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Bodine Koehler,  la  Miss Universe Puerto Rico,  se levanta por las mañanas   con un propósito  en su mente y afirma “esto es mío” porque  para ella la determinación es lo más importante. La también pianista, cantante y modelo, luce en su dormitorio los trofeos ganados como la confirmación  de una vida  llena de logros. En eso ha influenciado la crianza de sus padres, Mariluz Peña y Robert Koehler. 
 
“Si sabes lo que quieres, donde estás parada,  y tienes la mente clara, sin hacerle daño a nadie, vas impactando de forma positiva  tu entorno. Si  dices ‘esto es mío’ con pasión, logras lo que quieras. Dije un día ‘quiero ser Miss Puerto Rico’ y gracias a Dios se me dio”, dijo la joven de 19 años durante una entrevista que  realizó El Nuevo Día en su apartamento, en el sector de Ocean Park en San Juan.
 
La familia Koehler-Peña es muy sencilla, no vive entre lujos. Son muy unidos y  existe una gran comunicación entre padres e hija. Ellos prefieren disfrutar juntos un día de playa y de barbacoa debajo de una palma, o un concierto    en el Conservatorio de música donde  la reina estudia composición musical, o simplemente se deleitan con las canciones que les interpreta Bodine al piano al que le dedica unas tres horas de práctica diaria.
 
“Nos encanta ir a la playa a tomar el sol, éste (su papá) se pone como camarón, yo como un carbón y mamá   se mete debajo de la palma”, bromeó la reina.
  
El matrimonio decidió tener un solo hijo por  la responsabilidad que eso implica. “Desde que un niño nace comienza la educación y el respeto.   Todo lo que uno  hace el niño lo aprende. Una vez, cuando Bodine tenía 7 meses y vivíamos en Amsterdam,  salí  al supermercado con ella, estaba lloviendo y se le mojó todo el pelo. Se veía tan cómica que me eché a reír y ella me miró con un gesto fuerte  y me dijo en su balbuceo ‘ya es suficiente’. Me di cuenta de que, aunque era tan chiquitita, ya  me estaba enseñando que la tenía que respetar”, recordó la madre.
 
Como parte de su crecimiento, a Bodine se le da su espacio y siempre se toma en cuenta su opinión. “En esos primeros años de la adolescencia se puso bastante difícil, entonces en vez de ponerme a discutir con ella, dejaba   que pasara,  y al otro día ella me estaba pidiendo  perdón. Cuando llegamos de Holanda  los niños se burlaban de ella porque no hablaba bien el español, y era bien alta y flaca, pero en vez de ir a la escuela a reclamar, dejé que ella   tratara de resolver  sus problemas y al poco tiempo estaba ayudando a sus compañeros en una coreografía porque era la única que sabía bailar”, apuntó la pintora dominicana.


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