El director y profesor teatral anuncia su retiro de la UPR y asegura que ahora quiere viajar con su talento.

Respetado por sus estudiantes y admirado por sus colegas, el actor, profesor y director de teatro, Dean Zayas se dispone a cerrar un ciclo de su vida como educador en enero del 2019, dejando atrás 52 años de entrega a los cientos de estudiantes que pasaron por su rigurosidad como director (hasta el 2014) del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

No obstante, el escritor cifra sus ilusiones ahora en una nueva etapa que iniciará como director de teatro en Europa y Estados Unidos, y en escribir los muchos libros que aún le quedan por publicar.

Tengo sentimientos mixtos, pero en la vida todo cambia. Con la Universidad de Puerto Rico estuve el tiempo suficiente por lo que debo sentirme afortunado. En cuanto terminé la maestría comencé a trabajar como profesor de teatro. Muchas veces pensé irme, aceptar otras ofertas comerciales y educativas que tuve, pero siempre había una excusa para quedarme porque había unos estudiantes por los que yo me sentía con la obligación de quedarme, y no me arrepiento”.

¿Te emocionas al pensar en lo que te aguarda el futuro?

—Creo que sí, obviamente seguiré haciendo teatro fuera de la Universidad. Tengo varias ofertas que siempre han estado. Lo que más me ilusiona es poder salir de Puerto Rico para realizar producciones, ya sea en España o en Londres, porque ahora tengo el tiempo que antes no tenía debido a la cátedra.

¿Que obra te gustaría representar en Londres?

—Shakespeare por supuesto. A mí de Londres me apasiona todo; su gente y sobre todo el teatro. Me sobrecoge porque es un pueblo educado en el teatro, porque allá se estudia utilizando el teatro. Me gustaría que aquí se utilizaran mucho más las artes para educar; resultaría mucho más entretenido y los estudiantes retienen más.

Hace pocos meses estuviste muy delicado de salud. ¿Cómo sigues?

—Me siento maravillosamente bien. Tengo que hacer terapia todo el tiempo y ejercicio para que la condición mejore. Es crónica, no se puede enyesar, todo tiene que caer en su sitio por mandato propio. No es placentero, sientes el dolor bien fuerte, pero ahí estamos.

¿Cual es la condición que padeces?

—El nombre científico no te lo podría decir porque yo no oigo mucho lo que los médicos dicen, las personas que están a mi alrededor son las que escuchan.

¿Cómo surge la dolama?

—De una forma inexplicable. Había terminado de grabar los programas de “Estudio Actoral” y de momento sentí dolor en la espalda baja. Así estuve como un mes, por un trabajo en la Universidad, una obra de teatro que dirigí. Estuve hasta que se terminó el curso universitario, y fue entonces cuando asistí al doctor, pero ya había empeorado la condición. Ya no tengo el dolor sino la molestia, y como estuve tanto tiempo en cama tengo que adiestrar los músculos de nuevo, y mientras me muevo sostenido con un bastón”.

¿Continuarás con “Estudio Actoral”?

—Llevo 17 años trabajando en WIPR (Canal 6) con sobre 400 entrevistas realizadas. Esas grabaciones son documentos históricos. Le sugerí a Carlitos (Maldonado) el director del programa, un tipo de documento testimonial de esos artistas que murieron antes de iniciar la producción para que la gente conozca cual fue su aportación. No quiero dejar olvidado a esos talentos del ayer.

Empecé a escribir una columna en la revista “Escena boricua” que no se está publicando, son crónicas breves, porque un día estaba hablando con mis estudiantes y recién acababa de morir Miguel Ángel Suárez y no sabían quién era, y no es culpa de ellos; hay que enseñarles, contarles quienes eran nuestros actores.

¿Cuál ha sido tu entrevistado más recordado, el primero que te viene a la mente?

—Edward James Olmos. Un hombre inteligente, humano y sincero. Me impresionó mucho.

De vuelta al tema de la educación. ¿Qué cambiarías?

—Estoy muy frustrado con la educación actual. Es más, pienso que la mayoría de los males que estamos sufriendo se deben a la educación. Al maestro se le quitó el poder que tenía en el salón de clases; ya no lo ven como esa figura respetada, ese guía importante. Recuerdo que los maestros para mí eran como mis padres.

Para Zayas resulta inadmisible que en el proceso educativo no se acuda a la literatura clásica, no se tenga más cuidado en la enseñanza del español, lo que repercute en el desempeño profesional en general.

