Mural "Manos de esperanza" en el barrio Camarones en Guaynabo. [email protected] (David Villafane/Staff)

El confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19 obligó a transformar las metodologías digitales en nuestra realidad cotidiana. La era virtual se convirtió en la manera de comunicarnos, de interactuar socialmente y de redescubrir otras facetas que invitan a trabajar colectivamente.

Al menos así lo percibe un grupo de jóvenes universitarios residentes de Guaynabo y San Juan que salieron de sus casas para transformar la creación de un arte digital a un inmenso mural que recrea la unión de un pueblo a través de la esperanza.

Los universitarios María Mercedes Arias, Daniel Torres y Grace Batista culminaron ayer un mural de 14 pies de alto por 100 pies de largo en la carretera PR-8834 en el Barrio Camarones en Guaynabo que pretende ser inspiración y alegría a los que transitan por la zona. Bajo el título de “Manos de esperanzas” los artistas transformaron una sobria pared que sostiene un puente, en una explosión de color que embellece el municipio. Trabajaron por cuatro días consecutivos en la obra de arte callejero.

Distintas formas de manos que representan al niño, la mujer y el hombre que desea volver a tocar, abrazar y unirse, dan vida al mural que surgió en un boceto digital que los tres jóvenes trabajaron desde sus casas con la idea de rediseñar otro arte que Mercedes Arias había realizado en el pasado.

Sin embargo, al comenzar a trabajarlo bajo un concepto de diferentes manos, el grupo se atrevió a buscar otro espacio para crear la nueva obra artística con el objetivo de plasmar una huella de optimismo en la sociedad.

La artista y estudiante universitaria María Mercedes Arias. [email protected] (David Villafane/Staff)

Con la ayuda del municipio de Guaynabo que identificó la zona y apoyó con los materiales de pintura, brochas y andamios, los tres jóvenes junto a otros artistas y voluntarios, se apoderaron de la zona para llevar el mensaje de unidad en medio de cualquier adversidad.

“Nosotros queríamos rediseñar un mural que hacía tiempo había hecho. Fue un acto colaborativo y queríamos algo que todos pudiéramos aportar nuestros estilos de diseño. La manera de hacerlo era plasmar manos que juntas significan la unión de la sociedad y separadas también tienen un significado. Es medio irónico que el poder salir de nuestras casas se hizo a través de un medio digital que hicimos a puño y nos trajo hasta esta expresión artística”, mencionó Mercedes Arias, quien anteriormente trabajó un mural en el expreso Martínez Nadal y otro cuando estudiaba en un colegio en Guaynabo.

En su caso, la pintura siempre ha estado presente en su vida desde temprana edad y aunque en la actualidad estudia periodismo en la universidad de Washington dedica tiempo a desarrollar la expresión de arte. Es por ello que para ella y para la joven Grace Batista, quien estudia ilustración y se unió al proyecto en su primer mural, la obra fue un escape de sentimientos ante la pandemia.

“Esto también fue un tipo de escape de todo lo que ha pasado en los últimos meses. La idea de hacer algo productivo en este tiempo era importante para nosotros tres y luego trabajar desde nuestras casas encerrados ha sido muy satisfactorio. Hemos tenido buenas vibras al poder hacer este trabajo todos juntos. Para mí basta con que la gente lo vea y le provoque felicidad”, explicó Mercedes Arias.

La universitaria Grace Batista pinta el mural. [email protected] (David Villafane/Staff)

“Aunque este es mi primer mural, siempre he visto el arte como una manera de hacer feliz a las personas sin que ellos se den cuentan. Todo el mundo que pasa por esta zona pasa más lento para ver los que hacemos y siento que es una forma de llevar un mensaje positivo al ver que sonríen en medio de un año tan caótico”, sostuvo Batista.