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El gancho central de esta historia es ver a Jean Grey (Turner) consumida por su lado oscuro y por un poder absoluto. (Suministrada)

Antes de todo, lo primero que hay que establecer es que “X-Men Dark Phoenix” es infinitamente superior a “X-Men The Last Stand”, la primera vez que la crisis de poder de Jean Grey fue llevada a la pantalla grande.

A pesar de que es una buena noticia, no todo en este filme es causa de celebración. Decir que el filme de 20th Century Fox que llegó a los cines esta semana es una oferta promedio, resulta un poco más problemático cuando se toma en consideración que la producción se supone que sea el cierre del ciclo que el estudio inició con el estreno de “X-Men First Class”.

El filme cuenta con varios recursos positivos. Entre ellos, el manejo de los personajes del grupo titular. Por primera vez en dos cintas, Jennifer Lawrence parece estar despierta y genuinamente interesada en la trama y en el personaje de Mystique impacta sobre la misma. De una forma extendida, actores del calibre de Michael Fassbender y James McAvoy siguen encontrando formas de innovar con sus personajes, mientras que Nicholas Hoult, Ty Sheridan, Alexandra Shipp, Kodi Smit-McPhee y Sophie Turner igualan sus esfuerzos con sus respectivos mutantes. 

Lo otro que se puede apuntar en la columna de aciertos de esta película es la acción. La trama tiene buen ritmo y la dirección de Simon Kinberg (que debuta como director en esta película después de haber escrito y producido gran parte de la saga), logra un buen balance entre el dilema emocional de Jean Grey y el resto de los X-Men y momentos que claramente que están diseñados para deslumbrar al espectador. Como resultado, el filme no tiene el aire genérico y repetitivo que marcó el clímax de “X-Men Apocalypse”.

Aun con todo esto a su favor, su impacto es diluido por unas incongruencias del guion que son extremadamente difíciles de ignorar.

El gancho central de esta historia es ver a Jean Grey (Turner) consumida por su lado oscuro y por un poder absoluto. Esto sucede después de que los X-Men tienen que asistir a la NASA debido a una crisis con una de sus naves en el espacio. La tensión incrementa cuando uno de los personajes clave de esta serie fallece como resultado del exceso de poder de Grey. Esto vuelve a dividir a los mutantes. Charles (McAvoy) y Scott (Sheridan) están convencidos que pueden salvar a Jean, mientras que Magneto lidera un grupo que busca su exterminio. 

Con todo eso, el guion de “Dark Phoenix” tenía más que suficiente para un buen filme, pero por razones que no quedan claras en ningún momento el guion de Kinberg decide añadir una raza de extraterrestres que están en busca de la energía que ha poseído al personaje titular y que llevan años infiltrados en posiciones de poder en el planeta Tierra. El que la líder de estos antagonistas sea interpretada por Jessica Chastain solo resalta que toda esta parte de la narrativa sea hueca e inconsecuente. 

El otro punto que vale la pena recalcar es que aunque el arco dramático del personaje titular en este filme sí logra tener resonancia emocional, la realidad del caso es que el filme hubiera sido infinitamente interesante si el personaje le hubiera dado más rienda suelta a su furia. Si hubiese planes para más filmes, el choque de entretenimiento efectivo con las consecuencias de un guion defectuoso no resultaría tan frustrante; pero como final del ciclo de películas de X-Men en 20th Century Fox, deja mucho que desear. 


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