—Todo cambió, la idea del texto alguien lo alteró. Todavía las grandes historias literarias nos enseñan algo y no se deben nunca rechazar o sustituir por otras cosas que verdaderamente muchas veces no añaden. El lenguaje se debe cuidar un poco más… Me aterra cada vez que veo en los medios la palabra mal utilizada, la palabra mal pronunciada, porque el medio siempre tiene que ser educativo. No lo concibo de otra forma. Pero lo que más la gente ve son los programas de chismes que dejan mucho que desear, que no edifican ni contribuyen en nada.

¿Qué opinión te merece el que actualmente la mayoría de las producciones teatrales locales sean comedias?

—El teatro está influenciado por el tipo de televisión que se está haciendo ahora. Tengo que decirlo como lo veo, porque muchas veces se utilizan actores y actrices que solamente son de nombre porque no tienen una profesión, no tienen un entrenamiento y me parece que es una falta de respeto a la profesión. Es una fórmula que ha tenido éxito en un público diferente, no para el que yo estaba acostumbrado a dirigir en una época en que el teatro que se hacía en Puerto Rico era excelente. Ahora de cada 100 presentaciones solo una vale la pena.

¿Sueles asistir al teatro?

—Muy poco porque no me interesa ver lo mismo. También me da mucha pena por la televisión puertorriqueña que también era un producto que competía de igual a igual… No estoy resentido, todo lo contrario, fui afortunado; conocí gente maravillosa. Sé que los tiempos cambian, pero si cambian para mal no lo apruebo.

¿Cómo se puede mejorar ese teatro que la gente ya se acostumbró a ver?

—Con educación, que es lo único que nos iguala. Puedo ser muy pobre y llegar a ser de cualquier profesión, igual que una persona que tenga los recursos se le facilita los estudios. Somos iguales porque la educación nos iguala, pero la educación se ha descuidado.

Hay una tendencia entre los artistas a sacar carcajadas siendo ellos mismos, ¿qué piensas al respecto?

—La actuación no es ser tú mismo, es interpretar. Si estás haciendo algo que no tiene que ver con el arte, con el ejercicio del actor, para eso abre la ventana de tu casa y mira quien está en la calle; quizá esa persona tiene mucha más verdad en lo que está haciendo, y entretiene mucho más que ver uno de estos programas u obras teatrales.

¿Qué estás leyendo y escribiendo en esta etapa de tu vida?

—Leo tres libros a la vez, pero ese es mi hábito de siempre. Son cuentos de la narrativa oriental como “Las mil y una noche”. La colección de la escritora italiana Elena Ferrante se ha convertido en un “best seller” porque es una tetralogía y estoy en el primer tomo. Además leo material de una escritora inglesa sobre dirección escénica. En cuanto a escribir, estoy dándole forma a los manuales de actuación y dirección escénica que va a estar dirigido al maestro. Pero estoy trabajando en algo mucho más ambicioso, que es la historia del actor en Puerto Rico desde el siglo 19 hasta al momento porque me parece que olvidamos muy pronto a quienes hicieron el teatro. Sabemos que “La carreta” la escribió René Marqués, de qué trata, pero no sabemos quién lo interpretó y sale el nombre de Lucy Boscana, pero se dice poco, no sabemos qué entrenamiento ella tuvo, qué nos legó. Es lo que quiero rescatar y sé que vale la pena.

¿Qué sientes cuando ves lo que está pasando con la educación en nuestro país?

—Para mí el abrir o cerrar escuelas no me parece tan importante como lograr que haya un currículo innovador donde se eduque a un pueblo, a una juventud, que se eduque sobre los principios morales, los principios éticos sobre el respeto hacia los demás y sobre todo respetar a esa gente que vino antes. Yo aprendí mucho de los mayores y espero que mis estudiantes hayan aprendido mucho de mí a través de estos años.

¿Qué piensas cuando ves a un talento como Lin-Manuel Miranda con esa capacidad para escribir, componer y actuar?

—Creo que Lin-Manuel es un ejemplo, un referente, como fue Raúl Juliá en la actuación, con la diferencia de que Lin-Manuel nace y se cría allá y Raúl va allá. Ese tipo de puertorriqueño que coexiste en la ciudad de Nueva York y ambos se siguen llamando boricuas. Lo que él ha creado dentro de su afán de llevar lo latino, lo puertorriqueño en ser reconocido y la lucha que ha tenido, y que heredó de su padre es único. Es un ejemplo del alcance de la educación. Si él no hubiese tenido esas oportunidades educativas quizá no hubiera podido ser lo que es hoy. Por supuesto que me identifico con él aunque vivimos en ciudades diferentes.


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