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María Esther López supo que tenía cáncer de seno a los 55 años, justo un mes antes de iniciar su retiro tras 30 años trabajando como maestra en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Había acudido con una amiga a una cita de seguimiento con su ginecóloga. Su amiga pasó a la oficina con ella y escucharon juntas las palabras que confirmaron el diagnóstico.

“Cuando yo escuché la frase 'tienes cáncer', ya no escuché más nada. Solo sentí la mano de mi amiga que apretó la mía y, de momento, solo veía a mi doctora hablando, pero no la escuchaba”, relata la mujer, residente en Gurabo.

De ese día, recuerda haber llegado a su casa en estado de shock, y fue ver la foto familiar que tenía colgada en la sala lo que la devolvió a la realidad. Pensó en sus hijos y se preguntó si estaría presente en su graduación y en los momentos importantes que les quedaban por vivir. Ella quería estar ahí. Lo próximo fueron las preocupaciones económicas. “Yo, una maestra retirada, con dos hijos universitarios, ¿cómo iba a sobrellevar esto? Sentí que era una carga muy pesada”.

El desánimo se apoderó de María Esther. Dejó de lado todos los proyectos que había planificado emprender al inicio de su vida como jubilada: las clases de jardinería, la construcción de una terraza y un crucero que había separado para celebrar su cumpleaños. Además, aunque le faltaban pocas semanas para dejar la escuela, se ausentó como nunca antes.

“Me sentía tan mal que no quería salir de casa, ni hambre me daba. Era como una avalancha de pensamientos negativos que no podía controlar”, cuenta María Esther.

Muchas de las señales que presentó María Esther son típicas en personas que enfrentan una depresión o ansiedad como consecuencia del diagnóstico de una enfermedad crónica como cáncer, diabetes, epilepsia, esclerosis múltiple, derrame cerebral, alzhéimer, VIH, sida, párkinson, lupus o artritis reumatoide.

Y es que las enfermedades crónicas traen consigo ajustes dramáticos en la cotidianidad de las personas, incluyendo los patrones alimenticios, la vida familiar y social, y las finanzas.

Vital la salud mental en el manejo de las enfermedades crónicas

De acuerdo con la directora de Enfermería del Hospital Panamericano, Jennifer Torres, la nueva realidad puede generar sentimientos de tristeza, ansiedad y desesperación que en parte son el resultado de verse enfrentados a un escenario desconocido. Pero cuando esos sentimientos escalan y afectan la salud mental, es necesario tomar acción.

Investigaciones médicas apuntan a que las personas con depresión y otras condiciones de salud mental tienden a presentar síntomas más graves de ambas enfermedades. También, podrían tener más dificultad para adaptarse a sus enfermedades concurrentes e incurrir en costos médicos más altos que aquellos pacientes sin depresión.

“Hay que estar pendiente de señales como la irritabilidad, los pensamientos catastróficos o negativos como: 'Yo no voy a poder salir de esto', 'Creo que me voy a morir' o 'No tengo apoyo'”, señala la especialista.

En estas circunstancias, el primer paso a tomar es identificar redes de apoyo, que pueden ser familiares o amistades. “Estas son las personas que me van a acompañar y que van a estar alerta ante los síntomas de depresión y ansiedad que quizás, yo como paciente, no puedo identificar”, resalta Torres.

Los grupos de pares o personas que enfrentan o han enfrentado diagnósticos similares pueden ser de mucha ayuda.

Otra recomendación es que, según la condición lo permita, el paciente se involucre en actividades recreativas. Además, debe procurar la ayuda de un profesional de la salud mental para atención psicológica, farmacoterapia o tratamiento psiquiátrico.

La directora de Servicios Clínicos del Hospital Panamericano, Carmen Jiménez, señala que para pacientes que enfrentan depresión y ansiedad, se recomienda la terapia individual cognitiva conductual. “Es un tratamiento psicoterapéutico que ayuda a los pacientes a comprender los pensamientos y sentimientos que influyen en su comportamiento”, explica.

Este modelo también es utilizado en intervenciones grupales. “En ambos casos, se centra en ayudar a los clientes a hacer frente a un problema muy específico y a que logren un nivel alto de apoderamiento para el manejo de su condición”, destaca Jiménez.

El Hospital Panamericano ofrece un sistema integrado de salud mental, que cuenta con tres unidades hospitalarias en Cidra, Ponce y San Juan, así como siete unidades ambulatorias en toda la isla.

María Esther es ahora una mujer felizmente jubilada y carga orgullosa el título de sobreviviente de cáncer. Reconoce que la ayuda que recibió para trabajar su salud mental al tiempo que recibía tratamiento contra el cáncer fue clave para su recuperación.

“Se me hizo difícil darme cuenta de que necesitaba ayuda, pero al recibir tratamiento, sobre todo el apoyo grupal, supe que yo no era la única y que podía salir adelante. Tomó su tiempo, pero me curé del cáncer y de la tristeza horrible que tenía. Y, ¿sabes qué? ¡Me monté en el crucero y fui a la graduación de los dos muchachos míos!”.


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Este contenido comercial fue redactado y/o producido por el equipo de GFR Media BrandShare para Hospital Panamericano.