Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

La fiebre del Mundial despierta un deporte que fue rey a inicios del siglo 20

Nota del editor: primer artículo de una serie sobre el fútbol en Cuba en el marco del Mundial de Rusia 2018

La Habana, Cuba - Son las 6:30 de la tarde y el sol comienza a caer lentamente frente al Malecón habanero. En el complejo deportivo Camilo Cienfuegos del barrio de Vedado, derruido por el salitre del mar que lo bordea y por los años sin mantenimiento adecuado, un grupo de jóvenes se acerca con una pelota de fútbol y se lanza a una de las profundas piscinas vacías que hay en el recinto.

Con dos porterías improvisadas y un balón maltratado, comienzan a jugar con intensidad y sus alaridos se escuchan por toda la cuadra, magnificados por el eco que causa el desnivel entre el espacio falto de agua y el suelo del polideportivo arriba de sus cabezas.

Por momentos parece como si ese encuentro entre amigos se tratara de la final de la Liga de Campeones. Se lo viven con pasión, como si ellos mismos fueran la encarnación cubana de un Messi o un Ronaldo, como si allí jugarán el Real Madrid contra el Barcelona o Argentina contra Portugal.

Esa atmósfera de competitividad no se circunscribe a esa piscina vacía, no es un hecho, por llamarlo de alguna manera, aislado. Más lejos de allí, en un edificio abandonado de la Ciudad Deportiva de La Habana, en el mismo terreno donde los legendarios Rolling Stones dieron su concierto, se repite el mismo patrón.

Jóvenes lo dan todo aprovechando un espacio que una vez fue un pabellón de esgrima y que hoy no sirve para nada más que para ser una cancha de fútbol improvisada, con las porterías pintadas en las paredes y un techo que los protege del inclemente sol habanero.

Una escena similar se da cada tarde en la cancha de baloncesto del parque Ho Chi Ming en Nuevo Vedado. Los gritos parecen salidos de una gallera, pero qué va, no hay un solo gallo por allí. Se trata de la peculiar partida de fútbol de los jóvenes del barrio, que han establecido su liga comunal y no fallan a su cita vespertina.

En los tres lugares juegan duro, se dan golpes, gritan cuando alguien falla y celebran eufóricos cada gol. Juegan su propio Mundial, a su estilo, con sus reglas, pero también con toneladas de ese ingrediente vibrante que ha convertido el fútbol en deporte rey en todo el orbe: la pasión.

El fenómeno no es exclusivo de La Habana. En un terreno polvoriento en el pueblo de Arroyo de Mantua, en la punta occidental de la isla, los niños juegan descalzos con toda la energía que la infancia provee. Ellos quieren ser como Messi, como Ronaldo o como Suárez. Quieren salir de Cuba para convertirse en estrellas de un deporte que los ilusiona más que el béisbol.

“En el futuro quiero estar en la máxima categoría del fútbol, ser muy también buen estudiante, y sino soy futbolista, seré médico como mi papá. A pesar de ser cubano, quiero ser igual que Messi”, dice Lázaro López Ledesma, de 12 años y residente de este remoto poblado cubano.

(Suministrada)

En el cine Yara, el principal de La Habana, es el 26 de mayo. La sala está llena, como si se tratara del esperado festival que una vez al año colma el lugar. Pero no, no se verá una película, allí se transmitirá la final de la Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Liverpool. El lugar está repleto, no cabe un alma, y muchos se quedaron fueran rabiosos por haber llegado tarde y no disfrutarse allí un partido en el cual, una vez más, los asistentes son movidos por la pasión.

Y es que en Cuba se respira una pasión por el fútbol que no se veía desde principios del siglo 20.

La isla donde el béisbol, el atletismo y el boxeo son los reyes históricos de la película, ha visto cómo la última década ha renacido un fanatismo a ultranza por el fútbol, un deporte que a principios del siglo veinte vivió su época de oro cuando jugadores cubanos coronaron con su talento y se integraron a las filas del legendario Real Madrid.

