cuándo es probable que un bebé sea más susceptible a una enfermedad. Por ejemplo, la protección que ofrecen los anticuerpos maternos aumenta después de la semana 32 de gestación, pero disminuye durante el primer año de vida. Por ello, muchas se administran en los primeros 18 meses. Cuando se administran varias vacunas juntas, el número de partículas a las que exponemos a nuestros infantes es ínfimo comparado con el número de patógenos a los que están expuestos durante un día normal.

El director del Centro de Educación en Inmunización del Hospital de Niños de Filadelfia, el doctor Paul A. Offit, en un mensaje contundente abordando los esquemas alternos y la exclusión de algunas vacunas en pacientes pediátricos, menciona tres razones por las que estas no se deben retrasar, espaciar y, mucho menos, obviar.

En primer lugar, menciona que utilizar un esquema alterno que no haya sido estudiado y revisado científicamente aumentaría los riesgos, pues estaríamos interfiriendo con los perfiles de inmunogenicidad y de seguridad que ya han sido estudiados y establecidos por la comunidad científica.

Segundo, indica que no hay ventajas al retrasar las vacunas. Este retraso solo puede aumentar el período durante el cual nuestros niños serán más susceptibles a estas infecciones.

Por último, nos recuerda que hay estudios que demuestran que el estrés de recibir una o múltiples vacunas por visita es el mismo, pero que sí se eleva al aumentar el número de visitas.

La autora es pediatra y miembro de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría.

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