José Juan Barea y Carlos Arroyo con los colores de la Selección Nacional de Puerto Rico. (GFR Media)
José Juan Barea y Carlos Arroyo con los colores de la Selección Nacional de Puerto Rico. (GFR Media)

El integrante de los Mavericks de Dallas José Juan Barea y el excapitán de la Selección Nacional Carlos Arroyo compartieron historias y anécdotas sobre sus carreras en el baloncesto puertorriqueño y en la NBA durante una conversación en vivo por la red social de Instagram en medio de la cuarentena por la pandemia del coronavirus. 

Ante una audiencia de casi 3,000 seguidores, ambos armadores se mostraron relajados en contestar todo tipo de preguntas, entre ellos y los fanáticos, sobre sus trayectorias deportivas durante casi dos horas entre copas de vino, chupitos de ron y cigarros desde sus respectivas residencias en Estados Unidos (Miami y Dallas).

Como si se tratara de un juego de baloncesto, los boricuas dividieron los temas en periodos. El primer cuarto se enfocó en preguntas sobre Puerto Rico y el segundo en interrogantes sobre la NBA.

Sobre el Baloncesto Superior Nacional (BSN), ambos reconocieron que la liga local los formó para jugar en la mejor liga del mundo.

“Me ayudó grandemente. Cuando estaba en la universidad (Universidad Internacional de Florida) uno iba al BSN a jugar con hombres después de jugar con chamaquitos de la edad de uno”, expresó Arroyo, quien comenzó su carrera en el BSN con los Cariduros de Fajardo en 1996.

“El BSN te prepara y es una buena experiencia para el futuro”, agregó Barea, quien jugó para los Indios de Mayagüez y los Cangrejeros de Santurce antes de dar el brinco a la NBA.

En cuanto a la dinastía con los Cangrejeros a los finales de los noventa y principios de los 2000, Arroyo declaró que no había egos en un quinteto compuesto por José “Piculín” Ortiz, Orlando “Guayacán” Santiago, Rolando Hourruitiner, entre otros.

“Cuando llego a Santurce (1998) era un equipo nuevo, que se estaba conociendo. Fue unir la tropa para llegar a la gran meta que era ganar el campeonato. Se nos hizo difícil, pero nos llevamos súper bien”, indicó Arroyo, quien ganó cinco campeonatos (1998-2001 y 2003).

Por otro lado, Arroyo evadió la pregunta con un shot sobre quién fue su mejor compañero de equipo en Puerto Rico. “Después cambian sus teléfonos si digo”, soltó con una carcajada.

El triunfo frente a USA

Barea hizo recordar a Arroyo sobre la victoria de Puerto Rico sobre Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Arroyo confesó que, después momento de la victoria, no se percató del significado del triunfo, lo que fue el primer revés de los estadounidenses en la justa con jugadores de la NBA.

“No había muchas expectativas. Fogueamos antes con ellos. Lo que nos ayudó es que no jugaran zona. El juego no lo podía creer. Un silencio ca... (mientras ganábamos) en la cancha. Era seguir haciendo lo que estábamos haciendo y no dañarlo. Fue un momento de orgullo. Pensamos que íbamos a ganar la Olimpiadas por ganarle al mejor del mundo, pero al otro día nos dieron un “wake up call” (frente a Eslovenia). Al momento, no sabía el impacto que tuvo ese juego. Al salir de allí y verlo todo, fue bien bonito”, recordó.

Puerto Rico venció 92-73 a Estados Unidos, que tuvo figuras en aquel entonces como LeBron James, Dwyane Wade, Carmelo Anthony y Tim Duncan. Arroyo tuvo 25 puntos con siete asistencias en el encuentro.

Barea recordó que vio el partido cuando tenía 20 años y la victoria lo motivó a mejorar en la Universidad Northeastern en Boston.

