Alex Ríos y Antonio Nieves muestran una de sus creaciones en madera, la talla de un San Pedrito y dos mangós que parecen estar listo para saborear. (Juan Luis Martínez Pérez)

Son frutas cosechadas con mucho tesón y horas de trabajo que surgen de las manos y la madera que talla el artesano Antonio Nieves Esteves. Son tan reales que, al mirarlas, no puedes resistir el impulso de tocarlas y algunos hasta salivan al recordar el sabor de, por ejemplo, una quenepa, un mangó, una guayaba o un aguacate que casi quieres arrancar de la rama en la que cuelga.

“Son frutas y vegetales que nacen de la madera”, afirma con orgullo el artista de 38 años, quien también crea hermosos bodegones en madera con algunas de las verduras más representativas de Puerto Rico.

Lo mismo pasa con su amigo y colega, Alex Ríos Fernández, quien se destaca en el arte de tallar aves, en su mayoría endémicas de Puerto Rico. De la misma forma, son tan reales que según dice el artista, muchas personas le preguntan si son disecados. “Mi mejor paga es cuando la gente los ve y me lo pregunta”, afirma el artesano de 35 años, tras mostrar una de sus obras en la que se pueden ver con nitidez los pelitos de la cara de una reinita. “Son detalles que la gente se pregunta si son de verdad. Con eso nada más ya siento que me pagaron”, agrega complacido.

La llegada del coronavirus y la cuarentena trastocó proyectos y exhibiciones a ambos artesanos, quienes comparten una amistad de años, el amor por la madera y el gusto de recrear la naturaleza que les rodea, trabajos que realizan cada uno desde sus respectivos talleres en Caguas. Pero no ha detenido la inspiración y la creatividad, además de que han aprovechado para trabajar órdenes pendientes y crear tallas que antes no podían hacer por falta de tiempo.

“Estoy trabajando, como dicen por ahí, a medio pocillo. Tenía varios encargos que he podido trabajar y estoy abierto a coger nuevas órdenes. Pero ha sido un cambio en todos los aspectos porque he aprovechado para tallar piezas que yo deseaba hacer y que hacía mucho tiempo tenía en dibujos”, comenta Ríos.

Explica, por ejemplo, que ahora mismo se está dando el gusto de tallar una reinita mariposera, pieza que por sus detalles le toma mucho tiempo trabajar. Al igual que una talla de un ave conocida como playero, la que piensa titular “El pensador”.

Detalle de un San Pedrito tallado en madera, obra del artesano Alex Ríos Fernández. (Juan Luis Martínez Pérez)

“Son aves que se pasan en la orilla de la playa y cuando van a descansar meten el pico debajo del ala y se quedan apoyadas en una sola patita”, describe Ríos, al tiempo que destaca que ha aumentado el flujo grande de personas que lo siguen en las redes sociales. “También he estado subiendo mucho contenido con fotos sobre el proceso de cómo hago mi trabajo”, agrega el artista, mientras resalta que se le ha hecho difícil acceder a las ayudas económicas.

De forma parecida se expresa Nieves, quien también ha aprovechado para adelantar trabajos pendientes en esta época. “También he tenido la oportunidad de desarrollar nuevas ideas para llevar mis piezas a otro nivel, con más detalles y movimiento. Son piezas que quería hacer hace tiempo”, agrega el tallador, quien también ha tenido mucha dificultad para que le aprueben el desempleo.

Naturaleza en todo su esplendor

El tema de la naturaleza es vital para Nieves, quien dice que su inspiración para crear sus obras. De ahí que sea un amante y observador de todo lo que le rodea. Comenta que comenzó en el mundo del arte desde muy pequeño, cuando en vez de tomar notas de las clases, hacía dibujos. Además, estudió en la Escuela de Artes Plásticas y se graduó de grabado.

“Ahí comienza la inquietud de preguntarme por qué una placa de una xilografía no se consideraba una obra arte. Empecé a pintarlas y comencé a darme cuenta de que podía hacer algo más, así que empecé a pegarlas en madera sólida”, cuenta el artesano sobre sus inicios, hasta que se certificó como artesano en el 2005.

Recuerda que su primera feria fue en Plaza Las Américas y que esa oportunidad de exhibir sus piezas lo motivó a pensar en hacer más “porque el cielo es el límite”.

Su obra en madera se caracteriza por un estilo realista donde, según dice, también pone en práctica sus conocimientos en arte. “Mi trabajo es único debido al tema que trabajo, mi estilo y mi manera de trabajar la terminación de cada talla, los materiales que utilizo y sé que, aunque mis estudios no están dirigidos exactamente a lo que hago, tengo conocimiento de la composición, del color y de otras técnicas que me ayudan”, asegura Nieves, tras indicar que una de sus mayores inspiraciones ha sido la obra del pintor puertorriqueño Francisco Oller.

Aguacate tallado en madera por el artesano Antonio Nieves. (Juan Luis Martínez Pérez)

“He visto sus obras y me llaman mucho la atención, sobre todos las de frutas. Algo interesante es que mi primer bodegón en madera, en vez de utilizar las acostumbradas frutas -como manzanas o fresas-, lo hice con calabaza, aguacate y pana. En ese momento me dijeron que nadie lo iba a comprar, pero lo llevé a la feria y fue la primera pieza que vendí en $1,000”, cuenta con evidente orgullo el tallador, mientras explica que se trató de una sola pieza en madera a relieve, una característica por la que es conocido su trabajo.

