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En la primera etapa se abrirán 13 tiendas -12 en La Habana y una en Santiago de Cuba- que se dedicarán a la venta de productos electrónicos y electrodomésticos, o a piezas de autos. (AP / Paul Sakuma)
En la primera etapa se abrirán 13 tiendas -12 en La Habana y una en Santiago de Cuba- que se dedicarán a la venta de productos electrónicos y electrodomésticos, o a piezas de autos. (AP / Paul Sakuma)

La Habana, Cuba - El más reciente experimento económico del gobierno cubano será puesto en marcha hoy, cuando abrirán las puertas 13 tiendas especializadas en la comercialización de mercancía de alta calidad tecnológica, las cuales tienen como distintivo que aceptarán el dólar estadounidense, sin uso de efectivo y su finalidad es la captación de divisas para la atormentada caja chica del fisco de Cuba.

La iniciativa de las autoridades cubanas pretende combatir el fenómeno de las mulas, el cual ha generado un éxodo multimillonario de preciadas divisas que Cuba necesita con urgencia, ante la presión económica impuesta por Estados Unidos.

El concepto es sencillo.

En la primera etapa se abrirán 13 tiendas -12 en La Habana y una en Santiago de Cuba- que se dedicarán a la venta de productos electrónicos y electrodomésticos, o a piezas de autos, hasta completar 77 establecimientos minoristas en todo el país en su última fase.

En esos establecimientos se podrán comprar, a precios competitivos, productos como neveras, congeladores, televisores, aires acondicionados o piezas de autos, pero sólo mediante el uso de una tarjeta de crédito o débito que permita el pago en dólares estadounidenses.

Para poder acceder a esas tiendas, los cubanos deben abrir unas cuentas especializadas en dólares, tener cuenta bancaria en el extranjero, o contar con una tarjeta Visa o Mastercard internacional que no sea de un banco estadounidense.

No se usará efectivo, sólo tarjetas, como una medida de limitar el acaparamiento y la corrupción típicos de las tiendas estatales, además de que así el gobierno se asegurará de que el dinero pase directo a las arcas públicas sin intermediarios.

Lo que se inicia hoy, en concreto, son las primeras tiendas al estilo “Best Buy” o “Pep Boys”, pero muy al modo del sistema cubano, uno que es socialista y en el cual el Estado controla todos los rublos del comercio y la economía.

Visto desde el crisol capitalista, la iniciativa no tiene nada de innovador y puede sonar un tanto absurda a estas alturas, pero en Cuba todo marcha a otros tiempos y el sistema socialista de control centralizado que gobierna el país impide que conceptos como este se desarrollen bajo el manto de la propiedad privada.

Además, por décadas, la política de las autoridades cubanas ha sido la de privilegiar la inversión de sus recursos en salud, educación, alimentación y seguridad pública, por lo que la venta de este tipo de productos electrodomésticos es considerada por el Estado como una de artículos de lujo, más que de primera necesidad.

No es que en Cuba no se vendieran hasta hoy estos productos. Siempre los ha habido, pero se vendían en tiendas estatales que buscaban capitalizar la inversión a precios espeluznantes, por lo que un horno de microondas que cuesta $100.00 en cualquier parte del mundo, aquí podría costar hasta $300.00, casi 12 veces el salario promedio mensual del país.

El Estado mantuvo ese monopolio por años, hasta que nuevas regulaciones aduaneras permitieron la importación de ese tipo de productos por parte de los nacionales cubanos. Esa iniciativa dio paso a “las mulas” y a un correspondiente mercado informal que el gobierno intenta combatir.

¿Cómo funciona el mercado de las mulas?

Cada cubano tiene la posibilidad de importar hasta 1,000 puntos en mercancía anualmente y pagar los impuestos de entrada en moneda nacional, no en divisa. Eso permite que, regido por unas tablas de la Aduana, cada ciudadano que salga del país pueda despachar por avión o barco una carga que contenga, por ejemplo, una nevera, un aire acondicionado, un televisor, una lavadora y un microondas. Al llegar la carga, se pagan impuestos en peso cubano por una cantidad risible.

El Estado permitió esa práctica como una forma de no tener que poner recursos propios en comprar, importar y vender una mercancía que no considera prioritaria, y dio a los ciudadanos la posibilidad de traer esos productos desde el extranjero para consumo personal.

Pero ante las carencias surgen las oportunidades y los cubanos vieron la oportunidad de armar un negocio en un espacio que el gobierno dejó abierto. Así nacieron las mulas.

Hay, en esencia, dos modalidades de mulas, las solitarias o las que responden a un jefe.

La primera modalidad se trata de un individuo que cuenta con el respaldo económico para salir al extranjero y comprar la mercancía, sea por pedido o asumiendo el riesgo, para ponerla a la venta en el mercado informal cubano, donde pueden obtener ingresos de hasta dos veces lo que le costó colocar el producto en Cuba, y aún así son más baratos que las tiendas estatales, que no cuentan con artículos de la misma calidad y los precios suelen ser superiores.

La segunda modalidad son las mulas que trabajan para un jefe. Aquí el encargado de la red de ventas recluta a personas que tengan visa para viajar al extranjero, les paga sus pasajes, estadía y gastos, a cambio de que esas personas le “vendan su importación”. Así, en un viaje, esta persona financia la entrada a Cuba de múltiples efectos de equipo electrónico, los cuales luego pone a la venta en sitios digitales especializados creados en servidores externos para el mercado cubano, como elpopular Revolico.com.

