Ramón Ortiz, Jorge Laboy, Ito Serrano y Christian Nieves (de izq. a der.) llevaron a los espectadores por un viaje musical. (Suministrada) (horizontal-x3)
Ramón Ortiz, Jorge Laboy, Ito Serrano y Christian Nieves (de izq. a der.) llevaron a los espectadores por un viaje musical. (Suministrada)

Cuatro destacados músicos puertorriqueños unidos en una propuesta original e inédita es lo que ofreció el concierto “Mi pasión, mi vida, mi guitarra”, en el que los guitarristas Jorge Laboy, Ito Serrano y Ramón Ortiz, junto al cuatrista Christian Nieves desplegaron sus talentos.

Como dijo Jorge Laboy, en un momento de la velada, “la guitarra es un instrumento que ofrece muchísimos colores y opciones”.

Con décadas de experiencia y un evidente amor por su labor, los músicos hicieron uso de una buena parte de esas opciones, para deleite del público que llenó casi a capacidad la Sala Sinfónica en el Centro de Bellas Artes de Santurce.

Cada uno de esos músicos hizo gala de los particulares sonidos de sus instrumentos, en un repertorio que enfatizó el rock pero que incluyó la balada, la danza, el seis y los ritmos afrocubanos.

Los acompañaron Egui Sierra en el bajo, Raúl Maldonado en la batería, Harry Aponte en los teclados y Raúl Rodríguez en la percusión, una banda que elevó la expresividad de la música.

Dos temas de rock suave, “Opening” y “We Are the Champions”, abrieron el espectáculo en una onda positiva y melódica que se mantuvo a lo largo de la jornada. La tercera pieza fue un homenaje a Ismael Rivera, con su clásico “Las tumbas” interpretado en onda rockera –un toque imaginativo que destacó tanto la creatividad de los músicos como la adaptabilidad de esta memorable salsa

La intensidad del rock volvió en “Race with The Devil”, solo para volver a moderarse con la interpretación del vals “Renata”. Este dio paso al segmento “unplugged” de la noche, con Ortiz y Laboy en guitarras acústicas, y Serrano y Nieves en cuatros. El “segundo himno nacional” boricua, “Verde Luz”, de Antonio Cabán Vale –presente en el público- recibió un exquisito tratamiento melódico-armónico, seguido de otra memorable interpretación: el medley de “Dust in the Wind” y “Stairway to Heaven”, dos clásicos del género pop-rock.

Sin ánimo de restarle al bien logrado ánimo colaborativo, el segmento de los solos fue uno de los mejores del concierto. Lo abrió Ramón Ortiz, con el medley “Guitar Region”, que incluyó una parte del “Lamento Borincano” de Rafael Hernández. Ortiz lució su gran destreza en la digitación, su genuino sentimiento rockero y una gama de sonidos que iban de lo punzante a lo dulce.

A continuación, y precedido por un vídeo sobre la lucha por expulsar a la Marina de Vieques, Christian Nieves tocó “Bieke”, agradable fusión de seis villarán con aires salseros y pop. Sobresalieron aquí tanto el sonido de su cuatro, modificado electrónicamente para un breve solo, y las descargas de percusión.

Manifestando agradecimiento a Dios, a su esposa y al público por su presencia, Jorge Laboy entregó una de las mejores interpretaciones de la noche. Su tema “Miraculum” –que guarda cierto parecido con el clásico “Greensleeves”- fue toda una exhibición de jazz-rock apasionado, con el sonido personal de su guitarra eléctrica. Recibió una de las mayores ovaciones de la noche.

Ito Serrano ocupó el último turno de los solos con un medley de piezas de Santana, encabezado por “Black Magic Woman” y finalizado por “Oye como va”. Una mágica improvisación de los dos percusionistas en los tambores batá introdujo a la interpretación, un festín rockero que también enardeció al público.

Otro clásico de Santana, la imperecedera balada-rock “Europa”, proveyó los acentos románticos de la velada. A renglón seguido, una versión semi-salseada de otro clásico rockero, “Hotel California” (del grupo The Eagles) puso a gozar a los presentes. La interacción de las guitarras, tanto en sus armonizaciones como en los solos y, sobre todo, en la interpretación al unísono del memorable estribillo final de la canción, fue un verdadero deleite.

Un intenso “Cumbanchero”, de Rafael Hernández, y “Children’s Anthem”, de Toto, concluyeron la vibrante y feliz jornada.

“Mi pasión, mi vida, mi guitarra” es una propuesta original e inédita en nuestro panorama musical. Según sugirió Laboy, se propone como un concepto que se mantendrá, no como un solo concierto. Ojalá que así sea, pues no solo destaca los talentos individuales y colectivos de estos excelentes músicos, sino también cuán amplio es el espacio que puede abarcar la música puertorriqueña, tanto en términos de temas originales como de creativas reinterpretaciones. Una grabación en vivo sería una buena idea. Enhorabuena.


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