Durante el Puerto Rico Jazz Jam se dieron juntes de grandes exponentes como Humberto Ramírez y Luis "Perico" Ortiz. (Sministrada)

Al celebrar sus 10 años de existencia –toda una proeza, tanto en términos musicales como de respaldo del público- el Puerto Rico Jazz Jam es ya un placer conocido. Todo el que asiste sabe a lo que va. Y a lo que va es a apreciar jazz de primera calidad, no solo jazz “latino”, como se dice comúnmente, sino más específicamente jazz puertorriqueño. Hacia esa meta han venido trabajando con dedicación el trompetista y director de orquesta HumbertoRamírez, creador y “cerebro” del evento, así como sus músicos e invitados: hacia una definición del jazz hecho en Puerto Rico, con toda la riqueza que eso implica.

En esa línea claramente definida, el festival acogió en su primera noche, el viernes 24, los talentos de Nydia Caro, el trompetista Luis “Perico” Ortiz, el bajista Oskar Cartaya y el percusionista Eguie Castrillo, quienes deleitaron a los presentes con sus distintas aproximaciones a un género que, tras originarse en Nueva Orleans hace aproximadamente un siglo, se ha vuelto universal. La poderosa big band que lidera Humberto Ramírez tuvo a su cargo acompañar a estos destacados invitados, lo que también ocurrió la segunda noche, el sábado 25.

Tras una rumbosa introducción con el “Tema de la Puerto Rico All Stars” (compuesto por Elías Lopés) en la que la orquesta dio un primer aviso de su fuerza expresiva, ocupó el escenario el primer invitado, el saxofonista Iván Renta. En el mambo-jazz “Quinto piso” hizo gala del sonido ancho y expresivo de su saxo tenor, así como de su notable facilidad técnica. Ese sonido lució aun mejor en el ensoñador bolero “En la oscuridad”, de Rafael Solano, robusto y atractivo, en el estilo de los grandes saxos tenores de antaño como Don Byas.

Un querendón del público salsero, Willie Rosario, en cuya orquesta Ramírez dio sus primeros pasos profesionales, fue el siguiente invitado, en las piezas “Satin and Lace” y “Mambo Inn”. La sabrosura de estos clásicos de jazz, así como la notable vitalidad que Rosario conserva a sus 95 años, dieron las notas destacadas en estas interpretaciones. Rosario hasta llegó a tocar un buen solo de timbal, con frases de bebop y todo, y se despidió ante un sonoro aplauso del público. “Hice lo que pude”, dijo con humildad y una amplia sonrisa.

Una versión enteramente recreada de “En mi Viejo San Juan”, con arreglo del pianista de la orquesta, Ángel David Mattos, concluyó la primera parte del concierto. Ricamente rearmonizado y con imaginativas secciones escritas nuevas que hicieron de este clásico boricua una interpretación genuinamente jazzística, fue uno de los mayores aciertos de la velada. El solo de piano de Mattos –hoy por hoy, uno de nuestros grandes ejecutantes del instrumento- fue un deleite especial, con abundantes recursos y un “feeling” reminiscente del soul-jazz de los años 60. El solo de Frankie Pérez en saxo alto cerró el tema con dramática intensidad.

La segunda parte de la velada comenzó de la misma manera en que concluyó la primera, con una recreación de una composición latina al estilo del jazz. En esta ocasión fue el bolero “Juguete”, inmortalizado por Cheo Feliciano, aquí transformado en suave y acompasado swing. Sobresalió aquí el solo de saxo alto de Josué Urbina, magistralmente desarrollado.

“Love is Far Away”, una nocturnal “walking ballad” del saxofonista tenor Luis Rodríguez, proveyó el tono romántico de este segmento, en el que se evidenció el sedoso y atractivo sonido de su instrumento. Ese tono se mantuvo en la siguiente interpretación, en la que el invitado fue el sensacional trombonista William Cepeda.

No es muy frecuente escuchar un bolero-blues en trombón, y menos aún con el sonido vigoroso e inconfundible de Cepeda, quien toma del gran maestro de este instrumento, J. J. Johnson, su inmensa expresividad, control técnico y “blues feeling”. El solo de Humberto Ramírez en fliscorno, cálido y con sentimiento, redondeó la que tal vez fue la pieza más lograda de la noche.

No menos lograda fue la segunda pieza de Cepeda, “Cuasi plena”, basada en la melodía de “Cuando las mujeres quieren a los hombres”. Aquí su trombón estuvo bravo y memorable, así como sus interpretaciones en los caracoles. La improvisación de Frankie Pérez en su saxo alto acentuó el éxito de esta plena-jazz.

Otro de los grandes querendones del público, el percusionista Giovanni Hidalgo, se presentó en los dos temas finales, el mambo-jazz “Cariñoso” y el son montuno “La Perla”, en el que se destacaron el bajo de Junior Irizarry, el saxo tenor de Víctor Román y el trombón del maestro Reinaldo Jorge. En el segundo tema, el solo de Hidalgo en timbales fue sencillamente deslumbrante. Todo un espectáculo, con la frescura de sus ideas, su sentido del tiempo y la simple fuerza bruta de un hombre que evidentemente vuelca todo su ser en una descarga como esta. Hidalgo volvió a hacer lo propio en el “encore”, titulado “Celebrando”, pero esta vez en las congas, con una rapidez y un despliegue de formas, texturas y sonidos que pocos percusionistas podrían igualar. Junto al trombón de William Cepeda, su presentación fue la joya de un excelente concierto de jazz puertorriqueño.


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