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La perseverancia y el enfoque han sido dos herramientas vitales en el éxito de la bailarina a nivel internacional.
La perseverancia y el enfoque han sido dos herramientas vitales en el éxito de la bailarina a nivel internacional. (Vanessa Serra Díaz)

Son pocos los roles principales del ballet clásico que Adiarys Almeida no ha interpretado. Pero la reconocida primera bailarina internacional, discípula de Alicia Alonso, siempre busca la manera de aportarle nueva vida a los personajes. Su ética de trabajo, la profunda pasión que siente hacia la danza y el respeto al público, son su inspiración para lograrlo.

“Uno crea un diálogo consigo mismo. Depende de qué está pasando, actúo y reacciono natural. Ya no analizo mucho lo que voy a hacer. Cada función es distinta porque lo vivo en el momento”, dijo la artista cubana acerca de la preparación que sigue para los roles que le toca representar.

En esta ocasión, Almeida se encuentra en la Isla como invitada de Ballet Concierto de Puerto Rico para personificar a Swanilda, rol femenino principal del ballet clásico “Coppélia”.

Junto a ella, el también cubano Luis Víctor Santana, bailarín principal de Ballet Concierto, se estrenará en el papel de Franz. Mientras, el actor Braulio Castillo, hijo, será el Dr. Coppelius. En total, un elenco de 50 bailarines participará de la puesta en escena, que contará con la coreografía del internacionalmente aclamado maitre de ballet puertorriqueño José Parés. La música será de Leo Delibes y la coreografía, de Nemesio Canchani.

Coppélia cuenta los mal entendidos entre los enamorados Swanilda y Franz a causa de Coppélia, la hermosa muñeca creada por el alquimista y excéntrico artesano de muñecos, Dr. Coppelius.

“Me gusta mucho Coppélia porque es comedia y ballet de circunstancia. El rol de Swanilda me encanta porque es divertido y ella es muy pizpireta. Es un ballet técnicamente difícil, pero más en la parte artística. El segundo acto pienso que es el más duro porque tienes que imitar a la muñeca totalmente. Es pura actuación y además tienes que bailar. Es duro, pero muy divertido”, explicó durante un receso en los ensayos para las funciones, que se efectuarán en el Centro de Bellas Artes de Santurce el viernes 17 para estudiantes, y sábado 18 y domingo 19 de marzo para público general.

La semana pasada Almeida se encontró en Puerto Rico con todo el elenco y comenzó a practicar junto a Santana, su pareja de baile, quien también es cubano pero hace cuatro años reside aquí.

“Sé bien quien es ella porque es cubana y es ‘top ten’ en el mundo”, detalló el bailarín. “Esta es una experiencia que va a marcar mi carrera. Es bien fácil bailar con ella. Lo tiene todo”, aseguró el artista, quien no reparó en colmar de halagos a su compañera.

Nació para el ballet 

Almeida comenzó su preparación a los seis años, luego de que una amiga de su tía detectara en ella habilidades naturales para el ballet.

“No me gustaba. Una niña quiere jugar y divertirse, y el ballet era muy serio, tenía que hacer muchas posiciones y me dolía”, recuerda.

A los 9 años sus padres decidieron matricularla en la la Escuela Vocacional de Artes Alfonso PérezIsaac enMatanzas porque entendían que allí recibiría una mejor educación que en un plantel regular. Así es que Almeida continuó en clases de danza, y al notar que lograba sobresalir del resto empezó a apreciar cada vez más la disciplina. También la enganchó al ballet el reto de superarse a sí misma para lograr movimientos cada vez más precisos. Esta labor tuvo como resultado el reconocimiento en concursos desde muy corta edad.

Participó en la Competencia Internacional de Ballet de La Habana donde recibió medalla de plata (1997 y 1998) y la medalla de oro en (1999 y 2000). En 1999, con 14 años, también participó en la Competencia Internacional de Danza en Nagoya, Japón y la Gala de las Musas de Ballet en Tokio como pareja del virtuoso bailarín cubano Rolando Sarabia. Además, fue la primera bailarina cubana en ser finalista en la Competencia Internacional de Ballet de Estados Unidos, en el 2006.

Más adelante, Almeida solicitó ingreso al Ballet Nacional de Cuba.

“No me querían porque mido 5’2” y estaban buscando bailarinas altas”, relató.

Sus maestros intercedieron y lograron convencer a la directora (Alicia Alonso) para que le otorgara un período de prueba. Durante seis meses, Almeida se dedicó a aprender todos los cuerpos de baile. Cuando alguien faltaba, ella cubría. Así fue ganándose un espacio en el grupo hasta lograr firmar un contrato.

Hace 13 años Almeida vive en Estados Unidos, donde fue bailarina principal del Ballet de Cincinnati y el Corella Ballet, así como primera solista del Ballet de Boston. Hace tres años es bailarina independiente.

Durante su carrera, ha interpretado los roles principales de Giselle, Romeo y Julieta, La Bayadere, Don Quixote, Le Corsaire, La Bella Durmiente y Lago de los Cisnes, entre muchos otros.

También ha interpretado decenas de “pas de deux”, piezas contemporáneas y neoclásicas tales como: Tchaikovsky Pas de Deux, Stars and Stripes, El Ballo de la Regina, Who Cares?, Concerto Barroco, Serenade, In the Upper Room, Baker’s Dozen y La Vivandière. Asimismo, ha bailado coreografías de: Balanchine, Wheeldon, Ashton, Alberto Méndez y Alicia Alonso.

El éxito que hoy disfruta la bailarina es resultado de un esfuerzo inmenso y constante para sobresalir en una de las carreras más retantes de las artes en los aspectos físico y mental.

“Esta es una profesión muy difícil. Conozco gente y tengo amistades que se han dado por vencidas, incluso teniendo más posibilidades que yo. Hay que ser muy fuerte y yo he tenido mis momentos, pero la pasión por la danza lo ha superado todo. En esos momentos de dudas pienso en cuánto amo lo que hago, cuanto disfruto a la hora bailar. Cuán lindo se siente, en un día, poder expresar todo lo que siento a través de la danza; sean buenos sentimientos, dolor, amor, todo. Es un estado de alivio y eso me gusta mucho”, comentó la bailarina.

Más creatividad

En  2010, Almeida enfrentó un momento muy difícil cuando una lesión de seis fisuras en la tibia la alejó de los escenarios durante un año. Todos esos meses los dedicó a su recuperación, pero además se compró una máquina de tejer y revivió otras dos de sus pasiones: el dibujo y la moda. De ese proceso surgió la idea de crear junto a una amiga su propia línea de ropa ADIdancewear.

Aunque una de las fisuras no sanó, Almeida pudo volver a bailar, y esta oportunidad transformó su forma de ser.

“Me abrió los ojos. Ahora disfruto lo que hago. Si tuve un mal día, un mal ensayo o una mala función, sé que puede quedar mejor al otro día. Aprendí que somos seres humanos, que somos artistas y que la perfección no existe. Aunque es bueno ponerse presión, porque eso te hace mejor, no se puede ser tan duro, y yo lo era demasiado”, puntualizó la bailarina, quien tras su visita a la Isla continuará recorriendo escenarios en Estados Unidos, Europa y Asia.