Durante su niñez, cuando se despertaba en las mañanas, la primera estampa que Daniel Lind-Ramos veía, era la misma: su abuela cosiendo en un rincón de la sala, su mamá tejiendo en otra esquina, su tío tallando máscaras y, en el balcón, otro tío, trabajando en la ebanistería.
Durante su niñez, cuando se despertaba en las mañanas, la primera estampa que Daniel Lind-Ramos veía, era la misma: su abuela cosiendo en un rincón de la sala, su mamá tejiendo en otra esquina, su tío tallando máscaras y, en el balcón, otro tío, trabajando en la ebanistería. (Xavier García)

Loíza - Durante su niñez, cuando se despertaba en las mañanas, la primera estampa que Daniel Lind-Ramos veía, era la misma: su abuela cosiendo en un rincón de la sala, su mamá tejiendo en otra esquina, su tío tallando máscaras y, en el balcón, otro tío, trabajando en la ebanistería.

Su hogar, en el sector Colobó, en Loíza, era prácticamente un taller, donde le era permitido pintar en las paredes de cartón. Por eso, dedicarse al arte, fue algo que para el destacado artista nació de forma orgánica.

Para la década del 1960, cuenta Lind-Ramos, en la casa de sus padres no había servicio de energía eléctrica. Las noticias llegaban a través del desaparecido periódico “El Imparcial”. Según recuerda, el diario hizo un certamen de dibujos para niños, en el que participó y ganó el primer premio (que constaba de $2), con el dibujo titulado “Regadores de abono”, inspirado en los trabajadores que veía en el cañaveral desde su escuelita.

“Eso fue como un superestímulo… (Este año) me acabo de ganar una beca, la gran beca en Occidente, y yo dije: ‘Oye, toda mi vida he estado haciendo lo que me da la gana y ganando premios’. Entonces me recordé de ese premio (del periódico)”, cuenta el artista de 68 años, quien el mes pasado fue reconocido con la prestigiosa beca Mac Arthur -junto a un selecto grupo que incluye a científicos, cineastas, historiadores, coreógrafos y escritores- que ofrece un estímulo de $625,000 para darle continuidad a sus proyectos.

Las artes trazaron el camino del reconocido artista, quien tras graduarse de la Universidad de Puerto Rico en 1975 y realizar una maestría en New York University (1979), partió a París en 1989 -tras ser el primer puertorriqueño en ganar la Arana Scholarship- para estudiar en la prestigiosa École des Beaux Arts, bajo la tutela del reconocido pintor y grabador Antonio Seguí.

Somos Loíza
Somos Loíza (El Nuevo Día)

“Yo quería encontrar un lenguaje, quería encontrar una voz propia, quería encontrar el signo personal, quería encontrar un proceso que hablara de una experiencia, que es la experiencia del yo ubicado en un lugar específico en Colobó en Loíza, Puerto Rico, en las Antillas, y que eso repercutiera en diferentes naciones. ¡Mira que proyectito, ah! Encontré esa voz diciendo: ‘bueno, voy a alejarme de la pintura, que ya es un medio bien conocido, voy con materiales que hablen de esa experiencia’. Por ahí es que entra el ensamblaje”, recuerda el catedrático de la Universidad de Puerto Rico, en Humacao, sobre su proceso de evolución hacia la técnica que consta de la incorporación de objetos cotidianos en la creación de obras de arte.

Mientras el huracán María azotaba la isla, el artista estaba encerrado en su taller haciendo bocetos con los objetos que tenía cerca, que evocaban la emoción provocada por el paso del ciclón. Tras la catástrofe, surge “María María” (2019), considerada una de las diez piezas más relevantes de la década, y que forma parte de la colección permanente del Whitney Museum de Nueva York. El periódico The New York Times publicó el anuncio de la exposición a página completa, uno de los acontecimientos más significativos en su carrera, expresa Lind Ramos, cuyos trabajos han sido ampliamente premiados y expuestos en museos de Estados Unidos y Alemania.

“Lo que uno es en el pasado, es importante en relación a lo que tú eres en este momento y esa es la dirección que yo he tomado en relación a lo que hago. Es un canto a esa memoria, una canción a esa memoria, a través de los vestigios que tienen que ver con la economía… Por mi entrenamiento, yo quiero crear poesía, ¿me entiendes? Y tú sabes que el poeta en general, el visual o el escritor, sugiere un sentimiento fuerte. Así que desarrollé un sentido de pertenencia a Loíza, que parte de una experiencia bellísima con mi familia, con mi comunidad y con Loíza mismo”, abunda el artista, autor de cinco mosaicos escultóricos desplegados en el pueblo como parte de un proyecto de arte público.

Como parte de su trabajo artístico, Lind-Ramos desarrolló un proyecto de arte público en Loíza que incluye las piezas “La leyenda”, en la plaza pública.
Como parte de su trabajo artístico, Lind-Ramos desarrolló un proyecto de arte público en Loíza que incluye las piezas “La leyenda”, en la plaza pública. (Xavier García)

A las nuevas generaciones de artistas, el maestro les aconseja explorar sus raíces, para que desarrollen un sello personal.

“Sean auténticos. Es decir, hablar de lo que usted sabe, de lo que usted experimenta y no tenga ningún reparo en hablar desde el lugar de donde viene. Porque si se estudia la historia del arte, es eso. Cada artista en lugares particulares, en tiempos particulares, se expresan en relación a lo que experimentan de la vida. Y es obvio que en mi experiencia, yo trato de plasmarla simbólicamente con mi obra y es como un canto a eso que me tocó, y lo disfruto un montón”, destaca.

Mosaicos escultóricos de Daniel Lind:

1. “La leyenda”: en la plaza pública de Loíza.

2. “El encuentro”: en el sector Las Carreras

3. “Mascaritas”: en la carr. 187

4. “El viejo y la loca”: en la carr. 187

“Vejigantes”: en el barrio Las Cueva

Como parte de su trabajo artístico, Lind-Ramos desarrolló un proyecto de arte público en Loíza que incluye la pieza “Mascaritas”, en la carretera 187.
La pieza “Mascaritas” ubicada en la carretera 187. (Xavier García)
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