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Vimarie trabaja a tiempo completo en limpieza de cuartos de hoteles en Disney, hace entregas para Amazon y espera traer a su niña de 9 años que aún vive en Puerto Rico.
Vimarie trabaja a tiempo completo en limpieza de cuartos de hoteles en Disney, hace entregas para Amazon y espera traer a su niña de 9 años que aún vive en Puerto Rico. (Carla D. Martínez Fernández)

Kissimee / Altamonte Springs – El inicio de cada temporada de huracanes produce en Vimarie Cardona una asfixiante angustia y detona en su mente las imágenes de agua inundando su casa y escenas a cámara rápida de su mudanza a Florida para buscar refugio.

“Sé que acá también puede llegar un huracán, pero al menos desde aquí tengo a dónde escapar… me puedo ir a Georgia o a otro sitio. En Puerto Rico estábamos atrapados”, dijo la mujer de 26 años madre de tres niños: Victoria, de cinco años; Mathew, de dos años, y Bianca, de nueve años. Bianca está en Puerto Rico con su abuela.

Vivió un año en un hotel de Kissimmee, en una pequeña habitación que compartía con Victoria y Bianca, pero hoy día las cosas son diferentes. Un empujoncito de una iglesia metodista, que le ayudó con la fianza y el primer pago de un apartamento, permitió que lograra mudarse a un bonito complejo de vivienda en esta ciudad que tiene tres cuartos, dos baños, sala, comedor y una amplia cocina.

Trabaja a tiempo completo en el área de limpieza en un hotel de Walt Disney Resort, pero tiene dos empleos adicionales a tiempo parcial: en uno distribuye paquetes de la empresa Amazon, y en el otro entrega comidas que clientes ordenan por Internet.

“Ha sido un cambio de 180 grados”, quien contó que paga una renta mensual de $1,097, cubre sus gastos de servicios básicos y logra que en la nevera y alacena haya siempre algo para comer. En su casa no hay lujos. De hecho, apenas hay muebles. “Pero estoy echando pa’lante. Y ahora traeré a mi otra hija Bianca, pues tengo espacio para ella”, dijo la mujer quien acababa de llegar del mecánico. “Aquí, si se me daña el carro, entonces no puedo trabajar”, comentó.

“Empecé en Disney ganando $10.50 la hora y en un año ya estoy en $14.  Aquí hay que trabajar. Nada es regalado. La gente se cree que esto es todo mágico, que es Disney, y no, no es fácil y hay cosas muy caras. Pero si trabajas y te fajas, hay recompensas”, afirmó.

Si es tan difícil, ¿por qué no regresar a Puerto Rico?

“Porque siento que aquí tengo más que en la isla. Me siento ahora más adulta, pues he tenido que crecer y porque mis hijos están bien y las escuelas son mejores”, respondió.

“Solo me falta lograr sacar mi licencia de enfermera que no he podido lograrlo, pues el trámite me cuesta $360 y no me sobra dinero. Pero el día que lo logre, ese será mi ‘golden ticket’”, afirmó.

A una hora al norte de Vimarie, en Altamonte Springs, vive Marieliza Santiago. Como otros cientos de familias boricuas, llegó a la Florida buscando refugio y vivió ocho meses en varios hoteles.

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Hasta aquí, su historia es similar a la de muchos puertorriqueños desplazados por aquel huracán que devastó la isla hace dos años. En su caso, tan pronto llegó, consiguió un buen empleo con buena paga y logró alquilar un apartamento por el cual paga $1,395 mensuales. Laboraba en una organización no gubernamental que ayudaba a los boricuas que llegaban por bandadas a Florida Central. Pero meses más tarde, cuando la crisis de los desplazados comenzaba a aliviarse, se acabaron los fondos que sostenían su plaza y Marieliza se quedó sin empleo.

Y mientras muchos ibas normalizando su vida en este estado, para ella comenzaba un huracán.

“Quedarme sin ese trabajo me ha dejado inestable económicamente. No es que esté mal, mal, sino que vivo de mes a mes. Ahora trabajo dando transportación a pacientes que necesitan ir a sus citas médicas, pero no es estable”, contó.

Sin embargo, eso no la ha anulado. Comenzó a tomar clases de inglés., “y he mejorado. No estoy fluida, pero entiendo y me entienden”, explicó.

“Y quiero tomar una certificación para ser técnica de diálisis. Sé que eso me ayudará a tener un mejor empleo, pues queremos mudarnos a un sitio y pagar para nosotros. Comprar. No estoy esperando nada del gobierno ni de nadie”, dijo la mujer, quien tiene tres hijos jóvenes, dos de los cuales viven con ella.

“A veces tengo lapsos y me pregunto: ‘¿Qué hago aquí?’. Por mi trabajo tengo que guiar largas distancias y a veces me paralizo, y me estaciono, pues como que dan ganas de llorar. Pero entonces, me recompongo y pienso que no puedo ponerme así, porque mis hijos están aquí y eso es lo que ellos necesitan”, expresó.

Marieliza reconoce que vino aquí buscado alejarse de la crisis que se profundizó tras el huracán, pero reconoce que este estado está en la ruta ciclónica. “No tengo idea cómo enfrentaré el asunto si me coge uno aquí. Eso en Puerto Rico fue muy fuerte y no estoy preparada para otro huracán”, dijo.