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Ben Hardy, Gwilym Lee, Joseph Mazzello y Rami Malek dan vida a los integrantes de Queen. (Suministrada)

Además de ser una fabulosa y entretenida celebración cinematográfica de la música de Queen, el filme “Bohemian Rhapsody” registra como un experimento curioso que muestra como una estructura dramática convencional puede resultar perfecta para exaltar lo extraordinario y singular de la vida de Freddie Mercury. No hacía falta un filme para saber que jamás habrá otro artista como Mercury. Sin embargo, uno de los triunfos de esta producción de 20th Century Fox, que comienza a exhibirse hoy en los cines de Puerto Rico, es como captura con honestidad y emotividad lo peculiar que fue para este artista consagrarse como una leyenda.

El filme no refleja en pantalla ninguna de las tribulaciones que llevaron al despido del director Bryan Singer (“X-Men Apocalypse”, “The Usual Suspects”) antes de que la fotografía principal fuera completada, ni cuenta con los despliegues épicos de la composición musical de Queen que le da nombre a la película. La producción se apoya de un guión con una estructura simple, pero afortunadamente eso no es sinónimo de resultar genérico.

“Bohemian Rhapsody” no es el primer ni último filme en trazar las altas y bajas de una banda de rock que llega al estrellato. El corazón de la producción reside en los detalles específicos de como fue esa jornada para Mercury. La película lo presenta como un individuo en conflicto constante con todo lo que lo separaba del resto de la sociedad: su talento, su identidad cultural y su sexualidad.

El guion de Anthony McCarten aparenta quedarse en la superficie de esa historia, pero su complejidad ha sido trazada y capturada en la extraordinaria interpretación de Rami Malek como Freddie Mercury. Su actuación es la razón principal para ver la película y un estudio detallado y honesto de la humanidad trágica, frágil y contradictoria de un icono.

Lo primero que impresiona y llama la atención de Malek es su transformación física. Sin embargo, el verdadero poder de su interpretación es la forma en que el actor, sin decir ni una sola palabra o recurrir a excesos dramáticos, logra capturar los miedos, las inseguridades y la soledad crónica que eventualmente puso en riesgo el legado musical de la banda que Mercury ayudó llevar al estrellato.

Los fanáticos de Queen se quedarán con deseos de más escenas que muestren la dinámica entre Mercury, Brian May (Gwilym Lee), John Deacon (Joseph Mazello) y Roger Taylor (Ben Hardy) mientras creaban éxitos como “We Will Rock You”, “Another One Bites the Dust” o la canción titular. Mientras que los espectadores que no estén familiarizados con los detalles de la historia de la banda seguirán de forma lineal como sus integrantes van del anonimato de tocar en barras universitarias a convertirse enartistas que transformaron el rock durante los setenta y principios de los ochenta.

Y si bien es cierto que el filme podría haber eliminado uno que otro montaje musical que resumiera las giras y los éxitos de la banda, por escenas que profundizaran los puntos de vista de May, Taylor y Deacon o muestren más del proceso creativo de la banda, las imperfecciones de la producción desaparecen al llegar a su clímax una secuencia extendida que dramatiza la participación de la banda en el concierto Live Aid en Wembley Stadium en 1985. El evento se organizó para combatir la hambruna que azotaba a Etiopía.

El poder indiscutible de esta secuencia junto con el trabajo asombroso de Rami Malek durante todo el filme más que justifica el que la magia de Queen haya dado el brinco a la pantalla grande con esta película.


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