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Fidel Castro Ruz murió en la noche del 25 de noviembre de 2016 a los 90 años. (GFR Media)
Fidel Castro Ruz murió en la noche del 25 de noviembre de 2016 a los 90 años. (GFR Media)

La Habana, Cuba - Los cubanos conmemoran el lunes el tercer aniversario de la muerte de Fidel Castro Ruz, ideólogo y comandante en jefe de la Revolución que dirige el país desde 1959, en medio de una severa tensión política con Estados Unidos, la cual fue advertida en vida por el fallecido dirigente político, quien llamó a sus compatriotas a no dejarse confundir por el acercamiento propulsado por el entonces presidente estadounidense Barack Obama.

Castro Ruz murió en la noche del 25 de noviembre de 2016 a los 90 años y su deceso fue anunciado por su hermano y entonces presidente Raúl Castro Ruz, quien compungido salió en la televisión nacional para anunciar que el “Compañero Fidel” había muerto.

Fidel Castro Ruz murió en medio de un proceso histórico e inédito, pues gracias a su hermano y Obama, Cuba y Estados Unidos acercaron como nunca sus relaciones bilaterales en más de medio siglo.

Aquel acercamiento trajo a Obama a visitar Cuba, además de un florecimiento económico sin precedentes en la isla, que vio cómo el turismo estadounidense llegaba a borbotones y cómo las empresas de Estados Unidos intentaban establecerse en un mercado que les estuvo vetado por décadas.

Pero Fidel Castro Ruz veía, desde su crisol, algo sospechoso en aquello y, en un escrito titulado “El hermano Obama”, publicado en el diario oficial Granma el 28 de marzo de 2016, llamó a la desconfianza de aquella estrategia e invitó al entonces mandatario estadounidense a la reflexión: “Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana”, escribió.

Acto seguido, lanzó una advertencia que en el momento parecía sin sentido, pero que a tres años de su muerte, en Cuba, han comenzado a entender su significado.

“Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”, sostuvo Castro Ruz en su escrito.

“Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”, concluyó.

El fallecido dirigente insinuaba que toda aquella fanfarria cuasada por Obama sería pasajera y que no estaba cimentada sobreraíces profundas.

“Yo ahora entiendo lo que quería decir Fidel… Como siempre, tenía razón. Él nos advirtió de que lo de Obama era pasajero y que Estados Unidos iba a volver a atacarnos, como siempre, cuando él no estuviera y Obama no podría hacer nada”, expresó Alejandro Ramos, profesor de escuela en La Habana.

Y es que, aunque fuera de Cuba sea complicado entender que esa es la realidad, en esta isla existe una añoranza que puede señalarse como “inexplicable”, por la polémica figura de Fidel Castro Ruz.

“Ya hacen tres años, como pasa el tiempo, pero se siente su ausencia. En Cuba podemos amar u odiar a Fidel por muchas cosas, pero yo, aunque tenga mis diferencias, puedo decir que hace falta, que su liderazgo y su valentía ya no están, y eso se siente en el pueblo. Si él estuviera aquí, la cosas, estoy seguro, no andarían así”, dijo a El Nuevo Día una mujer que sólo se identificó como doctora en uno de los hospitales del barrio habanero de Vedado.

Esa reflexión ocurre porque Cuba y Estados Unidos atraviesan por uno de los periodos más tensos de sus relaciones en décadas. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca cambió el tablero político y la estrategia de acercamiento de Obama fue cambiada por una depresión económica radical, que ha sumido a Cuba en una crisis de liquidez muy seria, lo que ha redundado en problemas para satisfacer la demandas de combustibles, medicinas y alimentos.

El gobierno cubano, hoy dirigido por Miguel Díaz-Canel, ha recurrido a la estrategia que el propio Castro Ruz advirtió en 2016, al intentar fortalecer la producción nacional, limitar las importaciones y fomentar la exportación.

La tarea no le ha sido sencilla, sobre todo, porque la unidad de objetivos que Castro Ruz conseguía con los cubanos se ha perdido, a pesar de los esfuerzos de Díaz-Canel de llamar a un esfuerzo colectivo como en los mejores tiempos de la dirigencia de Fidel.

El presidente Díaz-Canel, en la más reciente reunión del Consejo de Ministros, sentenció que “no vamos a renunciar a las conquistas y sueños por realizar, sólo posibles en nuestro socialismo en constante perfeccionamiento, el cual estamos dispuestos a defender a cualquier precio”.

El mandatario llamó a estar “siempre unidos, organizados y movilizados. No podemos dar espacio a fracturas, manipulaciones, injerencias y provocaciones… Está de moda dar recetas, pasando por alto la complejidad de la vida del pueblo cubano en condiciones de brutal bloqueo y desconociendo que elegimos hace tiempo nuestro camino, bajo principios bien definidos de independencia”.

Ese llamamiento ha sido reforzado las últimas semanas, unido al uso de la imagen de Fidel Castro Ruz como ente unificador. “Como decía nuestro Comandante en Jefe” se ha convertido en la frase más utilizada en los discursos que invitan a levantar la productividad y batallar ante las carencias, una evocación al ideólogo de una Revolución que batalla contra la adversidad, mientras sus más cercanos colaboradores -Bolivia, Venezuela y Nicaragua- pelean para mantenerse a flote ante la intensa presión de Estados Unidos y Donald Trump.