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La enorme ceiba aún sombrea la casa desde donde un coro de ladridos recibe al visitante. Echo de menos la iguana que -cuando visité hace varios años a Mayra Montero para otra entrevista- era una mascota favorecida. Los gatos aparecieron luego (¿los mismos?). Lo que no cambia es la sonrisa acogedora de la escritora más exitosa y prolífica de Puerto Rico.


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