El robo de corales puede ser procesado criminalmente en el ámbito federal. (GFR Media)

Personas inescrupulosas estarían aprovechándose del “lockdown” o cierre de emergencia por el COVID-19 para robar corales y sus organismos asociados en la costa de Vega Baja, alertó hoy, miércoles, el investigador de arrecifes independiente Ricardo Laureano.

Se trata de una práctica ilegal en la isla, que puede, incluso, ser procesada criminalmente en el ámbito federal si las especies robadas están en peligro de extinción y protegidas por el gobierno estadounidense.

En esta zona siembre ha habido robo (de corales). Si nosotros no estamos trabajando, nadie custodia la zona. El Departamento (de Recursos Naturales y Ambientales, DRNA) tiene personal y con muy buenas intenciones, pero son bien pocos y dan la vuelta, pero cuando pueden”, dijo Laureano, quien también es portavoz del grupo Vegabajeños Impulsando Desarrollo Ambiental Sustentable (Vidas).

Contó que, en las pasadas semanas, él y otros voluntarios de Vidas han observado personas en embarcaciones sobre el arrecife, en el que habitan especies como el coral cuerno de alce (Acropora palmata), coral cuerno de ciervo (Acropora cervicornis) y coral híbrido Acropora prolifera.

Los presuntos ladrones llegan al área entre 6:00 y 7:00 a.m., es decir, poco después de quedar sin efecto el toque de queda impuesto por la gobernadora Wanda Vázquez. No obstante, por disposición ejecutiva, las visitas a las playas y demás áreas naturales están prohibidas hasta nuevo aviso.

Precisamente, por esa disposición del “lockdown” es que Laureano y su equipo no han podido sumergirse en el arrecife y constatar los robos, pero temen lo peor.

“No hemos podido entrar al agua. El último día que estuvimos en el arrecife fue el 14 de marzo (el día antes de que la gobernadora anunciara el cierre de emergencia)”, indicó Laureano.

“Los vigilantes (del DRNA) se dan la vuelta, pero llegan como a las 9:00 de la mañana, más o menos, cuando ya esa gente se ha marchado. Los vigilantes más cercanos están en Arecibo, así que tienen que llegar hasta allá y coger el vehículo que sea, terrestre o acuático, para patrullar. Cuando llegan, la gente que se tumba los corales ya no está”, agregó, al resaltar que, en el pasado, voluntarios de Vidas han intervenido con ladrones.

Quienes irrumpen en un arrecife para robar se llevan de todo, desde pedazos del coral hasta peces, erizos, caracoles, anémonas y estrellas de mar. Hay personas que improvisan acuarios en sus casas con los organismos, mientras que otras los venden en el mercado subterráneo dentro y fuera de la isla, indicó, por su parte, el biólogo marino Edwin Hernández, quien es profesor e investigador en el Departamento de Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

Dispensa y protocolo

Al momento, Laureano trabaja en la redacción de un “borrador de dispensa” y un “borrador de protocolo”, que permitirían que él y su equipo entren al arrecife durante la emergencia del COVID-19 y constaten los robos, así como posibles daños al ecosistema.

Su intención es entregarle ambos documentos a la agencia, como tarde, la próxima semana.

Los documentos que estoy trabajando pueden funcionar como patrón para que otros grupos que hacen trabajo arrecifal los adapten, según las características de sus áreas de trabajo. Es por ello que ha habido demora en presentárselos al Departamento, porque he estado esperando el insumo de otros compañeros”, relató.

El portavoz del DRNA, Joel Seijo, indicó que –por el momento– el Cuerpo de Vigilantes “no tiene información” sobre robo de corales en Vega Baja durante la emergencia del COVID-19. No obstante, coincidió con Laureano al señalar que se trata de un “asunto latente” en esa y otras costas de Puerto Rico.

“Reconocemos el trabajo del grupo Vidas y los exhortamos a que se pongan de acuerdo con el Departamento para darles un permiso especial y que puedan hacer una entrada al agua”, dijo Seijo.

En el pasado, el DRNA ha advertido que la extracción de corales puede, en cuestión de minutos, destrozar un ecosistema que demora cientos de años en desarrollarse. Los ladrones arrancan el coral a martillazos o con un cincel pensado que es un pedazo de roca, pero en realidad es un organismo vivo.

En virtud de la Ley 147-1999, el DRNA puede imponer multas administrativas por extraer, remover, mutilar, destruir o dañar cualquier coral, arrecife de coral o comunidad coralina, sistema marino asociado o parte de estos. Las multas no serán menores de $500, ni mayores de $10,000. El Cuerpo de Vigilantes de la agencia es el encargado de intervenir quienes violen las disposiciones de la Ley 147-1999.

“El traqueteo del mercado subterráneo va a seguir con o sin toque de queda. Pero ahora que estamos todos encerrados es el mejor momento para ellos (ladrones). Necesitamos la dispensa”, puntualizó Laureano.

Cualquier persona que tenga información sobre robo de corales puede llamar al (787) 230-5550 o (787) 724-5700.


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