Varios edificios de apartamentos abandonados en el pueblo de Pripyat, cerca de Chernóbil. (AP/Efrem Lukatsky) (semisquare-x3)
Varios edificios de apartamentos abandonados en el pueblo de Pripyat, cerca de Chernóbil. (AP/Efrem Lukatsky)

La Habana - Los gobiernos de Cuba y Ucrania acordaron retomar a partir de este año su colaboración médica, un anuncio que ha traído de vuelta a la palestra pública el recordado programa de tratamiento a los niños de Chernobyl, mediante el cual miles de infantes afectados por efectos de la radiación nuclear fueron tratados en la isla de manera gratuita.

Las autoridades cubanas y ucranianas anunciaron que un grupo de 50 niños llegará desde Ucrania las próximas semanas para recibir tratamiento en Cuba por enfermedades en la piel y cáncer en estado inicial, y que otro grupo podría viajar a finales de año para recibir asistencia en parálisis cerebral y otros padecimientos.

Natacha Díaz Aguilera, ministra-consejera y encargada de negocios de la embajada de Cuba en Ucrania, expresó “la disposición de Cuba de compartir con los países que lo necesiten las experiencias en el desarrollo de la salud, y en este caso con Ucrania para continuar el fortalecimiento de los lazos históricos que los unen”, según la Agencia Cubana de Noticias.

Una delegación ucraniana del gobernante “Partido por la Vida” visitó recientemente La Habana para la firma de un memorando con el Ministerio de Salud Pública que permitirá el tratamiento, aunque no se ofrecieron detalles.

El anuncio no se da en el vacío y trae consigo los recuerdos de una de las iniciativas internacionalistas más arrojadas de Cuba y de la cual se conoce poco.

Todo comenzó el 26 de abril de 1986, cuando ocurrió el mayor desastre de la era de la energía nuclear, al explotar el reactor número cuatro de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada a poco más de 11 millas al noroeste de la ciudad de Chernobyl, en Ucrania, y su radiación se extendió por gran parte de Europa, dejando a su paso estragos que todavía no han podido subsanarse por completo.

Los más afectados fueron los residentes de esa ciudad industrial, sobre todo niños, que sufrieron los efectos de la radiación por años y los han arrastrado hasta la actualidad.

Cuba decidió intervenir en la tragedia en 1990, un momento complicado, pues el bloque socialista se hacía añicos y la Unión Soviética estaba a punto del colapso.

Un grupo de especialistas cubanos fue a Ucrania y a su regreso a la isla convenció al presidente Fidel Castro Ruz de que la salida era traer a los niños, los más afectados, a Cuba y darles el tratamiento aquí.

El gobierno cubano alistó el balneario de Tarará -una zona de playas hermosas que fue en la época previa a la Revolución un exclusivo reparto con villas para personas de clase alta- y lo convirtió en una suerte de hospital gigantesco con casas para familias, centros de estudio, programa de rehabilitación y acceso a todo el complejo de salud de la isla, entre ellos instituciones pediátricas y oncológicas.

El primer grupo de 139 niños llegó el  29 de marzo de 1990 y el propio Fidel Castro lo recibió en el aeropuerto internacional José Martí, donde el polémico dirigente afirmó que Cuba recibiría a más de 10,000 infantes afectados por las secuelas del accidente nuclear.

Veinte años más tarde, cuando el programa se cerró, 23,000 niños de las zonas afectadas por el accidente, en y fuera de Ucrania, habían recibido tratamiento y vivido en las playas de Tarará, dejando una estela de recuerdos que hoy han vuelto a la vida, sobre todo, porque el anuncio del regreso de los niños ucranianos se da tras la emisión en HBO de la serie “Chernobyl”, que trata el tema del accidente en la planta nuclear y su impacto.

La serie de cinco entregas ha sido todo un éxito para HBO y ha logrado palear el final de la súper producción “Game of Thrones”, de culto para millones de personas a nivel global.

La temática cruda y crítica de la entrega televisiva no ha gustado a los ucranianos y los rusos, que entienden estereotipa el incidente a la mejor manera de la guerra fría. De hecho, la televisión rusa prepara su propia versión de la historia para proyectarla en sus pantallas.

Mientras, en la vida real, el fuerte acento y las pálidas pieles de los niños ucranianos volverán a sentirse por Cuba, donde los hospitales cubanos los esperan, aunque, en esta ocasión no se sabe si habrá otro Tarará, un balneario hermoso, pero que necesitaría ser reconstruido para poder ser el paraíso que fue hace casi 30 años, cuando los primeros infantes de Chernobyl llegaron a la “Mayor de las Antillas”. 


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