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Papo Colo (1946) ha transitado toda su vida por esos espacios intersticiales, seducido por la curiosidad, el misterio y ese deseo por hacer. (Archivo / GFR Media)
Papo Colo (1946) ha transitado toda su vida por esos espacios intersticiales, seducido por la curiosidad, el misterio y ese deseo por hacer. (Archivo / GFR Media)

Papo Colo llega a la entrevista vestido de negro, con un pañuelo rojo amarrado al cuello, sombrero de paja y dos relojes en su muñeca izquierda. Saluda con un apretón de mano fuerte, mirando fijamente a los ojos y relajando la sonrisa.

Nos ha citado debajo del enorme ficus que queda en el Paseo de la Princesa, muy cerca de la Puerta de San Juan, con la bahía de telón de fondo. “Aquí pasé la Nochevieja con mi novia”, suelta casi en susurro, como un pensamiento en voz alta, y lanza una sonrisa coquetona.

Los turistas que caminan por el área lo miran con curiosidad y hasta lo retratan. Él posa para el lente, sabiéndose dueño de sus misterios y con una seguridad apabullante. Resaltan otra vez sus dos relojes, uno al lado del otro, marcado distintas horas.

“Uno es para la realidad y otro es para la fantasía. Para no perderme en ninguno de los dos”, revela de forma enigmática.

Papo Colo (1946) ha transitado toda su vida por esos espacios intersticiales, seducido por la curiosidad, el misterio y ese deseo por hacer. Nacido en Puerta de Tierra, se mudó a la ciudad de Nueva York siendo apenas un joven. Fue marino mercante, vivió en Barcelona y regresó a la Gran Manzana, desarrollándose como artista contemporáneo. Performero, curador, pintor, escritor, Colo es una de nuestras figuras artísticas más destacadas a nivel internacional. En la ciudad de Nueva York cofundó en 1982 -junto con su compañera de vida, ya fallecida, Jeanette Ingberman- Exit Art, un espacio de arte alternativo que se convertiría en uno de los más importante de la ciudad y que cerró sus puertas en el 2012. El trabajo de Colo es fundamentalmente político, al abordar en sus piezas temas como la colonización, migración, entre otros, desde un acercamiento siempre provocador, en ocasiones paródico, donde se exponen las paradojas sin la pulsión de resolverlas.

Luego de más de dos décadas sin vivir en la Isla, Colo está de vuelta en su país, específicamente en El Yunque, lugar en el que este sábado, a las 3:00 p.m., iniciará su nueva performance “Procesión-Migración”, donde terminará adentrándose en el bosque tropical, donde tiene una casa y permanecerá por 400 días sin hablar, solo creando. Para esta nueva obra ha contado con el apoyo y colaboración de varios aliados, entre ellos el director de MoMa PS1 y curador jefe del MoMa, Klaus Biesenbach, quien desde hace dos semanas está en Puerto Rico ayudando a Colo en esta pieza, la cual cataloga como una celebración a la naturaleza, el arte, la lluvia tropical del Yunque y a “La Carreta”, de René Marqués, que le ha servido de inspiración al artista para este retorno.

“¿Tú sabes lo que pasa con Nueva York? Que aunque es chulo, tienes que ir a galerías, apertura de exhibiciones, y es muy distracted”, dice Colo, ya sentado en un banco, con sus piernas cruzadas y gesticulando con su rostro. “Yo mudé para acá parte de mi estudio y el propósito es hacer el estudio más sexy que hay en el planeta”, asegura moviendo sus cejas y mostrando su dentadura.

Hablemos un poco sobre “Procesión-Migración”, que es la pieza que comienza este sábado en El Yunque.