Las causas para esa fiebre colectiva son variadas.

El comisionado nacional de fútbol, René Pérez, entiende que uno de los mayores factores fue la entrada del fútbol profesional a las transmisiones televisivas estatales, donde pueden verse en vivo los partidos de la Liga Española, así como de otros torneos europeos.

“Que el fútbol haya llegado a los grandes medios nacionales ha sido muy importante. En Cuba siempre ha habido y se ha jugado fútbol, pero nunca como ahora, que se ve el fútbol hasta en los estadios de béisbol”, afirmó Pérez en entrevista con El Nuevo Día.

Ver en la pantalla chica a los grandes jugadores de las ligas europeas, como Messi y Ronaldo, ha creado un fanatismo por el Barcelona y el Real Madrid que confunde, pues la cosa es tan pasional que a veces parece que los cubanos son catalanes o madrileños.

Los carros pintados con los escudos de esos equipos transitan por las calles con la mayor naturalidad, los balcones de las casas son adornados con emblemas madridistas o barcelonistas, hay quien tiene tatuados los logos de su onceno favorito y no pocas relaciones amorosas o de amistad acaban de mala manera por desencuentros causado por la rivalidad entre el Real Madrid y el Barcelona.

(Suministrada)

Ese fervor no es fortuito. Según Pérez, tener acceso a ver un espectáculo de este nivel por la televisión ha provocado un boom sin precedentes en la población, que siente el fútbol internacional con la misma energía que una vez vivió el béisbol, el deporte nacional del país.

El fanatismo ha crecido sin pausa en las últimas dos décadas, conjugado porque ahora los cubanos no ven los futbolistas cada cuatro años, cuando se transmite el Mundial de Fútbol, sino que pueden seguirlos todos el año por la Televisión Cubana o por el acceso a internet masivo que no tenían hace 20 años.

Así se ha generado una atmósfera nacional sin precedentes, que recibe al Mundial de Fútbol Rusia 2018 con una fiebre mayor a los 40 grados. Todos los partidos del Mundial serán transmitidos por la Televisión Cubana, gratis, sin anuncios y con una señal libre de elementos comerciales.

Los cubanos lo esperan con ansias, pues el Mundial se ha convertido en el tema de conversación obligado en un país donde se debate de deportes tanto como de política. La cosa llega a tal punto que no es extraño ver residencias con banderas en los balcones alusivas al país que se respalda en esa casa.

Ese ambiente festivo, impulsado por el poder del marketing internacional que tiene la maquinaria del fútbol, tiene su origen en que en Cuba siempre se ha jugado fútbol, o sea, que este fenómeno no es repentino.

Lo que ocurre es más bien un resurgir de un deporte que estaba en modo latente, esperando por revivir y volver al tope del interés nacional, como ocurrió en el primer tramo del siglo 20.

Es un hecho de que ni siquiera el béisbol, el deporte nacional por décadas en esta caribeña isla, puede presumir de una organización tan longeva como la del fútbol. Su historia, al menos la oficial, sobrepasó hace algunos años el siglo de existencia.

De hecho, Cuba logró en un momento acudir a una Copa del Mundo. Lo hizo un puñado de jugadores en la edición de 1938, que llegaron como invitados a Francia y no desentonaron.

Aquel logro tuvo sus raíces en la primera década del siglo XX, cuando se registran los primeros pelotazos sobre pastos cubanos. El primer partido oficial se jugó el 11 de diciembre de 1911 en los terrenos de Palatino, una instalación ubicada en el municipio capitalino del Cerro.

(Suministrada)

Tuvo como protagonista al equipo Hatuey, primero conformado en el país con una mezcla de jugadores españoles y cubanos. Como contendiente estuvo el Rovers, con sede en la calle habanera de O´Relly, armado por jugadores ingleses, quienes se llevaron el triunfo de aquella histórica jornada con pizarra de 1-0.

