Las doctoras Wei Huang y Grizelle González trabajando en el área de investigación de Guayama, que es manejada por el Instituto Internacional de Dasonomía Tropical del Servicio Forestal federal. (Suministrada)

Los fuegos forestales impactan la cantidad y distribución de plantas y animales en un bosque y hasta en su evolución. En el caso de los animales, aquellos que sobreviven, pasan su genética a las futuras generaciones. En el caso de las plantas, aquellas más resistentes al fuego o más rápidas para colonizar el terreno quemado serán las que dominen.

Los bosques tropicales húmedos, como los muchos que existen en Puerto Rico, no se prenden fácilmente en fuego con algún relámpago realengo. Dadas sus características físicas, sí son más susceptibles al fuego luego de una larga sequía o de un huracán que deje regadas un montón de ramas y hojas secas. El efecto del ser humano tampoco se puede descartar a la hora de asignar causas a un fuego forestal.

¿Será posible identificar aquellos que ocurrieron hace 500 o 5,000 años? Aunque parezca mentira, la respuesta es que sí se pueden identificar. Ese el tema de un interesantísimo artículo publicado, en abril, en la revista arbitrada “Fire Ecology”.

Una de las autoras del artículo es la científica Grizelle González, ecóloga del Instituto Internacional de Dasonomía Tropical del Servicio Forestal de Estados Unidos y profesora asociada de los departamentos de Biología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Sus coautores son la Wei Huang, Xianbin Liu y Xiaoming Zou, del Departamento de Ciencias Ambientales.

¿Cuál es el truco?

El truco para identificar cuándo ocurrieron los fuegos forestales milenarios está en examinar los restos carbonizados de árboles usando elementos radiactivos, como el carbono 14. Todos los organismos estamos hechos de tres variedades del elemento carbono, llamados carbono 12, carbono 13 y carbono 14. Mientras un árbol está vivo, la proporción de estos se mantiene igual.

Pero, luego de que el árbol se quema, poco a poco el carbono 14 va disminuyendo en los restos carbonizados. Como ya los científicos saben el ritmo al que el carbono 14 disminuye, es posible estimar en qué año se quemó el árbol.

Para conseguir los restos carbonizados y hacerles las pruebas, la doctora González -natural de Luquillo- y sus colegas identificaron áreas de bosque en Ceiba y Fajardo, en el noreste, y en Guayama, en el sureste de la isla. Luego de excavar varios pies de profundidad, toda esa tierra se cierne hasta encontrar los restos carbonizados que se van a analizar. Los resultados del análisis entran en un modelo estadístico computadorizado que es interpretado por los científicos.

Se estimó que, entre los siglos XIV y XX, en la zona noreste hubo entre 19 y 21 eventos de fuegos forestales, el más antiguo de los cuales ocurrió hace como 1,300 años. Los investigadores también notaron que, en los últimos 300 años, solo se identificaron tres fuegos grandes, lo que tiene sentido ya que habían poblados en la zona.

Por el contrario, aunque en la zona sureste sí se encontraron muestras de carbón de hasta 5,000 años de antigüedad, la cantidad estimada de fuegos forestales fue nueve o 10, casi la mitad comparado con Ceiba y Fajardo. El primer fuego se detectó hace como 4,900 años.

¿Con qué se asocian?

Saber cuántos fuegos forestales hubo en la zona este de la isla es interesante, pero tratar de investigar el por qué es aún más fascinante. Los científicos creen que varios de los fuegos, sobre todo en los siglos más recientes, podrían asociarse más al factor humano, es decir, grupos indígenas quemando para luego trabajar la agricultura.

Otros fuegos podrían asociarse a una combinación de clima seco y el paso de huracanes. Existe evidencia de fuegos en Puerto Rico, el Golfo de México, Costa Rica y República Dominicana que ocurrieron para la misma fecha, lo que sugiere el impacto de eventos a mayor escala.

El autor es catedrático de Física y Educación Científica en Morehead State University y es miembro de la red de Ciencia Puerto Rico.


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