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Beba García junto a sus nietos y su esposo, Jesús Méndez.
Beba García junto a sus nietos y su esposo, Jesús Méndez. (Suministrada)

En principio, la escritora Beba García se resistía a “los cacharros”, apodo que le endilgó a la tecnología que ya conocen sus cinco nietos –todos varones.

“Los electrónicos son terribles. Mis hijas han sido bien estrictas con su uso, pero, con la pandemia, han tenido que ceder un poco”, admitió la autora de Crónica de la televisión en tiempos de Don Tommy (2009). Sin embargo, García aprovechó para recalcarles la importancia de estar presentes y atentos al mundo real. “Siempre les recuerdo la historia de mi abuelo preferido, que murió de repente y, un buen día, me sacaron de la escuela para decírmelo; y les repito: lo más importante que tendrán en sus vidas son las personas”, enfatizó.

Beba García junto a sus nietos y su esposo, Jesús Méndez.
Beba García junto a sus nietos y su esposo, Jesús Méndez. (Suministrada)

García aseguró que el rol de madre no es similar al de abuela. “La ventaja es que, como abuelos, mi esposo [el empresario Jesús Méndez] y yo disfrutamos todos los beneficios, sin tener el cien por ciento de la responsabilidad. A veces, abuelo quiere intervenir en algo que no le parece bien y le digo, ‘nosotros somos los abuelos’. Así que tengo la libertad de vivir mi vida y también estar bien presente en sus momentos importantes, pero no me atan” explicó y, añadió, entre risas: “En este tiempo, cuando uno está más cansado, ¡eso es una maravilla!”.

Ser anclaje histórico para sus nietos es, para García, un reto indelegable. “Les hablo mucho de mis memorias de Cuba, para que sepan que esa es, también, parte de su sangre. Antes de dormir, ellos me piden, ‘Abuela, cuéntanos un cuento de la vida real’ —y les cuento sobre nuestra familia. Todos los abuelos deberían hacerlo”, apuntó, firme.

Por otra parte, justo cuando se implantó la cuarentena por la pandemia, la comunicadora Uka Green se enteró de que su hija mayor se convertiría en madre. “Nos dio una felicidad inmensa, profunda, intensa, que activó todas mis emociones, pero también todos mis miedos”. Admitió que su esposo –el publicista Noro Sebastián— vivió la intensidad de sus emociones y tuvo un rol muy activo en el proceso. “Mi hija se encerró y solo la veíamos por FaceTime una vez por semana. Echó un barrigón enorme y, aunque la vi todo el tiempo, no tuve esa sensación de participar de todo, como lo hizo mi abuela con mi mamá cuando nací”, rememoró. “Nunca he llorado ni rezado tanto”, reconoció.

Uka Green con su nieta Catalina.
Uka Green con su nieta Catalina. (Suministrada)

“Abuka” se aferró a la tecnología para disfrutar los primeros momentos de su nieta. En eso, llegó la vacuna para el COVID-19 y enseguida “se puso en fila”. Cuando la bebé tenía dos meses, pudo cargarla por primera vez, cubierta con todo el equipo de protección personal. “Parecía un monstruo”, dijo. De inmediato, Green le susurró a la pequeña una afirmación que todas las mujeres de su familia han escuchado: “Vienes de una cepa de mujeres fuertes y valientes, y serás en la vida lo que quieras ser”. Esa máxima ha guiado a Green por el camino de su éxito profesional y la ha compartido con sus cuatro hijos. “En casa, la equidad se ha enseñado siempre de forma orgánica”, enfatizó.

Para Green, “la abuelitud” es una expansión del amor que siente por sus cuatro hijos. “No hay calibración para medirlo porque mi nieta es la extensión de mi hija, de mis genes y los de mi marido”, indicó. “No quiero a mi nieta más que a mis hijos; el amor es diferente porque estoy en una etapa nueva, más despreocupada y libre, ¡y no te olvides de que soy una abuela pandemial, que esos son otros veinte pesos”, terminó, a carcajadas.

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