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Los indios taínos eran nobles y pacíficos, los bravos eran los caribes. Esa la premisa sobre la cual nos presentan a nuestros primeros ancestros en las clases de Historia. Y, aunque se menciona, muy poca importancia se le suele dar al hecho de que esos primeros pobladores fueron explotados por los españoles y que, cansados de los abusos, se rebelaron, organizaron levantamientos y hasta quemaron viviendas en Caparra, la primera villa que se fundó en la Isla, bajo el liderato de Juan Ponce de León.

Esa rebelión ocurrió en enero de 1511, según las referencias de los historiadores, y hace unas semanas se cumplieron los 500 años de ese evento, justo en momentos en que miles de egipcios comenzaron a exigir la dimisión de su gobierno por considerarlo abusivo e ineficaz.

El historiador Sebastián Robiou, presidente de la Fundación Cultural Educativa, recuerda que una vez llegan a la Isla, los colonizadores establecieron un sistema de encomiendas, mediante el cual a los españoles se les asignaban grupos de indios taínos para que trabajaran bajo sus órdenes. Aunque legalmente los indios no eran esclavos sino súbditos del Rey, la realidad era que los explotaban, afirma Robiou. Incluso, obligaban a trabajar a los niños y a las mujeres embarazadas en un sistema que era totalmente ajeno a ellos, pues antes de la llegada de los españoles vivían en una cultura de sobrevivencia en medio de un entorno rico en recursos naturales y no bajo un sistema mercantilista cuya meta era encontrar oro.

En ese escenario, el cacique Urayoán le ordenó a un grupo de indígenas que trataran de ahogar a un español para comprobar si eran inmortales, y terminar así con el mito que hasta entonces se tenía, según las crónicas de la época. La oportunidad se dio cuando el joven Diego Salcedo les permitió que lo cargaran para cruzar el río Guaorabo (Añasco).

Una vez comprobada la mortalidad de los invasores, Agüeybaná II, sobrino del cacique Agüeybaná, celebró un areyto en el que declaró la rebelión. En el evento estaba el español Cristóbal de Sotomayor, quien hablaba el dialecto indígena y le contó sobre el grito de guerra a otro español, que era el encomendero al que estaba asignado Agüeybaná II.

El enfrentamiento comenzó con una trifulca a la que le siguieron otras, en una de las cuales Juan Ponce de León atacó la aldea de Agüeybaná II y arrasó con sus habitantes.

“Lo importante es que la rebelión taína no se terminó con los enfrentamientos iniciales de 1511. El arqueólogo Miguel Rodríguez recrea sobre 40 cabalgatas contra taínos rebeldes en diversos puntos de la Isla. Los atacaban, mataban a unos y a otros los cogían prisioneros. Los que no habían hecho las paces con los españoles se consideraban enemigos y podían ser esclavizados. Les pegaban un hierro caliente, con una ‘F’ de Fernando (el rey de España, Fernando de Aragón)”, explica Robiou.

La importancia de la rebelión

Esa rebelión y los eventos violentos que la acompañaron logró demostrar lo abusivo del sistema impuesto por los españoles. Además, como si fuera una respuesta o un eco, en noviembre de ese año, en República Dominicana, el dominico Antonio de Montesinos pronunció un discurso histórico.

“Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios...? ¿Cómo los tenéis tan opresos ... que de los excesivos trabajos que les dais.... los matáis para sacar y adquirir oro cada día?”, dijo Montesinos en su discurso, según lo cita el teólogo Luis N. Rivera Pagán.

“Frente al virrey, lo criticó por los abusos que cometía. Le dijeron que el próximo domingo tenía que arrepentirse de lo que había dicho. Él consultó con sus superiores y lo que hicieron fue volver a atacar a las autoridades por lo que los encomenderos hacían con los taínos. Eso llegó a oídos del Rey Fernando, quien envió una comisión de juristas y especialistas de la época. De ahí surgieron las Leyes de Burgos de 1513”, que prohibieron utilizar a niños y mujeres embarazadas, entre otras reglas, sostiene Robiou, quien reconoce que algunos españoles las seguían y muchos no.

Robiou no puede afirmar que la rebelión taína de Puerto Rico fuera lo que provocara directamente el discurso de Montesinos, pero no duda de que en La Española se enteraran de lo acontecido, toda vez que existía comunicación constante entre los dos territorios gracias a los viajes en canoa de los que han informado los cronistas.

