Suministrada
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Si no has visto, ni comido, una alcapurria de 29 pulgadas sentado en una hamaca frente al mar, tienes que ir al restaurante La Casa de los Pastelillos en la carretera PR-7710 en Guayama y pedir una Boa Puertorriqueña.

Este local, además de tener deliciosas frituras, ofrece un 20% de descuento a los clientes que los visiten los lunes y miércoles y paguen con su tarjeta Visa (más restaurantes en visa.com/sal).

Un cambio radical

Pierre Beliard, propietario de La Casa de los Pastelillos, era ingeniero químico. Luego de trabajar 18 años en la industria farmacéutica, se dio cuenta de que era momento de darle un giro a su vida.

“Quería dedicarme a hacer otra cosa. Por eso decidí comprar el restaurante”, contó Beliard. Este empresario lleva 14 años administrando el local. En ese tiempo, se ha encargado de añadir productos nuevos al menú constantemente.

Unos 35 sabores distintos de pastelillos –que miden 12 pulgadas– son la mejor evidencia de lo anterior. Aquí los clientes pueden devorar pastelillos de cocodrilo, langosta, churrasco, pollo con queso mozzarella, pollo con tocineta y salsa ranch, y queso y brócoli, entre otros.

Después de los pastelillos, al menú llegaron las alcapurrias de 12 pulgadas. Más adelante, decidieron agrandarlas. Hoy son 29 pulgadas de puro sabor. Pueden salir de pollo, carne, jueyes o cerdo.

Para los que buscan un plato criollo, el restaurante prepara mofongos rellenos de mariscos, pechuga a la plancha, carne frita, churrasco, arroz mamposteao, tostones, paella y ensaladas.

Más delicias boricuas

La lista de atractivos de este restaurante no termina. Los clientes no se pueden ir sin probar la sangría de la casa.

“La acogida fue tan buena que de ahí surgió la sangría Mi Sueño, que ha participado en varias competencias y nos hemos ganado varios premios”, compartió el propietario.

En La Casa de los Pastelillos la extensa lista de sabores no se limita a los pastelillos. También hay 14 sabores de flanes preparados diariamente. Algunos de ellos son queso, flancocho, brownie, guineo, café y chocolate, entre otros.

A estas maravillas, se suma la vista al mar y las hamacas en las que los clientes se pueden sentar mientras esperan su comida.

“En una semana nos visitan como 150 personas. Nosotros estamos preparados para recibir grupos pequeños y grandes. Siempre les aconsejamos a los clientes que los fines de semana lleguen temprano para que no tengan que hacer mucha fila”, sostuvo Beliard.

Definitivamente, este local –que abre todos los días desde las 11:00 a.m.– es la parada obligada en un día de “chinchorreo” en familia o con amigos. 

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