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Esta aventura medieval, basada en la leyenda del rey Arturo y la espada mágica, es protagonizada por niños. (Suministrada)

Gran parte del atractivo de “The Kid Who Would Be King”, largometraje de 20th Century Fox que estrena hoy en la isla, es cómo el guionista y director Joe Cornish logra emular las mejores cualidades del entretenimiento familiar que Steven Spielberg produjo en los 80 con su casa productora Amblin Entertainment sin tener que copiar su estilo particular.

Los espectadores que recuerden el momento en que películas como “The Goonies” (1985) o “Young Sherlock Holmes” (1985) eran estrenos en los cines, podrán apreciar cómo este cineasta usa las convenciones de una aventura clásica sin tener que arroparla en una ola nostálgica que hagan referencia específica a esos filmes. Los más jóvenes que no hayan visto esos filmes, se deleitarán del toque ligero y el ritmo ágil de una película que se esfuerza para que el espectador esté atado emocionalmente a la jornada de su joven protagonista.

El punto de partida del guion es la leyenda del rey Arturo y la espada mágica que cambió su destino. Los detalles esenciales de esa historia son establecidos en una secuencia animada inicial donde el director hace alusiones directas a filmes como “The Sword in the Stone” y “Excalibur”. En esa primera secuencia, Cornish establece los códigos básicos del filme: la magia de esa leyenda es real y la espada de Arturo es la clave para detener una hechicera maligna (Rebecca Ferguson) que lleva siglos esperando para el momento en que la Tierra esté consumida por odio y prejuicios para volver a manifestarse. Como guionista, Cornish es bien consciente de que está escribiendo otra historia donde un protagonista ordinario es seleccionado para una aventura extraordinaria, pero este se divierte muchísimo explorando cómo funcionan esas convenciones cuando el protagonista es un jovencito de 12 años (Louis Ashbourne Serkis) que ni siquiera puede defender a su mejor amigo (Dean Chaumoo) de los “bullies” de la escuela.

Con todo esto a su favor como guionista, la clave de la efectividad de esta película reside en cómo la dirección de Cornish opta por siempre mantener su enfoque en los personajes principales y no dejar que estos desaparezcan en las secuencias donde la acción depende completamente de efectos especiales digitales. En ocasiones, el director no puede ocultar que esto fue una decisión práctica dado que una de las fallas del filme es que la propuesta visual queda limitada por un presupuesto reducido. Esta debilidad resulta inofensiva en gran parte porque el director y su elenco no pierden ni una sola oportunidad para acentuar cada escena del filme con humor genuino.

El filme se hubiera beneficiado de más tiempo de la versión innovadora que tiene de Merlín de esta historia, interpretado por Patrick Stewart y Angus Imie, dependiendo en qué forma decida manifestarse, y darle un poco más a la villana principal antes de llegar al clímax que tiene a toda una escuela dándole batalla a las fuerzas del mal. Afortunadamente, el toque liviano de Cornish detrás de la cámara, la inteligencia de su guion y el encanto natural de los actores principales alivian estos tropiezos.


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