Este jueves comenzaron el acceso a datos los teléfonos que comienzan con la numeración 52 y 53

La Habana , Cuba.– Desde bien temprano en la mañana los clientes de la estatal Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) comenzaron a recibir en sus celulares uno de los mensajes más esperados por años en la isla: su teléfono estaba habilitado para usar la banda de 3G.

Este jueves comenzaron el acceso a datos los teléfonos que comienzan con la numeración 52 y 53, el viernes los que inician con 54 y 55 y el sábado el resto de números. La oferta de 3G tiene paquetes que van desde los siete dólares por 600 megas hasta los 30 por cuatro gigas.

Como es natural en estos procesos, ha habido de todo. Gente que les funciona el proceso de activación y gente que no, pero el entusiasmo es generalizado.

“Creo que mi teléfono es más antiguo que lo que se necesita”, dice María mientras intenta e intenta conectarse sin éxito. La compañía ETECSA anunció que solo podrían acceder los teléfonos que operen en la banda de 900 MHz.

En cambio Manuel Correa defiende que “la navegación es muy buena, pero un poco cara”.

Este joven estudiante de la Universidad de La Habana defiende el acceso a Internet como algo útil para el estudio, pero también para “refrescar un poco” de la monotonía del día a día.

El Gobierno cubano ha defendido la ampliación de la red de Internet como una necesidad para el desarrollo económico, científico y educativo de los cubanos, pero muchas veces también ha criticado que se use de manera “banal” en páginas consideradas de farándula, con contenidos violentos o “subversivos”.

Sería porque empezó a llegar el “frio” a La Habana, con una bajada de temperaturas apenas perceptible para un turista pero sí para los habaneros, o porque la gente empezó a usar la conexión de 3G, pero la mañana de este jueves los parques con conexión wifi estaban más vacíos que de costumbre.

“Lo mío es venir, conectarme una hora para hablar con mi hermana en Canadá y ya”, asegura Yuleidis Acosta una de las pocas que se encontraba sentada en un banco.

En la puerta del céntrico cine Yara, que se prepara para esta noche iniciar el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, un grupo de jóvenes habla más de la llegada de datos a los móviles que de las estrellas cinematográficas. “Tantas veces nos dijeron que vendría este año el 3G que veíamos que terminaba el años y nada”, dice uno de ellos mientras el resto discute sobre los precios de las tarifas.

Este año ETECSA realizó dos pruebas de conexión a 3G de manera gratuita en todo el país, pero fueron desfavorables con un acceso lento que incluso colapsó esos días las llamadas de voz y los mensajes de texto.

Cuba inició a finales de 1990 su llegada a la red de Internet, primero vía satélite debido a las sanciones del embargo de Estados Unidos que la impedía conectarse a los cables submarinos de la región. Desde 2012 logró una conexión de fibra óptica vía Venezuela y un año después comenzó a abrir salas de navegación para la población.

La apertura de esas salas y posteriormente en 2015 de zonas wifis, de las que ya hay más de 1,200 en el país, mayoritariamente situadas en parques públicos, significó el inicio de la apertura del Internet en la isla, que hasta ese momento estaba vedado a las casas de algunos periodistas, diplomáticos o científicos.

“Lo mejor es comprar un paquete barato para emergencias o consultar cosas, pero para cosas más pesadas sigue siendo mejor opción el wifi de un parque que cobra en vez de gigas es por tiempo”, señala Roberto de manera pragmática. El acceso en las zonas wifi es de un dólar la hora. 

El uso de Internet en la isla ha sido un campo de batalla entre defensores y detractores de la Revolución cubana.

El Estado defiende que la lentitud del proceso de informatización era debido a las sanciones económicas y técnicas del embargo estadounidense, mientras que los opositores señalaban que no había una voluntad política por miedo a un acceso pleno a la información.

A pesar de ese conflicto en Cuba apenas hay páginas censuradas, salvo las de pornografía o algunas que son abiertamente contrarias al sistema político cubano, como Radio y Televisión Martí, que emiten desde Miami hacia la isla.

“Esto viene para quedarse”, decía riéndose uno de los jóvenes universitarios que hacía cola para comprar entradas para el Festival de Cine de La Habana.

Y de seguro tiene razón.


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