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Antonio Martorell, a la izquierda,  no había visto la obra desde que la realizó hace 42 años, La pieza, al centro  fue un regalo que le hizo Lacomba (derecha) a Marqués.  (Suministrada)
Antonio Martorell, a la izquierda, no había visto la obra desde que la realizó hace 42 años, La pieza, al centro fue un regalo que le hizo Lacomba (derecha) a Marqués. (Suministrada)

Las develaciones siempre provocan emociones. Es el momento de ver y conocer por primera vez algo, por lo general, grandioso. Es ese instante de complicidad con el objeto o el personaje a ser descubierto.  Si esa develación se trata de un retrato de uno de nuestros más reconocidos escritores pintado por uno de nuestros más prolíficos artistas, pues la emoción es aún mayor.