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Si esta Isla es nuestro cuerpo, habría que reconocer que nuestras arterias andan necesitadas de suturas. Y aunque suena muy poética la idea de sanar las venas de agua de nuestro cuerpo de tierra, la verdad es que la situación no es materia de versos sino de una reflexión honda sobre el modo en que el País ha crecido y se ha desarrollado a cuenta de la desviación y las fracturas de nuestros cuerpos de agua. Las consecuencias, sólo las notamos en días lluviosos como estos o cuando, de repente, algún tubo explota llevándose el concreto con toda su fuerza contenida.

Con estas ideas como base el colectivo Araña de agua, compuesto por la artista Dhara Rivera y estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas de San Juan, han comenzado una serie de acciones performáticas que han denominado “Cosiendo Agua” y cuyo primer performance se llevó a cabo el pasado lunes en una quebrada ubicada en un pequeño bosque residual entre las salidas hacia Buchanan, la avenida Kennedy, la carretera número 2 y la autopista Luis A. Ferré.

Luego de marchar desde Plaza Las Américas hasta la quebrada, el grupo ataviado de mamelucos blancos y cargando esferas de cristal llenas de agua, llegó al lugar para allí entre todos realizar un tejido sobre la quebrada aludiendo a la idea de la sutura quirúrgica.

“Es un acto de sanación y de restauración simbólico del cuerpo de agua. Pretende llamar la atención de los transeúntes y suscitar la discusión, el debate o, al menos, la interrogante sobre la invisibilización y el menosprecio del sistema de ríos Puerto Nuevo y Río Piedras”, explica la propuesta del proyecto cuyo énfasis será en áreas específicas del sistema arterial hidrológico del área metropolitana de San Juan.

“Esto surge de otros trabajos en los que habíamos abordado el tema del arte y la naturaleza y el modo en que nos relacionamos con todo lo que nos rodea. Se empezó a hacer con grupos de estudiantes y lo he trabajado a nivel individual o colectivo”, explica Rivera quien en medio del proceso del performance, que duró varias horas, celebró el hecho de que la presencia del colectivo trajo vida al lugar.

“En los momentos en los que había receso, se convirtió en un espacio de vida, se le dio un uso de momento era un bosque lleno de personas merendando, conversando, era un espacio ocupado, vivo”, destacó.

Ese evento se enmarca en el interés del proyecto de provocar nuevas miradas a la ciudad. “Es mirarla desde otras posibilidades, como ciudad física y como un ojo urbano, pero también como una ciudad que nos permitiría relacionarnos de otra manera porque el espacio público genera maneras de interactuar, maneras de ser”, abunda Rivera.

En cuanto al comentario particularmente sobre el agua, la idea con la sutura es señalar que en efecto sucedió algún tipo de intervención con alguno de estos cuerpos de agua.

“Todo este sistema arterial hidrográfico que nos atraviesa ha sido fragmentado, invisibilizado, fracturado, ves pedazos que están completamente canalizados, aparecen por un lado y por el otro y no los vemos hasta que se inundan”, elabora.

Las costuras que propone el proyecto no se limitan a la estructura intervenida de los cuerpos de agua. “Algo muy importante que tiene que ver con esta investigación además de la relación del individuo con el otro como individuo no sólo como ambiente. A fin de cuentas se trata de reconstruir lazos no sólo con lo que vemos afuera sino con el entorno”, añade dejando claro que se trata de un asunto de tejidos sociales que inevitablemente conducen a tejidos donde lo natural es más humano y viceversa.

La pieza posee una contra parte que es el documental homónimo que dirige David Moscoso. Integran el colectivo: Mariela Parrilla, Zuania Minier, Solimar Beníquez, Olga Nexel Gómez, Lireiza Rivera, Krystal Rodríguez, Rubén Rolando Solla, Lionel Cruet, Ricardo Albertorio, Luis Rodríguez, Ellis Williams, Ulrick López Medero, Dan Ausbury y Dhara Rivera. Colaboraron además Linda Sánchez Pintor y Vannessa Hernández.