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Macho Camacho usaba las conferencias de prensa para intentar desenfocar a su oponente. (Archivo)
Macho Camacho usaba las conferencias de prensa para intentar desenfocar a su oponente. (Archivo)

La genialidad de Héctor Camacho y su facilidad con el verbo no solo le ayudaban a capturar la atención del público. Su retórica también podía ser una valiosa arma para vencer a sus rivales mucho antes de encararlos en el centro del cuadrilátero.

Él se le metía en la mente a sus rivales”, explicó Francisco “Paco” Valcárcel, presidente de la Organización Mundial de Boxeo.

“Hubo unos cuantos que se enfadaron con él por lo que decía durante las conferencias de prensa y eso los frustraba en el ring (cuando no podían pegarle). Pero, en todo el tiempo que lo conocí, no recuerdo haberlo visto molesto con alguien. Era un tipo alegre. Quizás durante la promoción de alguna de sus peleas la cosa se calentó algo, pero después Camacho seguía alegre. No lo tomaba muy personal y seguía alegre”, agregó.

A menudo, temprano en su carrera campeonil, peleadores equivocadamente concluían que las payasadas, comentarios y estilo relajado de Camacho se traducirían en debilidades dentro del ring, por eso de que perro que ladra, no muerde.

Ese no necesariamente era el caso de Camacho, quien en su primer reinado boxístico en muchas ocasiones aceptaba el reto de intercambiar en la media distancia con rivales considerados más pegadores que él.

“Cuando Camacho se hizo campeón por primera vez, era increíble. Su velocidad, su boxeo, su disposición para el intercambio... Lo vi y pensé que era invencible”, recordó el veterano juez neoyorquino Harold Lederman en Las Vegas en conversación con El Nuevo Día la noche del combate entre Oscar De La Hoya y Luis Ramón “Yori Boy” Campas en el 2003.

“Era esquivo y zurdo como (Pernell) Whitaker, pero más rápido de manos”.