Sasha Stroman, quien vive en Los Ángeles, junto a su padrastro, el ingeniero Frank Cué y su mamá Marisol Malaret, durante su visita a la isla en diciembre pasado. La guionista añora visitar a su progenitora aunque la actual pandemia le impide viajar. (Suministrada)

Sasha Stroman Malaret supo desde niña que su mamá era alguien especial.

Una salida al supermercado o a las tiendas siempre incluía que alguien totalmente extraño la saludara efusivamente y, en muchas ocasiones, hasta pidiera tomarse una foto junto a ella.

Después de todo su mamá poseía, como ella describe, “una belleza exuberante”. Luego comprendió el concepto de que su progenitora fuera la primera Miss Universo de Puerto Rico, un asunto que no era tema de conversación en la casa, pero que había que asumir cuando se atravesaba el umbral del hogar hacia la calle.

Sasha asegura, sin embargo, que si bien el público ha admirado por estas pasadas cinco décadas a su mamá, Marisol Malaret, por su belleza, elegancia, proyección ante las cámaras y éxitos empresariales, en su caso el amor y la gran admiración que siente por ella nace de la sabiduría y la fuerza interior que ésta posee, y que constituyen un ejemplo que asegura, aunque difícil de emular, le sirve de norte, ahora como madre y profesional.

“Para mí, mami ha sido siempre un ejemplo a seguir, mi norte en cuanto a lo trabajadora, lo responsable, lo buena amiga y consejera que es. Es tan brillante que a veces me pregunto ‘¿de qué tema ella no sabrá? Si la gente supiera lo sabia que es; ella es una fuente inagotable de conocimiento. ¡Ella es una reina de la vida! Crecí viéndola como la empresaria, la editora de revistas. Ella es estricta, pero justa y con los pies en la tierra. Pienso en todo lo que ha logrado en su vida viniendo de un origen humilde donde no tenía tantas oportunidades. Gracias a ella siento que vengo de un linaje de mujeres fuertes y luchadoras, mujeres que se valen por sí mismas y que consiguen lo que quieren trabajando duro. Ella lo vio de su tía que fue su mamá de crianza, lo inculcó en mí y yo espero pasar ese legado a mi hija, Luna”, explica Sasha, quien lleva una carrera ascendente como guionista en Hollywood.

“Si he salido hacia adelante en este mundo tan competido es por lo que aprendí del ejemplo de mami” añade Stroman Malaret, quien formó parte del equipo de guionistas de la popular serie animada “American Dad”, así como de “East Los High” y más recientemente del “sitcom” “The Baker and the Beauty”, de la cadena ABC.

Gracias a ella siento que vengo de un linaje de mujeres fuertes y luchadoras, mujeres que se valen por sí mismas y que consiguen lo que quieren trabajando duro.

Sasha Stroman Malaret

“Ella me apoyó en este sueño, esta meta y lamentablemente, ahora con la pandemia del coronavirus, estamos muy alejadas físicamente, porque nos hablamos hasta tres veces al día. Me da tristeza porque ella se disfruta mucho ser abuela y porque nosotras siempre hemos sido muy unidas”.

Sobre su carrera abunda. “Mantenerte como ‘working writer’ en Hollywood es difícil y si lo he logrado es por esa ética de trabajo que ella me inculcó. En casa de Marisol Malaret uno tenía que trabajar y aunque fuera verano no era para levantarse tarde a no hacer nada. Esa mentalidad me ha ayudado a sobresalir en una industria que es de mucha competencia, donde no puedes dormirte en los laureles. Así que, olvídate de la escuela de cine, esto ha sido la escuela de Marisol Malaret”.

Entre las anécdotas que atesora la guionista sobre su crianza fue cuando a los 16 años le pidió a su progenitora que la enviara a un campamento de verano fuera de la isla tal y como iban a hacer sus amigos y amigas. En lugar de esto: “una mañana fuimos a Plaza Las Américas y mami me dejó en el parking y me dijo: ‘cuando venga a recogerte en la tarde tienes que haber conseguido un trabajo en alguna tienda para el verano’”.

Pero crecer siendo la hija de una figura pública y, en este caso, de una Miss Universo, puede tener su lado menos dulce.

“Crecer siendo ‘la hija de Marisol’ en Puerto Rico no fue fácil. Mi mamá es un espectáculo de mujer y la gente a veces decía cosas que no eran agradables. Para mí era fuerte, sobre todo en la adolescencia, en esa etapa de la vida, sentir que yo no daba la talla en cuanto a belleza, proyección pública o logros; y ella tuvo esa sabiduría, me hizo sentir que yo era la persona más importante de su vida y que tengo mejores cualidades que ella; me enseñó mis fortalezas para que yo no escuchara las voces que trataban de compararme con ella. Ella me dio todas las herramientas para valorarme y para que entendiera que yo podía llegar a donde yo quisiera llegar. Es cómico, porque los concursos y la belleza no eran tema de conversación en casa, eso no era importante”.

De esta manera, asegura Sasha, comprendió que eran las cualidades humanas de su progenitora las que le servirían de guía.

“Ella es una líder, es trabajadora, es buena consejera, de eso pueden dar fe quienes la conocen. Hay gente que la llama para consultarle decisiones importantes de su vida”.

Por eso, en un país que suele olvidar tan fácil su historia y sus personajes, para Sasha es un motivo de orgullo y alegría las expresiones de cariño de la gente hacia su mamá.

“Doy fe de que la gente la quiere y eso me llena de tanto orgullo. Desde que tengo uso de razón la gente la detiene para saludarla y para tomarse una foto con ella. En ese sentido he sido su fotógrafa toda la vida” -dice entre carcajadas-. “Y es bonito, ver que las señoras la detienen y les dicen a sus hijas y a sus nietas: ‘Mira, con ella es que empezó todo’”.