Nota de archivo: este contenido fue publicado hace más de 90 días.

Las autoridades de la isla prepararon dos días de fiesta nocturna por todo lo alto. (AP)
Las autoridades de la isla prepararon dos días de fiesta nocturna por todo lo alto. (AP)

La Habana, Cuba - “Bienvenidos a mi ciudad, bienvenidos a la verdad…”, cantó el dúo Saudade la noche del viernes desde una tarima ubicada al final de la Avenida de los Presidentes, a pocos pasos del Malecón habanero. Jóvenes bulliciosos, ancianos y familias completas disfrutaban de un maratón de conciertos o recorrían los abundantes quioscos, donde vendían comida criolla, refrescos y cervezas.   

El Malecón y otras zonas del centro de la ciudad se llenaron de personas que desafiaron la lluvia, para esperar la llegada hoy, 16 de noviembre, del 500 aniversario de La Habana.

Las autoridades de la isla prepararon dos días de fiesta nocturna por todo lo alto, en seis zonas del Malecón, que se extiende por unos diez kilómetros, pero ayer viernes tuvieron que adelantar el inicio para mitigar el empeoramiento del clima que trajo un frente frío procedente del Golfo de México.

En la Avenida de los Presidentes, una elegante vía del barrio de Vedado, la discográfica más importante de Cuba, Egrem, fue la anfitriona con artistas de su catálogo entre quienes están los más famosos del país. La tarde transcurrió a pedir de boca, con música electrónica del grupo Pauza, el cantautor David Torrens y el emblemático grupo rumbero Yoruba Andabo.   

Sin embargo, a las 8:00 p.m. comenzó un torrencial aguacero que obligó a posponer el programa de presentaciones, en el que se previó que se rotaran los artistas sobre el escenario hasta entrada la madrugada.

El público no se marchó, sino que se cobijó de la lluvia e incluso algunos siguieron festejando por su cuenta. En los portales de la cercana Casa de las Américas un nutrido grupo de jóvenes cantaron a capela hits del reguetón cubano, o improvisaban una rumba con unas claves que alguien llevó.

Si se le preguntaba a alguno por qué tanta alegría, respondía que estaban de fiesta “porque La Habana es lo más grande”. Ese es el principal slogan de la campaña oficial por la fecha, que ha prendido entre los habitantes de la ciudad, quienes agradecen la restauración que se hizo de importantes edificios patrimoniales, y otras obras constructivas, en total unos 6,000 proyectos de construcción.

“¡La Habana es La Habana, y lo demás son áreas verdes!”, exclamó Carlos, chofer de un auto americano clásico que utiliza como taxi, esos que aquí llaman “almendrones”.  

Irma Tamayo, de 66 años, nació en la ciudad oriental de Niquero, pero desde los 16 años emigró a la capital. “Para mí esto es lo más grande del mundo, se han hecho muchas cosas lindas, está bello el centro histórico. Lo que ha hecho Eusebio Leal es mucho”, afirmó, refiriéndose al popular Historiador de La Habana.

Ella salió a celebrar con su hija y su nieto, esperando la hora en que se dispararían los fuegos artificiales. “Hay muchas actividades, mira aquí toda la fiesta que es. Esta ciudad es un orgullo para todos los cubanos. Ojalá sigan arreglando La Habana”. 

En ese momento, a las 9:45 de la noche, desde la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, se lanzó una tanda de fuegos artificiales, un espectáculo de luces pocas veces visto en la urbe. La lluvia había cesado y todos corrieron hacia el malecón para observar el show que duró 18 minutos y combinó varios colores y variantes, incluso varios que formaban corazones y otras figuras en el aire.

A las 10:00 p.m., con una fina llovizna, se decidió recomenzar los conciertos. Brenda Navarrete, una de las cinco mejores jazzistas cubanas, según The New Yorker, a punto de subir al escenario, declaró orgullosa a El Nuevo Día que ella es “habanera de pura cepa”.

Por eso la talentosa cantante y percusionista cree que “fue un honor ser invitada, me siento súper honrada de ser parte de estos conciertos donde hay tantos amigos celebrando mi ciudad, que tiene tanta música”.

Diego Gutiérrez, Charanga Latina, Alain Pérez, Qva Libre y Moneda Dura fueron otros de los artistas convocados para recibir con baile la madrugada del 16 de noviembre, a pesar de la lluvia siempre amenazante.   

A las 12:00 de la noche, la ciudad se detuvo la música, pendiente de las 21 salvas de artillería que se dispararían desde la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, y miles de cubanos a lo largo del Malecón aplaudieron dando vivas a la ceremonia, como antes lo habían hecho con el espectáculo de fuegos artificiales. 

Hoy, sábado, continúa la celebración, con orquestas de música bailable en todo el Malecón, así como la pospuesta gala “Cantares por La Habana”, un evento exclusivo que debió celebrarse ayer frente al nuevo hotel de lujo Prado y Malecón, pero lo impidió la lluvia.

Por último, se realizará la gran Gala 500, el espectáculo oficial que con la presencia del presidente de la República, Miguel Díaz Canel, inaugurará el restaurado Capitolio Nacional.