Un mes antes de ese juego se había creado la Federación Cubana de Fútbol y en 1912 se disputaba la primera temporada, con el nacimiento de los equipos Hispano América, Olimpia, Cienfuegos y ACV Football Club, luego rebautizado como Iberia y dueño todavía de un récord histórico difícil de igualar: 35 partidos consecutivos sin conocer la derrota entre diciembre de 1927 y septiembre de 1928.

“Entre los emigrantes, sobre todo los ingleses y españoles, y los marineros de los barcos que atracaban en los puertos cubanos, trajeron el fútbol a Cuba. Pero poco a poco los criollos se fueron sumando y no demoraron mucho en crear sus propios equipos”, afirmó Carmelo Ortega, presidente de la Sociedad Canaria en Cuba, y testigo privilegiado del temprano desarrollo de este deporte en la isla.

En1926, cuando Cuba entró a formar parte de la FIFA, llegó a la isla por primera vez un equipo extranjero, el Galicia Sporting Club, formado por jugadores gallegos residentes en Nueva York.

Ese mismo año le imitaron el Colo Colo de Chile y el Real Club Deportivo Españyol de Barcelona. Las visitas ilustres se repetirían año  tras año y el archifamoso Real Madrid jugarías dos partidos en la capital cubana en 1927 –repetiría la visita en 1952-, un año más tarde le tocaría el turno al Alianza Lima peruano y en 1929 desembarcaría el Nacional de Montevideo uruguayo, con varias figuras de la selección charrúa campeona de los Juegos Olímpicos en 1924 y 1928.

Otros clubes de primer nivel eligieron a Cuba para realizar sus pretemporadas o disputar algunos partidos amistosos. La lista incluyó al Vélez Sarsfield argentino, el Audaz Italiano de Chile, los españoles Atlético de Madrid, Celta de Vigo y el Real Sporting de Gijón, o el Deportivo Cali colombiano, los cuales apostaban por el buen nivel del fútbol que se jugaba en Cuba por aquellos tiempos, tanto que ganaron y perdieron partidos frente a diferentes clubes de la isla.

Ortega, quien llegó a Cuba en la década de 1950 y fue presidente de la Asociación de Fútbol de La Habana, recuerda con cariño esos tiempos dorados en el origen del fútbol cubano.

“En los primeros tiempos las sociedades españolas fueron creando equipos de fútbol con mayor o menor trascendencia, especialmente en La Habana, donde estas sociedades eran muy fuertes. Fueron apareciendo el de la Juventud Asturiana, el del Centro Gallego, el Fortuna, se crearon los primero terrenos como el de Campo Armada, y todo esto dio mucha vida a todas las temporadas de aquella época”, rememoró.

“En la década de 1950 es que se hace ya una liga semiprofesional que propició un notable desarrollo, pero económicamente no fructificó y finalizó en 1954, aunque siguió con carácter más bien amateur. Además, había un gran movimiento en torno al fútbol, se jugaban diferentes categorías como infantil y juvenil, y un empresario como Bobby Maduro quiso darle un impulso y trajo a La Habana a equipos españoles de primer nivel”, añadió.

Esa fue una época dorada para los aficionados cubanos, que tuvieron la posibilidad de ver jugar en casa a importantes figuras del balompié mundial.

“No tengo ninguna duda sobre la calidad que tenían los jugadores cubanos. Y no sólo aquellos que fueron al Mundial o los que jugaron en equipos como el Real Madrid, también los que estaban en los clubes que aquí se enfrentaron a equipos extranjeros. Yo tuve la oportunidad de verlos, de estar con muy cerca de ellos”, apuntó Ortega. 

