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El “Bazooka” celebra tras conseguir su victoria sobre Zárate vía nocaut técnico en el Clemente. (Archivo)

La leyenda de Wilfredo Gómez va  más allá del boxeo profesional, pues también como aficionado fue uno de los mejores púgiles en la historia de nuestro país.

Para poner en perspectiva el hito que alcanzó Gómez con su medalla de oro en el Primer Campeonato Mundial de Boxeo Aficionado en 1974, es importante recordar que, desde ese torneo inaugural, el Campeonato Mundial de Boxeo Aficionado se ha celebrado anualmente.

No fue hasta 2009 que un boricua igualó el oro de Gómez. McWilliams Arroyo ganó la segunda corona mundial aficionado de Puerto Rico, la primera tras 25 años de sequía.

En ese mismo espacio de tiempo, Puerto Rico vio a 46 de sus hijos ganar un campeonato mundial en el boxeo profesional, pero solo uno de aficionado, lo que apunta a lo difícil que es ganar un título mundial aficionado comparado con uno profesional.

Otra de las estadísticas que ayudan a ilustrar su grandeza lo es su racha de 17 defensas titulares ganadas por nocauts, uno de esos récords que marcan un deporte, como los 2,632 partidos consecutivos jugados de Carl Ripken, los 5,714 ponchados y los siete no-hitters de Nolan Ryan, o el récord de Bernard Hopkins como el campeón más  de mayor edad, 46 años, que difícilmente será igualado.

Pero, más allá de las estadísticas, la grandeza de Gómez yace en sus vistosos nocauts y en su empuje por pelear sin tregua, aunque estuviera al borde del nocaut.

Su bravura y tesón le ganaron fanáticos alrededor del mundo, al punto de que el peleador irlandés Michael Armstrong se cambió su apellido a Gómez porque cuando se subía al ring quería hacerlo con el apellido de su boxeador favorito e ídolo de su juventud.

En 1995, Gómez fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional de Boxeo en Canastota, Nueva York.

Ese carisma, junto con sus talentos, su dominio de la técnica y su potente pegada con ambas manos son señal de que, si algún día un grupo de científicos logran crear en el laboratorio al boxeador perfecto, de seguro que tendrá mucho parecido con el “Bazooka" de Las Monjas.


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