La idea surgió porque tengo este sitio en El Yunque, en la Carretera 186, que declaramos la carretera mística. La idea es un cúmulo de pensamientos interiores. Nuestro tema, claro, siempre ha sido la migración y lo ha sido desde siglos. Es una idea permanente en nosotros y “La Carreta” es el clásico de migración del campo a la ciudad, a Nueva York, y de regreso (con el sueño destrozado). En este caso, este retorno mío es, digamos, triunfante, sofisticado, estético. Yo quiero aportar a la estética puertorriqueña. Voy a hacer performance toda la semana. Tengo un plan. No es que me voy a meter ahí y ya. Todas las semanas voy a producir algo.

¿Por qué ha querido en esta ocasión que haya gente que lo acompañe?

Porque la migración no es individual, es colectiva, sino pregúntale a jetBlue. Quiero que la gente vaya y me visite en esos 400 días, pero yo no hablaré. Una de las cosas que haré es que voy a decirle a la gente que me traiga un libro de arte o de literatura y me lo deje en un buzoncito que voy a dejar y a cambio les haré un dibujo que tienen que buscar ahí mismo en una semana.

¿Por qué para usted era tan importante ese espacio de soledad?

Cuando Jean (su compañera) murió me encontré ¡PAH! Sin nada. Y empecé a quedarme solo y me encontré que solo podía producir más. Lo mío es crecer todos los días y mejorar. Y me di cuenta que en Nueva York tienes tantos amigos y tanto party que la mitad del tiempo la pasas así, y dije, “quiero un break de esto ya”. Y es una pieza sobre eso y sobre la libertad. Porque qué loco tiene 400 días, no para perderlos, sino para ganarlos.

¿La situación política actual en Estados Unidos de alguna manera tuvo que ver con su regreso?

Sí, porque esto una pieza política. No parece, pero es una pieza muy política, profundamente política. En el sentido de que como están las cosas, el silencio es muy político. Cuando callas los espíritus interiores salen. Todo el mundo tiene miedo a la soledad y miedo a lo desconocido.

Ha dicho que cada salida es una entrada y ahora que Puerto Rico es un lugar de muchas salidas es que usted decide regresar.

Porque ahora es que se necesita sacar los pantalones. Ahora es que es necesario que el artista se quede, invente, la gente invente. Tenemos que reinventarnos a lo que sea, pero tenemos que reinventarnos. Obviamente, las cosas no pueden seguir así, no se pueden quedar así. Tenemos que inventar un nuevo sistema. Estoy creando un nuevo sistema para los artistas contemporáneos en este momento, y si es un proyecto exitoso, es algo que marcará a Puerto Rico.

Hace 40 años usted llevó a cabo la afamada pieza “Superman 51” donde criticó las posturas tomadas por elgobierno de Estados Unidos en rechazo a la petición de Puerto Rico de convertirse en estado. Tan reciente como el miércoles hubo una nueva petición de estadidad, casi como si el tiempo no hubiera pasado.

Es una fantasía. ¡Primero aparece el Chupacabra antes que la estadidad! Son unos locos y yo me río porque es tan simpático. O sea, yo que conozco tanto el inside, eso no va a pasar. Primero por el lenguaje, después por el racismo y por un montón de cosas más. Ni caso le hacen, ni caso. Pero Puerto Rico está entre la realidad y el ridículo. Siempre lo ha estado. Lo bueno de Puerto Rico para mí es que hemos comercializado la colonia y la cogemos a parodia, en vacilón.

¿Es esa nuestra manera de supervivencia?

Claro. Ha sido la mía.

Pero, ¿nos quedaremos siempre en este espacio de inercia?

¡Lo mejor del mundo es el limbo! Que no está ni en el infierno ni en el paraíso. Eso es la duda y la duda es el reino de este mundo, si no tenemos duda, no hay intelecto.

¿Qué es para Papo Colo este país de tantas contradicciones?

Eso es lo bueno, que vivimos en la contradicción y no en el hoyo de la guerra. Podemos vivir con contradicciones y eso es un valor bien chulo, bien chulo que tenemos. En realidad, hemos engañado al imperio.