Revelamos los sueños y te mostramos la preparación de los estudiantes de la Escuela Vocacional Hípica, en Canóvanas.

Canóvanas – Unos llegan viéndolo como su última oportunidad de triunfar en la vida. Otros con expectativas muy altas —a pesar de que por su baja estatura se han acostumbrado a escuchar que solo sirven para ser jinetes.

Pero la historia de la Escuela Vocacional Hípica Agustín Mercado Reverón, en especial en los últimos 15 años, ha comenzado a cambiar la manera de ver la profesión de jinete. Al menos ya no tiene que ser vista como una opción por descarte, sino como esa decisión que les puede cambiar la vida a muchos jóvenes.

La Escuela Vocacional Hípica, fundada en 1972 y enclavada en los predios del Hipódromo Camarero, se ha convertido en una gran exportadora de talento para el hipismo norteamericano, y en una fábrica de sueños, luego de que siete jinetes egresados del plantel ganaran ocho Premios Eclipse en los últimos 15 años. De esos ocho trofeos, cuatro han sido para jinetes de primera categoría y otros cuatro para aprendices, lo que indica que tan pronto salen de la institución están listos para triunfar.

La racha comenzó en 2004 cuando el carolinense John Velázquez se agenció la primera de dos estatuillas consecutivas como el mejor jinete de la hípica norteamericana. Los otros dos Eclipse para jinetes de primera categoría los obtuvieron más recientemente los hermanos José Luis e Irad Ortiz, Jr., en 2018 y 2019.

Esos y otros ejemplos, como el del ganador del Premio Eclipse al mejor aprendiz en 2018, Evin Román, son los que motivan a jóvenes de la escuela. Y no solo por el aspecto competitivo, sino también porque aspiran a mejores oportunidades económicas como los hermanos Ortiz.

“Desde chiquito me han gustado los caballos, pero nunca supe que había una escuela hípica. Y ya que en otros deportes no tuve oportunidad de entrar, sinceramente la última opción que tuve fue entrar aquí a la escuela. Jugué béisbol, voleibol y baloncesto, y muchas puertas no se abrieron como pensaba”, declaró Luis Rivera, quien culminará el curso de jinete en diciembre, y espera graduarse en enero de 2020.

Ahora dentro de la escuela, Rivera ve la carrera de jinete desde otra perspectiva, y no necesariamente como un mero remedio.

“Ahora estoy dando el máximo para lograr lo que muchos han hecho, para hacerlo quizás igual o mejor. Estoy pensando estar por lo menos tres o cuatro meses acá y luego irme afuera a competir allá”, dijo Rivera a El Nuevo Día en medio de una jornada en la escuela.

Así como la historia de su amigo Evin Román y de los hermanos Ortiz motivaron a Rivera, los líderes de la Escuela Vocacional se sienten inspirados para continuar realizando su labor, que va más allá de formar los futuros ganadores de Premios Eclipse.

“Me llena de orgullo decir que de los mejores cinco jinetes en el hipismo en Estados Unidos, tres de ellos son de Puerto Rico. Y eso nadie lo puede poner en duda”, expresó el licenciado José Maymó Azize, jefe de la Administración de la Industria y el Deporte Hípico (AIDH), refiriéndose a los hermanos Ortiz y a Velázquez, quienes han estado consistentemente entre los mejores jinetes en dinero producido por sus montas en los últimos años. Y de hecho, junto a Manuel Franco, cuatro de los mejores siete en la estadística de esta temporada en Estados Unidos, son puertorriqueños.

Aunque no se rige por el Departamento de Educación, la Escuela Vocacional ofrece a sus estudiantes un programa paralelo mediante el cual los participantes pueden completar su cuarto año, según explicó su directora Ana Delia Velázquez. Los jóvenes pueden entrar a los 16 años. Es gratuito. El curso de jinete se completa en dos años, mientras que los de galopador, entrenador y herrero, son más cortos. Al momento, hay alrededor de 20 estudiantes en los cursos de jinete. Cuando se le preguntó a la directora a qué responde el éxito específico de la última década, destacó que el programa es ahora más estructurado.

Formación completa

“Tuvimos una reorganización en términos de currículo. Entendíamos que los jinetes no solamente aprendían en el field. También hay una formación que queríamos darle con más profesionalismo a jinetes, galopadores, herreros y entrenadores. Porque nuestra escuela no es solo para jinetes”, aclaró la directora. Aparte de los ganadores de Premios Eclipse, Maymó y Velázquez se sienten orgullosos porque la escuela ha preparado a otros jóvenes para obtener sus oficios y luego tener éxito cuando salen a trabajar.

Como ejemplo mencionó el caso de varios galopadores que han ido a trabajar a Estados Unidos para los entrenadores más reputados como Todd Pletcher y Chad Brown. “En general añadimos un currículo que incluye inglés conversacional, porque muchos se van a Estados Unidos, educación física, ética profesional y teoría hípica”, agregó Velázquez.

A pesar de que tanto Maymó como Velázquez y los instructores de la Escuela están conscientes de que hasta un 75% de los graduados salen del país una vez concluyen su preparación, queda la satisfacción por lo que ellos aportan.

Función social

“A pesar de los recortes presupuestarios (a la AIDH), la agencia ha hecho el sacrificio por mantener la escuela, porque entiende que a pesar de que muchos no se quedan en Puerto Rico, vale la pena en el sentido de al menos no tenerlos en la calle. Estos jóvenes, si no estuvieran aquí hoy día, estarían delinquiendo en algún lugar. Así trabajen en China, lo importante es que se gradúen, terminen y tengan una profesión digna y honesta”, expresó Velázquez.

La directora dijo que la mayoría de los estudiantes que recibe son de escasos recursos económicos. Llegan también desertores escolares y otros encaminados al fracaso académico, hasta que llegan a la Escuela Vocacional. Igualmente ha tenido estudiantes que han estado recluidos en instituciones correccionales o programas de desvío.

“Aquí se les da la oportunidad de que hagan algo que va más enfocado a una profesión en su sentido vocacional. Y como a muchos les gustan los caballos, tienen que estudiar. Y lo hacen porque tienen una motivación”, agregó la directora.

Hay que tener motivación para levantarse todos los días de madrugada y estar en las instalaciones del Hipódromo Camarero ya a las 6:00 de la mañana. A esa hora comienzan a trabajar con los ejemplares, incluyendo bañarlos, alimentarlos y galoparlos en la pista. Tras pesarse rutinariamente todas las mañanas a las 9:00, los jóvenes toman su desayuno y a las 9:30 entran al aula para la parte académica. Aunque la mayoría sale a la 1:30 después del almuerzo, los que participan del Programa de Educación de Adultos (PEA), deben continuar con otras clases entre 2:00 y 6:00 p.m. hasta completar su cuarto año de escuela superior en un periodo de cuatro meses. En otras palabras, son jornadas de 12 horas diarias.

El hecho de que la Escuela Vocacional está dentro de un hipódromo —a diferencia de otras jurisdicciones en Estados Unidos— y de que los estudiantes en el curso de jinetes tienen hasta 18 carreras de práctica en su año de graduación, son factores adicionales que, a juicio de Velázquez, han enmarcado el éxito de los jinetes puertorriqueños cuando emigran.

“Además de esa función de rescatar a estos jóvenes que luego ejercen las diferentes profesiones, también tenemos que ver que esta escuela lo que ha fomentado es el desarrollo constante de nuestra industria hípica”, dijo Maymó.


💬Ver 0 comentarios