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El 13 de agosto de 2016 vivirá eternamente en la memoria del país y en los registros del deporte puertorriqueño como el día en que Mónica Puig completó una mágica corrida en Río de Janeiro.
El 13 de agosto de 2016 vivirá eternamente en la memoria del país y en los registros del deporte puertorriqueño como el día en que Mónica Puig completó una mágica corrida en Río de Janeiro. (Andre Kang)

RÍO DE JANEIRO, Brasil - En el día que se conmemoraban 68 años de la primera medalla de Puerto Rico en unos Juegos Olímpicos por parte del boxeador Juan Evangelista Venegas, la tenista Mónica Puig le imprimió un nuevo significado a la fecha al conseguir la primera presea de oro en la historia del país a este nivel.

Nunca antes había sonado La Borinqueña en el más grande escenario deportivo. Pero, en la decimoctava participación olímpica de Puerto Rico, finalmente, una boricua subió a lo más alto del podio. La gesta de Puig se amplifica, pues su oro en el torneo de sencillos de los XXXI Juegos Olímpicos de Río 2016 es también el primero para una deportista nacional desde nuestro debut en los Juegos de Londres 1948.

Puig, de 22 años y nacida en San Juan, verbalizó mejor que nadie lo que logró tras vencer a la número dos del mundo, la alemana Angelique Kermer, en la final por sets de 6-4, 4-6 y 6-1: “Luché y puse el corazón y mi alma en la cancha”.

No había un libreto para el momento. Habían pasado 17 Juegos Olímpicos desde Londres 1948 hasta Río 2016, y en todos hubo intentos de alcanzar ese oro. Pero gracias a una victoria aguerrida de Puig, llena de momentos para el recuerdo, ya ese sueño es una realidad.

“Es increíble”, destacó Puig luego de vivir entre lágrimas y sobrecogida por la emoción el momento en que vio la bandera de Puerto Rico alzarse al momento en que sonó La Borinqueña durante la ceremonia de premiación.

“Fue el torneo y el momento de mi vida. Nunca imagine que yo iba a lograr esto tan temprano en mi carrera”, expresó la Pica Power.

Decidida desde el momento que puso un pie en Río a darle una alegría inmensa al país, Puig dijo que tuvo éxito en el torneo porque tenía mucha fe en ella.

“Sabía que algo grande iba a venir ya mismo. Y solamente tenía que estar muy paciente, pues el momento iba a llegar. Y sé que esto no va a parar”, destacó refiriéndose a que se vislumbra creciendo aún más en éxitos deportivos tanto en la gira de la Asociación de Tenis de Mujeres (WTA) así como en futuros torneos representando a Puerto Rico.

Kerber, posterior al partido, reconoció que Puig fue superior en la final.

"Lo merece porque le ha ganado a muchas grandes jugadoras esta semana. Me venció jugando yo un buen tenis. Hice todo lo posible por ganar el partido ya que también quería darle la alegría del oro a mi país. Pero Mónica llegó a jugar sin ninguna presión por no ser la favorita y me parece que ha presentado la mejor semana de tenis de su carrera”, dijo Keber.

Sin dudas Puig ha jugado el mejor juego de su vida. Y lo hizo porque como reiteró ayer, para ella, una medalla de oro olímpica tendrá toda la vida un valor mayor a un título de Grand Slam.

“Fue un momento especial. Amo tanto a Puerto Rico y estoy tan agradecida de tanto apoyo que me han dado, y de tanto cariño, que me sentía que les debía una y hoy la he pagado con esta medalla”, agregó.

Puig arrancó algo fría el juego y su rival le quebró el servicio en el primer game, pero inmediatamente le devolvió la movida a Kerber para poner la acción 1-1. Luego fue al ataque en los próximos cuatro games con tal de llegar al noveno del set en ventaja, 5-4. La cosa se puso mejor cuando recibiendo a Kerber en el décimo game, Puig logró arrancar con un 0-30 que la animó para luchar hasta volver a romper el servicio de su rival y ganar el set, 6-4. Al finalizar ese set, Kerber solicitó un tiempo para ir al baño.

La movida surtió efecto, pues a su regreso Kerber vino potente y forzó a Puig a correr de esquina a esquina manteniéndola en desbalance y logrando quebrarle el primer servicio y luego defender el suyo para irse a ventaja 2-0. Fue un inicio que a la larga probó ser clave, ya que aunque Mónica logró defender sus próximos tres servicios, y le robó a la alemana el octavo game, la alemana dominó finalmente, 6-4.

Todo esto tornaba el ambiente en uno tenso para Puig, quien estaba consciente del objetivo que perseguía. Sobre sus espaldas estaban todas las esperanzas de un país hambriento por una alegría. Ella buscaba aliento y maneras de calmarse. Y de las grandes escuchaba un coro de “Sí se puede” cada vez que existía una pausa. Y según dijo luego, el coro le ayudó porque le movió a creerlo y a continuamente repetirlo en su mente.

“Trataba de bloquear todos los ruidos, pero ese ‘Sí se puede’ era imposible bloquearlo. Así que me lo repetí en cada jugada y lo logré. Todo es posible. Solo hay que creer”, agregó.

En el tercer set, Puig entró decidida, jugando con fuerza y determinación. No que antes no lo hubiera hecho. De hecho, lo hizo en todo el torneo. Pero algún extra le puso. Y así ganó sus primeros tres servicios y le quebró los primeros dos a Kerber para irse al frente 5-0 y poner a los presentes y Puerto Rico en preparación para la fiesta. Kerber luego defendió su saque, pero no pudo hacer más y Puig volvió a ser agresiva forzando que Kerber botara un retorno en uno de sus ataques para cerrar el juego.

En ese instante, Puig soltó la raqueta como en cámara lenta. Al momento levantó sus manos hacia su cara como preguntándose si lo había logrado. Y de ahí se tiró al piso a llorar antes de levantarse para saludar a la distancia a su equipo y luego a los fanáticos.

Y así, el 13 de agosto de 2016 vivirá eternamente en la memoria del país y en los registros del deporte puertorriqueño como el día en que Puig completó una mágica corrida en Río de Janeiro que culminó con la espera de escuchar nuestro himno nacional en unos Juegos Olímpicos.