“Eso me motivó a mí a seguir trabajando. Llegué con un “flow” a Boston de que le ganamos a Estados Unidos”, remoró Barea.

Molestia con Pitino

Arroyo, sin tapujos, aprovechó para preguntarle a Barea si entendía que el dirigente Rick Pitino hizo bien al pedirle un tryout al fajardeño en 2015 para regresar a la Selección Nacional rumbo a la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río 2016.

“No se manejó de la mejor manera posible. No hablaron. Si se hubieran sentado a hablar, cara a cara, hubiera decidido (mejor). No creo que fue lo mejor, pero pasó”, opinó Barea.

Barea detalló que tuvo una relación agridulce con Pitino, quien entró a la Selección en sustitución de Flor Meléndez, al tratar a los canasteros boricuas como si fueran los juveniles de la Universidad de Louisville, quinteto de la División 1 de la NCAA que el técnico estadounidense dirigió desde 2001 hasta el 2017. 

Comenzó fuerte. En los Panamericanos (de Toronto 2015) no fuimos con el mejor equipo. Nos dijo que preseáramos para luego jugar zona. Fue un desastre. Nos comparaba con su equipo de Louisville. Los muchachos me decían que él los tenía cansados con eso. Yo les decía que ignoraban eso, que siguiéramos jugando. Pero seguía con las comparaciones en los tiempos pedidos cuando perdíamos por 20 o 30 puntos, y una vez se me fue el casco. Discutimos pecho a pecho. Fui de pedir calma a perder la cordura. Eso pasó, nos fuimos entendiendo y ayudándonos. En el Preolímpico vimos mejoría y me gustó mucho. Pitino se puso positivo y les sacaba mucho a los jugadores. Entiendo que se ajustó porque quería dirigirnos como los nenes de Louisville”, expresó Barea.

Puerto Rico terminó sexto en Toronto después de ganar la medalla de oro en Guadalajara 2011. Arroyo volvió para jugar en el Repechaje Olímpico, su última aparición con el uniforme de Puerto Rico, en Serbia bajo la dirección de Eddie Casiano.

Sobre los mentores puertorriqueños, Arroyo mencionó a Julio Toro y Flor Meléndez como los mejores, al igual que Carlos Calcaño.

“No hay nadie como él (Julio). Segundo, Flor merece su espacio. Su resumé habla por sí solo. Ahora más con edad, es un dirigente de jugadores”, indicó Arroyo.

“Flor me preparó para la universidad y para la NBA. Calcaño fue perfecto para mí en las categorías juveniles”, añadió Barea.

Sobre el tiempo que jugaron juntos en el Equipo Nacional, ambos estuvieron de acuerdo en que los dirigentes manejaron bien la distribución de los minutos en cancha cuando los dos eran las estrellas de Puerto Rico en la misma posición. 

“Creo que no era fácil para los dirigentes, creo que se manejó bastante bien. Al principio, venía del banco. Luego comenzamos los dos e intercambiamos durante el juego. Los dirigentes hicieron lo mejor posible”, dijo Barea.

“Me gustan las comparaciones entre nosotros. Lo más cómico es cuando me dicen en la calle “Carlos Barea”. Es bueno para los fanáticos que puedan comparar y todo este dilema. Va con nuestro trabajo y nuestra carrera. Han sido tremendas carreras”, agregó el mayagüezano.

Acerca de tener a José “Piculín” Ortiz como compañero en Santurce y en la Selección, Arroyo lo definió como un mentor.

“Picu demandaba mucho. Pedía. Era un líder nato, vocal, exigente en la cancha. Si no le pasabas dos bolas se molestaba y tiraba un triple para llamar la atención y con razón, porque era una máquina de hacer puntos. Entrenaba fuerte. Un honor. Es un mentor”.

En la NBA

Sobre la NBA, Barea recalcó que fue clave para el primer y único campeonato de la NBA de los Mavericks de Dallas en 2011 en seis encuentros frente al Heat de Miami.