Lo mismo piensa el español Álvaro Kirkpatrick, quien reside en Cuba desde hace ocho años y preside la peña del Real Madrid en La Habana, un grupo que en muy poco tiempo ha tenido un crecimiento vertiginoso y que abarrota un salón del hotel Habana Libre cadavez que el club tiene un partido importante, como el de la Champions de mayo pasado, el cual ganaron para repetir su título europeo.

“Cuba ha tenido mucho que ver en los inicios del fútbol. Cuando se creó en 1902 el Real Madrid, había cuatro cubanos en el primer equipo, y dos de ellos fueron miembros de la Junta Directiva. La madre de Santiago Bernabéu era cubana, nació en Camagüey”, dijo Kirkpatrick con cierta dosis de admiración.

En efecto, además de los hermanos José, Armando y Mario Girald, aquella nómina primigenia incluía a Antonio Sánchez Neyra, todos nacidos en la entonces excolonia española. El mismo privilegio tuvieron luego Enrique Ferrer, Fernando López Quesada Bourbón, Mauro Inchausti Goitía y Jesús “Chus” Alonso, este último entre los máximos artilleros en la historia del club merengue y autor del primer gol anotado en el estadio Santiago Bernabéu.

Por aquellos tiempos Cuba era una potencia regional y logró el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1930. Luego, a raíz de las ausencias forzadas de varias selecciones que renunciaron a su participación, el equipo cubano fue invitado al Mundial de 1938, donde se convirtió en la primera nación caribeña que incursionó en la fase final, al alcanzar los cuartos con balance de un triunfo, un empate y un revés.

Con el triunfo revolucionario en 1959, toda la estructura del fútbol pasó a manos del Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER). Ya sin clubes privados y con diversos formatos delineados de acuerdo a las circunstancias –sobre todo económicas-, el fútbol nunca murió y se ha mantenido una Liga Nacional que celebra su edición número 103.

El nuevo orden socialista abolió, como pasó con todos los deportes, el profesionalismo, pero eso no impidió que los logros de Cuba en el deporte brillaran.

Centrados en las competiciones olímpicas en formato amateur, los equipos cubanos lograron los cetros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1970, 1974 y 1978, y en los juegos de 1986 se alcanzaron la última medalla en estas lides con un tercer puesto. En su palmarés, Cuba también acumuló dos participaciones olímpicas, sacando en Montreal 1976 un notable empate frente a la histórica Polonia, liderada por Latto, y llegando hasta los cuartos de final en la justa celebrada en Moscú 1980.

A nivel de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe (CONCACAF), el fútbol cubano consiguió un cuarto puesto en la edición de 1971 del torneo que antecedió a la Copa de Oro, a la cual el país ha clasificados en ocho ocasiones.

En Juegos Panamericanos, el onceno cubano se apuntó una medalla de plata en la edición de 1979 en San Juan, así como metales bronceados en 1971 y 1991.

Con la llegada del profesionalismo al ámbito olímpico y los problemas de deserciones en las delegaciones, el fútbol cubano comenzó a debilitarse a pasos agigantados, hastaque la apertura a las señales internacionales de televisión volvieron a revivirlo.

(Suministrada)

Dado el arraigo histórico que ha tenido el fútbol en la isla, no fue complicado que el fanatismo de los últimos años comenzara a gestarse, cimentado en un fuerte componente nostálgico y cultural, pues el fútbol no llegó como un nuevo elemento, sino que vino para intentar recobrar el sitial que tuvo hace más de un siglo y que se perdió con el vaivén de los años.

Este Mundial encuentra a Cuba con una efervescencia nunca antes vista en el país. En la calles se respira fútbol, en las casas se ve fútbol, en los bares de habla de fútbol y en cualquier espacio vacío se juega al fútbol, no importa si es una piscina vacía, un edificio abandonado o una cancha de baloncesto que no ve un canasto hace años.

Llegó el Mundial y en Cuba sólo esperan que ruede la pelota, tanto como si ellos mismos estuvieran allí, como lo lograron en 1938 y esperan repetirlo algún día.


💬Ver 0 comentarios