El acuerdo de compra de la importación da a la mula el derecho de que se quede con una maleta y un equipaje de mano para su consumo, el cual el cubano usa normalmente para comprar cosas para uso propio o para reventa en su trabajo o entorno familiar.

Además de “vender su importación”, como se dice de quien asume esta práctica, estas mulas también “venden sus libras”, o sea, que pueden traer artículos por pedidos específicos, cobrando entre seis y 10 dólares, por cada libra que cargan en sus maletas de avión.

Por eso es que, cuando se toma un vuelo hacia Cuba desde alguno de los destinos alrededor de la isla, los cubanos viajan atestados de bolsas repletas de artículos y las aerolíneas ponen especificaciones particulares para el manejo del equipaje, porque cada libra tiene un costo y debe ser aprovechada.

Ese mercado informal creció tanto, que representantes de la Zona Libre de Colón aseguraron este año que las exportaciones desde ese centro de libre comercio en Panamá hacia Cuba representaron la friolera de $335 millones en el 2018.

Las mulas cubanas se han desplegado por todo el Caribe e importan desde Haití, Guyana, Nicaragua, México, Colombia, República Dominicana y del propio Estados Unidos. Desde donde haya vuelos directos o capacidad de enviar embarcaciones, allí están las mulas cubanas.

Expertos en el tema debaten sobre cuánto dinero deja esta práctica en conjunto. El consenso logrado cifra la cantidad en una que ronda los 1,000 millones al año en tráfico de mercancía. El grupo estadounidense “The Havana Consulting Group” ha sostenido que estas importaciones cuestan a la isla la friolera de $2,390 millones para las compras en terceros países.

Esa es una cifra espeluznante, que ha llamado la atención del gobierno cubano, el cual ha ido a buscar todos esos dólares, ante la falta de liquidez en las arcas públicas que han provocado las medidas de presión económica tomadas por la Casa Blanca.

El gobierno, en lugar de prohibir las importaciones, lo que ha hecho es utilizar su capacidad de monopolio en el mercado para hacerle la competencia al mercado informal.

Los ciudadanos podrán seguir con sus viajes a adquirir mercancía en el extranjero, pero saben que el negocio no será el mismo, porque el Estado pondrá a la venta esos productos a precios que las mulas no podrán igualar.

Ahora, por ejemplo, un televisor LED, de 43 pulgadas y marca Samsung, costará $549.00. En el mercado de las mulas su costo actual es de $700.00 o más, lo cual ha cambiado el negocio.

“Nos han creado un problema. Yo tengo mercancía que traje, que ahora no voy a poder vender, porque el Estado se la jugó y nos puso la competencia. Tengo refrigeradores, televisores y aires acondicionados que lo único que aspiro es sacarle lo que invertí para no perder dinero. Se nos dañó el negocio”, dijo un ciudadano que se identifico como Alberto y que El Nuevo Día contactó por la aplicación Revolico para conocer de sus productos.

“El televisor Samsung de 43 pulgadas que ellos están vendiendo, es el mismo que yo tengo, y no sólo uno, como ocho unidades, porque yo tengo gente que viajaba y traía cosas para mí. Ahora lo van a vender hasta 150 pesos más barato que llegó, con garantía y servicio de reparación. Contra eso no se puede competir. La idea ahora es cambiar el negocio y vender lo que el Estado no traiga”, agregó.

La población ha reaccionado con un controlado entusiasmo ante la iniciativa gubernamental, pues en Cuba tienen la mala experiencia de que muchas de estas medidas acaban fracasando por la corrupción o la burocracia.

“Es algo que debían haber hecho hace rato. Nunca entendí como el gobierno no podía hacer lo que estaban haciendo mucha gente, de comprar cosas afuera y sacarle dinero aquí. Si eso existía, era porque el estado le daba la gana”, comentó a El Nuevo Día la jubilada Elvira Castañeda, una de las tantas personas que más de una vez compró algún equipo electrodoméstico en el mercado informal, a precios muchos más altos que los que el gobierno pretende establecer en esta nueva modalidad.

“Es un negocio en el que ganan todos. Al Estado le entran los dólares que necesita y hace rato era incapaz de controlar, mientras que la población podrá adquirir cosas a un precio muy por debajo a lo que se estaba vendiendo ahora en la calle, que era la única forma de comprarlos”, añadió Castañeda.

Efrén Rodríguez, un cubano que se identifica como cuentapropista, no esconde sus preocupaciones. “El estado tenía que hacer algo para frenar la salida de todo ese dinero que se iba para Panamá, para México, pero creo que todo esto va a generar otras cosas. Hay que esperar para ver como funciona en la práctica, porque todavía no están vendiendo nada”, apuntó.

Como muchos otros cubanos, Rodríguez aprovechó estos días para acercarse curioso hasta la tienda de electrodomésticos ubicada en los bajos del emblemático edificio Focsa, lugar que fue habilitado en el capitalino barrio del Vedado para el nuevo sistema de captación de divisas. “Esto lo están arreglando ahora y escuché hay cosas de calidad y a buenos precios, pero no hay nada oficial. Tiene que ser así, porque si no son buenos equipos y los precios siguen altos, no tiene ningún sentido”, reflexionó.

Las autoridades cubanas apuestan al éxito de su idea. Los primeros números así lo confirman.

El Banco Metropolitano, el de mayor uso en la capital, informó que en menos de una semana se han abierto más de 10,000 cuentas exclusivas de dólar para el uso en las tiendas dolarizadas.

Si el experimento cumplirá con sus expectativas está por verse, pero lo que sí ha quedado claro es que las mulas tienen desde hoy una fuerte competenciaen su propio gobierno.