Las Capitulaciones de Burgos, señala Rivera Pagán, tienen repercusión muchos años después, a juzgar por una petición que le hiciera el entonces obispo Bartolomé de las Casas al Papa Pío V, en 1566 “en la que le pide que excomulgue y anatemice a quienes justifiquen la conquista militar de América alegando infidelidad, idolatría, rudeza mental o conveniencia misionera”. En esa misiva, apunta Rivera Pagán, De las Casas le pide al Papa que reforme drásticamente el episcopado hispanoamericano y le pida a los obispos que tengan cuidado de los “pobres captivos”. Solicita además la restitución de la riqueza acumulada por la iglesia.

Robiou destaca que, junto al quinto centenario de la rebelión indígena, que aportó a que el reinado español tomara medidas contra los abusos a los indígenas, en 2011 también se conmemoran los 500 años de la Instauración del cargo de Gobernador, con Ponce de León, y de la designación del primer Obispo. La primera fue recordada en un evento celebrado en España al que asistió el gobernador, Luis Fortuño, y la segunda fecha será conmemorada por las autoridades eclesiásticas. Ante la ausencia de una actividad que recuerde la rebelión taína, la Fundación Cultural Educativa, junto con el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, organizó un simposio a celebrarse del 18 al 19 de este mes. En la actividad participarán arqueólogos, historiadores, entre otros estudiosos, para exponer diversos temas sobre los indios taínos.

Mujeres guerreras

Uno de ellos, el profesor Jalil Sued Badillo, destacará otra de las figuras tradicionalmente ausentes en la historia oficial: las mujeres. Como parte de sus investigaciones, Sued Badillo ha identificado 12 cacicas que se destacaron en una sociedad que ya era matrilineal, lo que significa que los cargos se heredaban por el lado de las mujeres. Por ejemplo, el heredero del liderato político no era el hijo del cacique, sino el hijo de su hermana, lo que aseguraba que fuera de su misma sangre.

Esa teoría, dice, fue confrontada por sectores que postulan que eso no era posible. “Voy a confrontar eso con las evidencias, con lo publicado en toda América, donde la mujer tenía posiciones múltiples. Una de las cacicas está relacionada con la quema de Caparra y la exiliaron junto con otros caciques. Ese nombre lo eliminaron (de la historia) pero yo tengo el documento original”, sostiene Sued Badillo.

“Un cronista dijo que eran cacicas por ser viudas, pero tres, incluyendo a Bartolomé de las Casas, dicen que heredaban por parte de la madre. En Caguas está el caso de una cacica que le pasa (el mandato) a su hija, ésta se muere, y vuelve la madre”, explica el historiador para ilustrar el carácter matrilineal de la sociedad indígena en Puerto Rico y en otras partes de Latinoamérica.

“No hay datos específicos de la participación de las cacicas en la rebelión, pero cuando Bartolomé de las Casas dice que tiraban como los hombres, tenemos que pensar que eran parte de la resistencia”, sostiene`Sued Badillo.

Herencia taína

Por su parte, el historiador Juan Manuel Delgado combate la tesis del exterminio de los indios taínos.

“La historia oficial siempre ha planteado que los indígenas fueron eliminados y desaparecieron. Yo planteo que no fueron eliminados, que siguieron con consciencia indígena hasta el siglo 19, en algunos focos”, afirma Delgado, quien recogió datos de la historia oral en 38 municipios.

“En el siglo 19, en Yauco y San Germán aparecen 3,500 indígenas. Este es el último censo donde se cuentan, luego de esa fecha se contaron como pardos”, destaca. A eso se suma, explica, que en muchos documentos oficiales que se enviaban a España se decía que no habían indígenas con el propósito de que se aprobara el envío de más esclavos.

El investigador reconoce que la población indígena mermó dramáticamente -algunos estimados cuentan hasta en 100,000 el número de taínos que poblaba originalmente el País-, pero defiende la influencia que esa cultura tiene hasta nuestros días. “Planteo que fue la cultura más fuerte de las tres. La cultura de la yuca, el casabe, el modo de producción indígena sobrevive hasta 1920 en algunos sitios; la junta de vecinos era la misma estructura indígena. La historia oral es la que saca toda esa sobrevivencia, en decenas de actividades que el africano y el español asimilan la cultura indígena”, indica.

“En Puerto Rico, todavía en 1956 se construían cayucos, una embarcación más pequeña para una sola persona o niños. Todas las técnicas de pescar son las que narran los cronistas del siglo 16, en 500 años no cambiaron”, defiende Delgado.

También nos quedan los más de 500 vocablos de origen taíno, recuerda, por separado, Robiou. Más allá de eso, señala, el experto en genética de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, Juan Martínez Cruzado, encontró -en un estudio sobre las migraciones precolombinas que analizó el ADN contenido en el mitocondrio de las células de 800 puertorriqueños- que los antepasados boricuas por vía materna son en un 61.1% indígenas, 26.4% africanos y 12.5% caucásicos.


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