“No hubiésemos ganado. Para ganar un campeonato de la NBA, todo tiene que salir perfecto. Se nos lastimó Caron Butler, que era el segundo o tercer mejor jugador del equipo. Eso me ayudó a jugar más y a que el coach (Rick Carlisle) se atreviera a ponerme a comenzar. Firmar Predrag Stojakovic también nos ayudó. Mi velocidad para penetrar en la pintura fue clave. Igual, teníamos unos tiradores alrededor (Dirk Nowitzki, Jason Terry, Jason Kidd) que la cancha estaba bien abierta. Todo quedó perfecto en ese año”, resumió.

Barea, que a sus 35 años atraviesa por su decimotercera temporada en la NBA, volvió a reconocer su malestar por tener pocos minutos en cancha tras recuperarse de una cirugía en el tendón de Aquiles.

“Ellos creían que no iba estar listo para jugar. Ha sido difícil. He tenido encontronazos un poco. Yo no quería jugar como antes, todos los juegos, pero tampoco quería pasar una o dos semanas sin jugar, entiendes.  Vamos poco a poco. Estoy claro con mi rol. Desde el primer día se comunicaron conmigo y querían irse con los jóvenes, pero como todo competidor, quiero estar ahí”, dijo sobre la temporada actual, detenida el pasado 11 de marzo debido al coronavirus. 

Arroyo, por su parte, mencionó al Orlando Magic y los Pistons de Detroit como los mejores quintetos que formó parte durante su carrera en la liga de nueve temporadas.

“La pasé mejor en Orlando. Era como jugar en Puerto Rico. Aquella vez que nos enfrentamos (2007), recuerdo que los dos comenzamos el juego y Mark Cuban (dueño de los Mavericks) gritaba desde las gradas que ahora iba a ser el choque entre Puerto Rico. En Detroit, ese grupo era el mejor equipo que yo he visto. Nos fuimos a siete juegos en la final (2005) contra San Antonio”

Arroyo también recordó su etapa con el Jazz de Utah (2002-04) bajo la dirección de Jerry Sloan.

“Fue una relación bien coach con jugador. No tuvimos una relación fuera de eso. Aprendí mucho de él. Era bien disciplinado y atento al detalle. En los tiempos pedidos, en el banco los asientos estaban asignados. Todos debíamos tener el cordón del pantalón amarrado y adentro. Pedía tiempos para arreglarnos los pantalones”, recordó.

Tanto Barea como Arroyo mencionaron al exbase Darrell Armstrong, quien jugó desde 1994 a 2008, como el canastero más insoportable en cancha. De hecho, Barea indicó que ahora es “casi mejor amigo” de Armstrong ya que trabaja como asistente en Dallas.

En otras preguntas, Barea dijo que nunca se sintió menospreciado en la NBA, y seleccionó a Michael Jordan, Larry Bird, Kobe Bryant, Hakeem Olajuwon y Dirk Nowitzki como los mejores cinco en la historia de la NBA. Además, no dudó en terminar su carrera con los Indios de Mayagüez  y le encantaría dirigir la Selección Nacional en el futuro.

Ven The Last Dance

Durante la cuarentena, Arroyo y Barea no se han perdido los capítulos del documental “The Last Dance”, que narra la historia de Michael Jordan y el drama que vivieron los Bulls de Chicago rumbo a su sexto y último campeonato en 1997-98.

“Ahí te das cuenta lo imperfectos que son los equipos. Incluso, aceptaron a Dennis Rodman. En todos los equipos hay peleas en los camerinos, pero al final uno se une para ganar. Phil Jackson fue un maestro en controlar egos. No le fue bien en Isabela pero en Chicago sí. ¿Tú puedes creer eso?”, analizó Arroyo.

“Si no hay problemas, no hay equipo. Tienen que haber peleas. Es tratar de mejorar uno con el otro”, añadió Barea.