Félix “Tito” Trinidad alza los puños en euforia tras conocer la decisión que lo favoreció sobre Oscar de la Hoya en la llamada “Pelea del Milenio” en septiembre de 1999. Este fue uno de los momentos más icónicos en la carrera de Trinidad. (GFR Media / Gar (vertical-x1)
Félix “Tito” Trinidad alza los puños en euforia tras conocer la decisión que lo favoreció sobre Oscar de la Hoya en la llamada “Pelea del Milenio” en septiembre de 1999. Este fue uno de los momentos más icónicos en la carrera de Trinidad. (GFR Media / Gar

Debido a su carisma, tenacidad, disciplina y honestidad, Félix “Tito” Trinidad García seguramente hubiera sido exitoso y popular en cualquier profesión.

Afortunadamente para Puerto Rico, Tito decidió ser boxeador. Con los guantes puestos, el carismático gladiador le dio a su isla un embajador deportivo de primera línea, así como numerosas veladas de drama, acción y festejo que lo catapultaron a la estratósfera pugilística y lo colocaron en el segundo escalafón de las Leyendas Boricuas del Ring.

El púgil de Cupey debutó como profesional a los 17 años y de inmediato se distinguió por varias particularidades. Primero que todo, noqueó a nueve de sus primeros 10 oponentes, estadística sorpresiva cuando se toma en cuenta que de aficionado brilló más por su técnica.

“Yo hice 57 combates (aficionados). Noqueé a 12 y te voy a decir la verdad, nunca envié a nadie a la lona”, recordó Trinidad durante una conversación reciente con El Nuevo Día para repasar su carrera. 

Otro de los talentos que brillaron en Tito desde que saltó al profesionalismo lo fue su precisión casi quirúrgica en la ofensiva. Mientras muchos boxeadores elites  promedian cerca de 35 a 40 por ciento de golpes conectados, Trinidad comúnmente acertaba con entre 45 y 48 por ciento de sus golpes.

Una de las virtudes boxísticas que Trinidad mostró como aficionado y profesional fue un sólido trasfondo técnico. Aunque presionaba a sus rivales y buscaba los intercambios, lo hacía con una sólida defensa pasiva y un excelente ritmo evasivo, combinando el cabeceo con el quiebre de cintura.

“Yo pasaba muchos golpes, eso era una habilidad que yo tenía innata. Eso es boxeo, pararse al frente de ellos y pasar golpes. Yo lo que sí no tenía era eso de moverme así bonito con los pies, los movimientos laterales. Pero frente a ellos, pasaba golpes”, comentó Trinidad.

El expresidente de la Federación Puertorriqueña de Boxeo Aficionado, José Luis Vellón, vio al joven Trinidad de aficionado.

“Yo había visto a Tito Trinidad de niño, siempre demostró que dominaba la técnica”, sostuvo Vellón. “Incluso desde esa edad Tito tenía dos cosas, dominaba la técnica y era guapo”.

Vellón recordó cómo, con apenas 15 años de edad y tras múltiples complicaciones logísticas, Trinidad deslumbró a la afición y a la prensa cubana con su desempeño en un torneo juvenil celebrado del 23 al 27 de noviembre de 1988 en Guantánamo, Cuba.

Luego de tener diferencias con la manera en la que la Federación escogía sus integrantes, Tito decidió saltar al profesionalismo en 1990, dos años antes de las Olimpiadas de Barcelona 1992, intercambiando el posible chance olímpico por su deseo por hacer historia en el boxeorentado.

“Sinceramente hubiera sido una gran oportunidad en mi vida. Yo creo que hubiese ganado una medalla de oro para Puerto Rico”, indicó Trinidad.

“Fíjate, en el camino sucedió de otra manera. Me gané a tres medallistas de oro olímpico. Y eran grandes boxeadores, dos de ellos invictos”, agregó Tito, refiriéndose a sus victorias sobre los medallistas de oro olímpico Pernell Whitaker (Los Ángeles 1984), Oscar De La Hoya (Barcelona 1992) y David Reid (Atlanta 1996).


💬Ver 0 comentarios