La 21 edición del programa Donativos Ambientales Ford reconoció este año dos proyectos comunitarios que promueven la seguridad alimentaria y otros que impulsan la conservación y recuperación de la biodiversidad.
La 21 edición del programa Donativos Ambientales Ford reconoció este año dos proyectos comunitarios que promueven la seguridad alimentaria y otros que impulsan la conservación y recuperación de la biodiversidad. (Suministrada)

La 21 edición del programa Donativos Ambientales Ford reconoció este año a dos proyectos comunitarios que promueven la seguridad alimentaria y otros dos que impulsan la conservación y recuperación de la biodiversidad, para un total de $40,000 distribuidos entre las cuatro iniciativas.

Los proyectos galardonados fueron Las Mujeres Sembramos, de Coordinadora Paz para las Mujeres; Huerto Riachuelo, de la Cooperativa de Trabajo Cabachuelas; Raíces Urbanas, de Caras con Causa; y Rehabilitación comunitaria de los arrecifes urbanos de San Juan, de la Sociedad Ambiente Marino, precisó Vivian T. Dávila, gerente de Asuntos Públicos y Comunicaciones para Ford en Centroamérica y el Caribe.

Dávila indicó que, como en ediciones anteriores, el programa se enfocó en iniciativas “que demuestran explícitamente que cumplen” con alguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), promulgados, en 2015, por Naciones Unidas. Los ODS son guías generales que trazan un plan de acción hasta 2030, y sus áreas van desde pobreza, hambre, salud y educación hasta agua y energía limpias, consumo responsable, vida submarina y terrestre, igualdad de género y paz.

“Enfatizamos esto en los últimos años y seguimos cada vez fortaleciéndolo, porque los mismos proyectos nos demostraron no solo que estaban ayudando al ambiente, sino que estaban contribuyendo al desarrollo social y económico. Estos cuatro proyectos cumplen no solo con ayudar al ambiente, sino con empoderar a las comunidades”, dijo.

Como parte del proceso de selección, las organizaciones sometieron propuestas precisando la distribución del dinero y cómo le ayudaría a lograr las metas de sus proyectos. Dentro de seis meses, tendrán que presentar un primer informe de progreso, especificando en qué han usado los fondos y qué logros y retos han tenido. Al cabo de un año, deberán someter un informe final, en el que indiquen cuántas personas impactaron y cómo lo lograron.

“Tenemos un equipo de consultoría ambiental y autogestión, que ha estado con nosotros desarrollando la plataforma del programa todos los años y da acompañamiento. Este equipo está con ellos (ganadores) desde el principio para ayudarlos a lograr sus objetivos y ajustar planes, de ser necesario, para que las comunidades puedan beneficiarse de las estrategias que ya están realizando”, expresó Dávila, tras señalar que Donativos Ambientales Ford solo reconoce proyectos “que ya están en ejecución, aunque sea de manera piloto”, de manera que acompañen su solicitud con “algunos resultados”.

En total, este año se recibieron 31 propuestas, que fueron evaluadas en cuatro categorías: seguridad alimentaria, conservación y recuperación de la biodiversidad, gestión de residuos y energía renovable.

El jurado estuvo compuesto por Yogani Govender, decana de Ciencias y Tecnología del Laboratorio de Estudios Climáticos y Ecológicos de la Universidad Interamericana de Puerto Rico Recinto Metropolitano; Jorge Bauzá, director científico del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan; Glorimar Toledo, coordinadora de Proyectos de Conservación y Biodiversidad de Para la Naturaleza; Perla Sofía Curbelo, fundadora y directora de Agrochic; y Ruz Deliz, gerente ambiental de Horne Puerto Rico.

Adjuntas - Ampliarán huerto comunitario

Con los fondos de Donativos Ambientales Ford, la organización Coordinadora Paz para las Mujeres se propone ampliar su proyecto Las Mujeres Sembramos, un huerto comunitario de hortalizas que fomenta la sostenibilidad alimentaria entre sobrevivientes de violencia de género.

El huerto ubica en el Centro Paz para Ti, en el barrio Yahuecas de Adjuntas, y se cultiva tomate, habichuelas, cilantrillo, berenjena, ají dulce, recao, maíz y batata, entre otros alimentos de la canasta básica.

“Uno de los factores que vulnerabiliza a las mujeres en situaciones de violencia de género, sobre todo en el área rural, es la dependencia económica. Dentro de eso, una de las maneras de generar independencia es contar con alimentos sanos, seguros y disponibles para la familia. El Centro se crea con la intención de acompañar a las mujeres participantes en el proceso de aprender a generar sus propios alimentos y, a la vez, crear y construir confianza en sí mismas”, dijo Alana Feldman, administradora del lugar.

Indicó que utilizarán parte de los $10,000 para adquirir “los insumos que siempre son necesarios dentro de un huerto”, como plántulas y herramientas de siembra. No obstante, “el uso principal” que darán a los fondos será “expandir y fortalecer” el trabajo voluntario.

“Lo que queremos es incentivar a las voluntarias para que ellas puedan reclutar a otras voluntarias y que ellas sean quienes repliquen los adiestramientos y aprendizajes que han tenido en el huerto, para que podamos expandir el mensaje y traer nuevas personas”, expuso Feldman.

El proyecto compitió bajo la categoría de seguridad alimentaria.

Suministrada
(Suministrada)

Cataño y Guaynabo - Más escuelas tendrán viveros

Desde espacios escolares, la organización Caras con Causa lidera el proyecto de reforestación “Raíces Urbanas”, que aumentará su impacto, de dos a cinco planteles, gracias a los $10,000 de Donativos Ambientales Ford.