De hecho, cuando observas sus artesanías te das cuenta de los detalles y del tesón que este artesano pone en su trabajo. Y es que, según explica, él se encarga de estudiar a fondo, por ejemplo, la hoja de un árbol antes de comenzar a tallarla. Desde la forma en que se dobla hasta cómo se va secando. Por eso, en un día solo puede tallar unas cinco hojas. Luego las lija, pinta y le da la terminación necesaria, lo que le puede tomar por lo menos dos semanas más.

“Estoy pendiente a todos los detalles porque, lógicamente, tengo que saberlo para hacerlas. Por eso me conocen, por los relieves tallados en madera. Por ejemplo, en un pedazo de madera de pulgada y media de espesor, básicamente saco la que sobra y el aguacate nace de la misma madera. Después se pinta y se le dan las terminaciones para luego ponerlo en un marco”, explica el artista, quien asegura que para hacer un trabajo de este tipo tiene que dedicarle de seis a ocho horas diarias de calidad a la pieza para poder terminarla en una semana y media más o menos.

Uno de los trabajos que muestra, con dos aguacates colgando de las ramas, es tan real que casi crees que puedes arrancarlo. Pero también trabaja con diferentes frutas, en diversos tamaños y colores.

Ahora, el artesano señala que está más involucrado en recrear el concepto de bodegones de un vegetal o una fruta, pero de diferentes tipos. “Hice uno de cebollas de diferentes colores, blanca, morada y dorada, todo en relieve. Después de tallarlo todo en una sola pieza, lo corto en tres pedazos y lo monto en el mismo marco. El más reciente que hice era de diferentes tipos de coco, una pieza de casi seis pies. Los cocos eran en tamaño real con cocos filipinos, coco seco, verde, picado en la mesa, con el agua derramándose”, describe el artista, tras resaltar que las piezas tridimensionales le dan movimiento a la obra. De la misma forma comenta que puede recrear una hoja de yagrumo a tamaño real en una sola pieza de madera o las de plátano y guineos, entre otras piezas.

Algunas de las obras talladas en madera por Alex Ríos Fernández, quien se especializa en talla de aves y de Antonio Nieves Esteves, quien le da vida a las frutas en la madera. (Juan Luis Martínez Pérez)

“Volando en libertad”

Para Alex Ríos Fernández, la talla de aves ha estado en su vida desde los 11 años cuando un día pisó una madera a la que él le vio la forma de un ave. “Ese ese fue mi primer contacto con la madera y la talla en general. En ese tiempo lo hice más como un juego y una tía que pintaba me prestó sus pinturas y desde ahí comenzó mi amor por la talla”, cuenta Ríos quien lleva en este camino 25 años. Aunque se describe como autodidacta, también menciona el programa de Bellas Artes del Municipio de Bayamón, donde estudió dibujo y pintura, así como los principios y la composición del color. Además, explica que en el año 2000 conoció a su mentora, Rosabel Suárez, a quien describe como una de las mejores talladoras de aves que ha tenido Puerto Rico “quien me pulió y me encaminó”.

“Antes de morir me llevó a Estados Unidos a coger clases con Sue Kraft y desde ahí he tomado seminarios, cursos y me he ido encaminando con las talles de aves puertorriqueñas y de otros países porque he competido en diferentes partes de mundo y trato de llevar alguna ave de cada país que visito”, explica Ríos, mientras comenta que suele acompañar a grupos de personas que anillan aves y que él aprovecha para medirlas, sacarles fotografías y hacer dibujos.

“Mi estilo al principio era rústico, pero ya hoy día es más refinado y realista, más en el camino de escultura realista”, agrega el artista, quien ha ganado varias veces el Campeonato Mundial de Talladores de Aves, en Maryland, al igual que en innumerables concursos en Estados Unidos, Chile, España, Canadá y Japón.

De hecho, es reconocido internacionalmente por sus tallas en madera de aves de Puerto Rico, confeccionadas en madera de laurel, con ojos en cristal y las patas moldeadas en bronce a las que les aplica pintura.

Cuando Ríos habla de su proceso creativo, destaca que lo primero que hace es dibujar el ave y luego pasarlo a un pedazo de madera que corta con sierra de banco, para después sacar los excesos y luego, con la cuchilla darle forma. Durante ese proceso nacen San Pedritos, cotorras, reinitas, pitirres, jilgueros, búhos y hasta guaraguaos, entre otras aves.

“Intento que sean lo más parecido al ave real”, afirma el artesano, al destacar que darle vida a una reinita le puede tomar entre dos a tres meses, dependiendo del montaje y la composición. Pero en un búho se puede tardar cinco meses, una paloma alrededor de cuatro o un guaraguao hasta un año.

“Todo depende de la especie y si nunca la he tallado se complica un poco más porque tengo que estudiarla y hacer una composición y eso me toma un poco más de tiempo”, agrega Ríos, mientras asegura que ha evolucionado en todos los sentidos, como persona y como artista.

“Vengo del boxeo, de partir caras, a algo que debes tener una gran sensibilidad para lograr estas texturas. He conocido muchas personas importantes y he viajado por el mundo, que ni en sueños pensé que haría. Todo eso te obliga a crecer y a amar más la vida”, confiesa Ríos, mientras recuerda el lema de su primera exposición “Volando en libertad”, uno que ha adoptado en su vida y que le gusta transmitir a los más jóvenes cuando ofrece charlas en las escuelas.

“Esa es la esencia que cada ser humano debe tener en la vida, es arriesgarse porque el que no se arriesga no gana. Por eso pongo tanto empeño en lo que hago”, asegura Ríos, quien hoy día es uno de los talladores más reconocidos en la isla. Y aunque admite que le ha costado llegar, su norte siempre “ha sido competir conmigo mismo”. Por eso no es extraño que la paciencia y dedicación con que talla sus aves se conviertan al final en hermosas obras de arte.