Los machos de coquí común permanecen encima de los huevos un 97% del tiempo y, durante la noche un 76%.  Así, protegen las camadas de depredadores y brindan la humedad necesaria para el desarrollo de los embriones.
Los machos de coquí común permanecen encima de los huevos un 97% del tiempo y, durante la noche un 76%. Así, protegen las camadas de depredadores y brindan la humedad necesaria para el desarrollo de los embriones. (Suministrada)

Seis de las 17 especies de coquíes que se encuentran en Puerto Rico presentan cuidado parental que es realizado exclusivamente por los machos, lo que significa que son ellos quienes custodian y defienden las camadas de huevos y a los recién nacidos durante sus primeros días.

Rafael L. Joglar, fundador del Proyecto Coquí y biólogo catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, indicó que este comportamiento es de gran beneficio para las especies, asegurando el desarrollo óptimo de los embriones y un mayor nacimiento de crías.

“El objetivo del cuido parental tiene que ver con dos factores principales: evitar que los huevos se deshidraten y la defensa de depredadores”, dijo Joglar.

Una vez ponen sus huevos, las hembras abandonan las camadas y es entonces cuando los machos se hacen cargo de ellas. En el coquí guajón (Eleutherodactylus cooki), por ejemplo, se han documentado individuos con cuatro camadas de diferentes hembras.

En el coquí común (Eleutherodactylus coquí), el período de nacimiento de las crías puede tomar de 17 a 26 días. Durante este tiempo, los machos se posan sobre los huevos para que haya transferencia de agua, evitando que se deshidraten y pierdan su consistencia gelatinosa.

Al igual que en otros animales, los huevos de los coquíes son ricos en nutrientes, y gran cantidad de depredadores se pueden alimentar de ellos. Para evitarlo, los padres emiten llamadas agresivas, con el fin de ahuyentar a posibles coquíes caníbales u otras especies que intenten consumir sus huevos. Si el adversario persiste, los padres no dudarán en obstruir el paso, forcejear e, inclusive, entrar en batallas con tal de proteger las camadas. Las agresiones pueden incluir mordeduras cortas o prolongadas.

Según Joglar, la labor de padre de los coquíes es de tiempo completo. “El porcentaje del día que están los machos encima de los huevos es de un 97% del día y, durante la noche, es el 76%”, indicó el catedrático.

Investigaciones realizadas por el científico estadounidense Daniel S. Townsend, con coquíes comunes, evidenciaron que camadas que son cuidadas por machos tendrán una probabilidad de 75% de desarrollo embrionario. En el caso de los que están desprovistos de este cuidado, el éxito disminuye a 25%.

Los coquíes son ranas de desarrollo directo y, por ende, no atraviesan por una fase de larva acuática. Una vez nacen las diminutas ranas, los machos permanecen con ellas por alrededor de cinco días dispuestos a transferir humedad y pendientes de los depredadores. Los padres custodian a los recién nacidos por un 90% del día y un 45% de la noche.

Joglar indicó que el cuidado parental pudiera estar presente en más especies nativas del género Eleutherodactylus. Para corroborarlo, sería necesario el desarrollo de nuevas investigaciones y observaciones de campo, que requieren mucho esfuerzo y gran cantidad de recursos.

También, fue enfático en que es probable que no se conozca mucho más de tres de las 11 especies en las que no se ha documentado cuidado parental realizado por machos, porque posiblemente ya están extintas. Algunas, como el coquí dorado (Eleutherodactylus jasperi), tuvieron poco tiempo ante los ojos y oídos de los científicos. El coquí dorado fue descubierto en 1975 y visto por última vez, en 1981. En ese lapso, se logró determinar que las hembras no ponían huevos, sino que los retenían en su interior hasta que los embriones completaban su desarrollo y luego parían sus crías vivas. El coquí dorado era la única rana descrita en el hemisferio occidental con esa adaptación.

Las seis especies en las que se ha observado, documentado o investigado el cuidado parental por parte de los machos son el coquí común, coquí guajón, coquí de montaña (Eleutherodactylus portoricensis), coquí melodioso (Eleutherodactylus wightmanae), coquí de Hedrick (Eleutherodactylus hedricki) y coquí de duende (Elutherodactylus unicolor).

Se tiene documentación de dicho comportamiento en el coquí caoba (Eleuterodactylus richmondi), pero no se ha podido determinar cuál de los padres lo realiza.

De estas especies, solamente las poblaciones de coquí común se encuentran estables y las restantes poseen alguna protección por pérdida de hábitat, calentamiento global, patógenos e introducción de especies invasoras, entre otras amenazas.

Perder a estos anfibios puede traer consecuencias en los ecosistemas, alterando las cadenas alimentarias. Los coquíes consumen una gran cantidad de insectos, ayudando en el control de plagas y enfermedades. Además, su extinción privaría de conocer información de la historia natural de los anfibios en el Caribe y el mundo.

El autor es candidato doctoral en Biología y becario de la American Association for the Advancement of Science en El Nuevo Día.

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