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Ricardo Alcaraz Díaz, fotoperiodista, frente a una instalación de su exhibición Intemperie.
Ricardo Alcaraz Díaz, fotoperiodista, frente a una instalación de su exhibición Intemperie. (ENID M. SALGADO MERCADO)

A los 19 años, y con un futuro indefinido, un joven Ricardo Alcaraz Díaz descubrió su pasión la primera vez que vio la imagen de una foto aparecer en el papel fotográfico. Sintió que era un acto de magia que se revelaba ante sus ojos, bajo la luz ámbar del cuarto oscuro. Una gran emoción lo sobrecogió. Estaba deslumbrado... acababa de enamorarse en ese instante. Cuarenta y siete años después, sigue enamorado de la fotografía.

“El día que imprimí mi primera foto, quedé total y absolutamente enamorado. Recuerdo lo que sentí; los pelos se me pararon. Yo vi esa foto que empezaba a salir y me quedé asombrado; era como magia. Ahí fue que me enamoré de la fotografía”, compartió Alcaraz.

Pero, su pasión fue más allá, hacia esa rama de la fotografía que tiene un propósito social definido, el fotoperiodismo, al cual llegó por cosas del destino.

“Nunca pensé en la posibilidad de ser fotógrafo. Fue un acto del destino. Una carambola de la vida”

Para el verano del 1974, Alcaraz comenzó a trabajar como diseñador del desaparecido periódico Poder Estudiantil, el cual se trabajaba los fines de semana en las oficinas del periódico Claridad. Llegó por invitación de un compañero que supo que, al estar tomando una clase de dibujo, podría asumir la tarea. De esa manera, entró en el mundo del periodismo.

Pronto se dieron cuenta de que necesitaban poder hacer sus propias fotos, por lo que compraron una cámara Yashica Rangefinder, para que todo el equipo de trabajo pudiera usarla. Sin embargo, fue Alcaraz quien se dedicó de lleno a aprender fotografía, de la mano de los fotógrafos de Claridad, especialmente Pucho Charrón, a quien considera su mentor.

En 1977, se graduó del bachillerato del programa general de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico (UPR), que comenzó a los 16 años, cuando desconocía qué estudiar. Para este momento, ya sabía que se quería dedicar al fotoperiodismo, por lo que enseguida inició su maestría en periodismo en la Escuela de Comunicaciones de la UPR, concluyendo en el 1980. Ese mismo año se casó y comenzó a trabajar diseñando las páginas de Claridad, donde estuvo por seis años.

“Me siento un hombre afortunado, porque pude dedicarme a hacer algo que me apasiona”

Un comentario inocente de su hija de tres años, lo hizo darse cuenta de que casi no le dedicaba tiempo a ella, porque todo lo consumía el periódico. Esto, más la necesidad y el anhelo de trabajar de lleno en la fotografía, lo llevó a aceptar rápidamente la oportunidad de trabajar como fotoperiodista del entonces nuevo periódico de la Universidad de Puerto Rico, el mensuario Diálogo.

“Diálogo significó muchísimo, porque definió mi carrera. Pude dedicarme a la fotografía, integrarme a un equipo de trabajo, con una visión común, desarrollando un periodismo de altura, comprometido, de mucha calidad. Pude desarrollarme como fotógrafo a plenitud”, comentó.

Dura adaptación

Como hijo de un militar activo, él y sus hermanos crecieron viajando entre bases, en distintos países. Natural de San Juan, a los seis meses de nacido se trasladó con su familia a la capital francesa, donde estuvieron tres años. Regresaron a Puerto Rico y, luego, se fueron a Panamá.

En 1964, Alcaraz llegó a Nueva York, cuando la Beatlemanía se apoderaba de la ciudad. “Recuerdo la primera canción que escuché de ellos, Please Please Me. Esa canción siempre me lleva a Nueva York”, rememoró.

En 1967, cuando su papá se retiró del ejército, regresaron a Puerto Rico para quedarse. Con 11 años, comenzando estudios en una escuela nueva y sin saber español, en plena preadolescencia, pasó por un proceso de adaptación difícil.

“Culturalmente, yo venía bien gringo y rockero. Tardé par de años en encajar. En el 1971, compré mi primer disco de salsa; dos simultáneos, uno de Cheo Feliciano, Anacaona; y El Juicio, de Héctor Lavoe y Willie Colón. Cuando compré esos discos fue cuando realmente acepté mi país, mi música y todo. Hubo una transición y ese momento [que] para mí fue importante”, contó.

Estar jubilado no significa estar retirado

Ese es el lema por el que se rige Ricardo Alcaraz Díaz, quien, por 31 años fue fotoperiodista de Diálogo, desde su creación en el 1986. Sin embargo, no se retira de su profesión, la cual ejerce aún en su carácter personal.

“Me gusta la incertidumbre de no controlar lo que está pasando, sino yo responder a lo que está pasando y hacerlo bien. Eso exige unas cosas muy particulares en un fotógrafo. Yo no puedo pedirle a alguien que haga algo de nuevo. Es un reto para mí”, dijo.

El trabajo de un fotoperiodista, más allá de reportar visualmente la noticia del momento, crea un documento histórico. Es por esto que no es extraño verle, cámara en mano, en un teatro o en alguna manifestación en la calle, documentando los eventos más importantes y el quehacer cultural del país, como amante de las artes escénicas que es.

A su vez, dedica buena parte de su tiempo a la digitalización de sus negativos e impresiones. Tiene como proyecto levantar un archivo digital de sus casi cinco décadas de trabajo fotográfico, y la posibilidad de publicar un libro con algunas de esas fotos.

Como prueba de su jubilación sin retiro, este mes Alcaraz tuvo su exposición fotográfica, llamada Intemperie, en la galería Km 0.2, en Santurce. Esta fue una muestra de distintas personalidades y eventos históricos que se suscitaron en el país entre las décadas del 1980 y 1990, así como algunas de las impresiones que sufrieron daños de agua y humedad a causa de una inusual inundación que tuvo en su casa el año pasado. El desperfecto en las fotos les dio un carácter artístico, transformándolas de un documento histórico a una pieza de arte única.

Con poco menos de cincuenta años dedicados al fotoperiodismo, Ricardo Alcaraz Díaz es un hombre sencillo, de fuertes convicciones, medio tímido, afectuoso y amistoso. “Soy firme creyente en la amistad como elemento esencial de la vida. Eso mantiene a uno más joven. Me gusta visitar gente y que me visiten”.

Aportarle al país, mientras hace lo que le apasiona, y poder compartir con los amigos que ha hecho a lo largo de su vida son las claves de su vitalidad y los elementos que nutren su espíritu.

“Jubilado, técnicamente, pero no retirado, ni de lo que me gusta hacer, ni de mi trabajo, ni de la vida. No estoy retirado de seguir activo y hacer cosas. De eso, nunca”, sentenció Ricardo Alcaraz.

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