Aunque el estudio enfatizó en la amenaza sísmica para los municipios del suroeste afectados por los temblores de 2019 y 2020, también abordó otras condiciones, como deslizamientos, inundaciones y tsunamis. Arriba, una estructura colapsada tras el sismo de 6.4 del 7 de enero de 2020, en Guánica.
Aunque el estudio enfatizó en la amenaza sísmica para los municipios del suroeste afectados por los temblores de 2019 y 2020, también abordó otras condiciones, como deslizamientos, inundaciones y tsunamis. Arriba, una estructura colapsada tras el sismo de 6.4 del 7 de enero de 2020, en Guánica. (Jorge Muñiz)

Los residentes de los 11 municipios del suroeste de la isla más afectados por la secuencia sísmica iniciada en diciembre de 2019 –y que continúa– tienen a su disposición una nueva herramienta sobre las amenazas naturales a las que se exponen y los niveles de riesgo, con la que podrán tomar decisiones informadas para aumentar la resiliencia humana y de la infraestructura.

Se trata de un conjunto de mapas, a escala detallada y alta resolución, que muestran siete tipos de condiciones: terremotos, deslizamientos, neotectónica (movimientos y deformaciones de la corteza terrestre), licuefacción, inundaciones y flujo de sedimentos, tsunamis y ascenso del nivel del mar. La información se ofrece por barrios, con las áreas de alto, mediano y bajo riesgo por amenaza.

La herramienta es producto de una investigación colaborativa entre el Programa de Desastres de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, en inglés) y la organización sin fines de lucro Para la Naturaleza, utilizando la metodología SalveTerra, una firma de consultoría ambiental con sede en Costa Rica.

Representantes de las tres entidades ya empezaron a compartir los resultados del estudio con las comunidades, a fin de que tomen decisiones que reduzcan su vulnerabilidad a las amenazas y, por el contrario, aumenten su resiliencia o capacidad de respuesta. Adjuntas, Guánica, Guayanilla, Jayuya, Lajas, Sabana Grande, San Germán, Peñuelas, Ponce, Utuado y Yauco comprendieron la muestra.

“La información que se presenta es muy útil, porque ayuda a mirar con detalles más precisos cuáles son los niveles de riesgo para diferentes amenazas. Eso, a su vez, ayuda a identificar mejor la vulnerabilidad de las comunidades y a tomar mejores decisiones. Lo que esperamos, entonces, es que el estudio lleve al desarrollo de mejores planes para aumentar la resiliencia”, expresó la gerente de la Unidad de Ciencia, Educación y Voluntarios de Para la Naturaleza, Elizabeth Padilla.

“Después de la secuencia sísmica, quedó una pregunta en el aire: ¿qué tan complejo puede ser un escenario de desastre en esta zona? Un evento –como un terremoto– no crea por sí solo ese escenario, así que era importante hacer un estudio de las múltiples amenazas del territorio”, dijo, por su parte, Ricardo Quiroga, coordinador para Latinoamérica y el Caribe del Programa de Desastres de la NASA.

El estudio comenzó en noviembre de 2020 y se extendió hasta octubre pasado. Con la metodología SalveTerra, se analizaron 36 variables mediante imágenes satelitales y datos de campo y socioeconómicos (nuevos y existentes). El análisis abordó aspectos estructurales, pendientes y fallas, así como la influencia de los ecosistemas y los usos de suelo, entre otros. El doctor Allan Astorga, de la Escuela Centroamericana de Geología de la Universidad de Costa Rica, lideró esta parte.

En términos de hallazgos, el estudio concluyó que la zona muestreada es “multirriesgo”, y que entre el 60% y 70% de las estructuras están en condiciones de alto a muy alto riesgo frente a amenazas naturales y efectos del cambio climático. Entre esas amenazas, las principales son los terremotos y deslizamientos. Estos últimos “pueden ser detonados” por eventos climáticos, como lluvias persistentes y ciclones tropicales, eventos sísmicos o una combinación de ambos.

“Esto no necesariamente es nuevo, pero lo que sí es importante es que las personas pueden identificar en los mapas dónde están ubicados respecto a estas amenazas y los niveles de riesgo. Eso da una línea base de conocimiento para el ordenamiento territorial”, afirmó Quiroga.

Agregó que los resultados también son de utilidad “en el tema de los seguros”, pues ofrecen un panorama más específico tanto a propietarios como a aseguradoras. “Eso es parte fundamental de la resiliencia”, dijo, y resaltó como “otra aplicación” del estudio “tener más claridad” sobre dónde invertir y dónde ubicarse para que los desarrollos “sobrevivan con el tiempo”.

Padilla coincidió en que los datos “ayudarán al ordenamiento territorial”, dándoles mejores usos a los espacios. Igualmente, indicó, permitirán incluir soluciones basadas en la naturaleza como estrategia para disminuir los riesgos.

“El uso más importante es que estamos empoderando a las comunidades a través de la información”, manifestó Quiroga.

Los mapas y el informe del estudio están en paralanaturaleza.org/nasa.html. Los próximos pasos incluyen presentarles los hallazgos a las agencias federales y estatales concernidas, e iniciar una segunda fase para calcular la vulnerabilidad comunitaria. A largo plazo, la meta es extender la investigación a los 78 pueblos.

💬Ver comentarios