El fundador y director ejecutivo de la entidad, Michael Fernández, explicó que, a través de la iniciativa, se construyen viveros y jardines de polinizadores con especies nativas y endémicas. Caras con Causa se concentra en las áreas de Cataño y Guaynabo norte, “reconociendo su pasado ecológico”, dijo.

“Trabajábamos de cerca con (la organización) Corredor del Yaguazo, pero en la pandemia (de COVID-19) todo cambió. Enfocábamos muchos de nuestros esfuerzos en la Reserva (Natural de la Ciénaga las Cucharillas), que irónicamente cerró durante la pandemia. Eso nos llevó a repensar el proyecto y continuar la siembra en las comunidades, pero desde los espacios escolares”, contó Fernández.

Caras con Causa inició su proyecto en dos escuelas y, con el donativo, lo extenderá a otras tres, llegando a 500 estudiantes en total. Aprenderán desde cómo colectar semillas y germinarlas hasta cómo trasplantarlas a tiestos y luego sembrarlas.

Algodoncillo, carrasquillo, margarita, mangle, palma real, higüera, molinillo y achiote son algunas de las especies que se sembrarán, cuyas semillas se comprarán con los fondos, al igual que otras herramientas.

Los viveros –existentes y por construirse– incluyen áreas de trabajo para los estudiantes, que pueden utilizarse como “aulas verdes”, puntualizó.

El proyecto compitió bajo la categoría de conservación y recuperación de la biodiversidad.

Suministrada
(Suministrada)

San Juan - Al rescate de los corales

A su largo historial de restauración ecológica en las costas, la organización Sociedad Ambiente Marino (SAM) añade un novel proyecto de repoblamiento en el arrecife de La Ocho, en la playa El Escambrón en San Juan, con colonias de coral cuerno de alce, que se perdieron por el impacto de la tormenta tropical Isaías en 2020.

Edwin A. Hernández, científico sénior de la SAM, explicó que, con el dinero de Donativos Ambientales Ford, podrán mover 500 fragmentos de cuerno de alce (Acropora palmata) de la playa de Vega Baja, donde la población es saludable, al arrecife de La Ocho y “rehabilitar el crecimiento coralino”.

“Estableceríamos una población inicial que, de forma natural, continuaría propagándose. La idea es usar los arrecifes de Vega Baja, que son bien fuertes, como fuente de propágulas”, dijo, al destacar que el grupo Vegabajeños Impulsando Desarrollo Ambiental Sustentable (VIDAS) es parte de la iniciativa.

“Ya tenemos el permiso, y lo hemos tenido por muchos años, del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (para mover los fragmentos). El plan es iniciar ahora, entre noviembre y diciembre, cuando las condiciones en el mar estén apropiadas, porque si lo dejamos para después, puede ser un poco más duro”, indicó.

Señaló que “esta es la mejor época” para ejecutar el proyecto, porque la temperatura del agua es más baja, lo que “reduce el estrés” para los corales y aumenta las probabilidades de supervivencia.

Los fondos también se utilizarán para adiestrar personas, “porque el proyecto fomenta el rol del ciudadano científico”, y desarrollar un proceso de monitoreo, por tratarse de una especie en peligro de extinción protegida por leyes federales.

“Era justo y necesario que esto se desarrollara en San Juan, donde la calidad del agua es cuestionable, y por eso es que es a escala piloto. Pero esperamos tener éxito y conseguir más fuentes de financiamiento para expandir la iniciativa”, aseveró Hernández.

El proyecto compitió bajo la categoría de conservación y recuperación de la biodiversidad.

Suministrada
(Suministrada)

Morovis - De vertedero a lugar de siembra

Huerto Riachuelo es el segundo proyecto de la Cooperativa de Trabajo Cabachuelas, en Morovis, que es reconocido por el programa Donativos Ambientales Ford.

José M. Santos, presidente de la Cooperativa, indicó que, en esta ocasión, se trata de una iniciativa para rescatar un espacio que era utilizado como vertedero clandestino y convertirlo en un huerto comunitario, en el barrio Barahona, impactando a 5,000 personas.

Al momento, el terreno ya fue limpiado –en alianza con la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras– y “se hicieron cosas iniciales, como siembra de flores”, para facilitar la polinización. Pero el paso del huracán Fiona, el 18 de septiembre, “nos afectó”, dijo Santos.

“La intención con el donativo es completar el rescate del espacio instalando el huerto comunitario y que permita aumentar la seguridad alimentaria en la comunidad. El donativo nos permitirá comprar los materiales, insumos agrícolas y demás para instalar el huerto”, sostuvo, al detallar que estarían sembrado tomate, ajíes, pimientos y recao, entre otros “vegetales de mesa” identificados por la propia comunidad en un censo en 2019.

A mediano y largo plazo, la meta es establecer una alianza o colaboración con una escuela intermedia aledaña, en la que se producirían las semillas y plántulas del huerto, como parte de su programa agrícola. También, al masificar la producción, la comunidad podría venderles a supermercados y generar ingresos.

“Nuestro ‘timeline’ (calendario) original era tener el huerto instalado en diciembre, pero hay que ver si tras Fiona eso es posible. Como tarde, lo tendríamos a mediados de enero, y eso incluye también un proceso de capacitación”, destacó.

El proyecto compitió bajo la categoría de seguridad alimentaria.

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