Como fruto de esas vivencias y de esa claridad nació “Caribe”, el más reciente proyecto discográfico de Edgar Abraham. (Suministrada) (vertical-x1)
Como fruto de esas vivencias y de esa claridad nació “Caribe”, el más reciente proyecto discográfico de Edgar Abraham. (Suministrada)

Para Edgar Abraham, el Caribe es uno solo, pese a las diferencias de idiomas o costumbres que puedan existir. Y el arte en general, no solo la música, es “el catalítico” que nos une.

“Hace poco tuve la oportunidad de viajar a St. Thomas, para un festival que se llama Jazz at the Park”, cuenta el músico, compositor y profesor de música, quien ha ganado tres premios Grammy, en una entrevista con El Nuevo Día. “Me di cuenta de que somos tan similares, aunque el primer idioma de ellos es el inglés. El calor caribeño se siente”.

Experiencias parecidas en la República Dominicana y en Cuba, a donde viajó en el 2003, cimentaron esa visión. “Muchas personas miran muy lejos, por ejemplo, a lo que hacen los artistas norteamericanos, que lo hacen genial, pero también tenemos que mirar al sur, al este y al oeste. Es cuestión de mirar un poco más cerca y darnos cuenta de quiénes somos primero para entonces tener una claridad como artistas y como seres humanos”.

Como fruto de esas vivencias y de esa claridad nació “Caribe”, el más reciente proyecto discográfico de Abraham, quien se ha destacado mayormente como intérprete del saxofón alto, pero toca todos los instrumentos, como, de hecho, lo hace aquí. El nuevo álbum, además, incluye una novedad absoluta en su carrera, que ya se extiende por dos décadas: también canta, con una agradable y pegajosa voz.

Con base en la improvisación y el “feeling” del jazz, “Caribe” es una grabación que desafía los esquemas preconcebidos, al destacar de manera prominente ritmos como el songo, la guaracha o el guaguancó que lo acercan al género de la salsa. En ese sentido, no solo es un homenaje a la puertorriqueñidad, sino a toda la región caribeña, destaca el músico.

Abraham, quien grabó su primer disco a los 16 años –actualmente tiene 37- y atesora su colección de discos de vinilo de Herbie Mann, Sadao Watanabe, Grover Washington Jr., Tom Scott y otros artistas, señala que este nuevo proyecto surgió como consecuencia de un periodo de profusa actividad.

Inmediatamente antes, publicó “My Best Friends” y “Quíntuples”, dos proyectos muy ambiciosos. En el primero, cuenta con estrellas de la talla de Giovanni Hidalgo, Endel Dueño y Eddie Gómez, entre otros. El segundo incluye cinco discos compactos, cada uno con sus particularidades musicales.

“Este proyecto es el comienzo de una secuela de grabaciones que voy a hacer”, dice Abraham. “‘Caribe’ inicia la serie para ir cubriendo después distintas partes del globo terráqueo. Aquí quise hacer una síntesis de parte de los ritmos del Caribe, porque son cientos. Comencé a estudiar los ritmos con los que más me he familiarizado y las agrupaciones a las que he tenido una admiración. Traté de identificarme con esos estilos y así grabé los temas”.

Muchas inspiraciones

Inspirado en Juan Luis Guerra, grabó el tema “Para ti” en ritmo de palo dominicano pero con claras influencias del jazz. El songo “Dame un beso deso” tuvo su origen en el respeto que siente por el legado de Eric Figueroa, Cachete Maldonado y los demás músicos de Batacumbele. “La marea”, por su parte, tomó como punto de partida “Contradanza”, del maestro cubano Chucho Valdés.

“Hay que tener la mente muy abierta para aceptar todo tipo de información para, a la hora de improvisar, poder transmitir todo lo que uno sepa que es adecuado en el momento”, subraya el músico, al referirse a que también integra los batás –los tambores sagrados de la religión Yoruba- en el tema “Olokún”.

La decisión de cantar varios temas en “Caribe” le llegó por razones sencillas y complejas a la misma vez.

“Yo respeto mucho a los cantantes”, afirma Abraham, “comenzando por el bel canto, con Plácido Domingo, Pavarotti. Ya todo se ha hecho en la voz”.

“También me he dado cuenta de que en el jazz, muchas grandes bandas, como Weather Report con el trabajo que hacía Joe Zawinul, eran como (si tuvieran) vocalistas. Zawinul vocalizaba, hacía unos coros mientras tocaba las armonías en el piano. Logró que la gente se identificara más con el género del jazz. Utilizar la voz atrae más al público; uno crea una relación más humana. A mí me encanta utilizar esos efectos en tarima, lo hago mucho en vivo”.

“La música es un proceso constante de aprendizaje”, prosigue el músico. “Yo aprendo todos los días. Desde el punto de vista de instrumentista y de compositor, pues son dos caminos distintos, uno tiene que tomar unas decisiones a la hora de grabar un disco… Son decisiones que van en constante búsqueda de hacer una música versátil y no mantenerse en un estilo monótono; incorporar nuevas ideas. Y en cuanto a la voz dije, ‘vamos a tratarlo’”.

“Siempre he tratado de buscar la alternativa de llegar a la gente. Que no vean el jazz como un género elite. El jazz es una música que nace del corazón, de la creatividad, de uno poder expresarse. Eso fue lo que me motivó, el decir ‘quiero llegar a la gente, quiero realmente hacerlo’”.

En el proceso creativo de “Caribe”, explica Abraham, se grabaron alrededor de 15 o 16 temas, de los cuales eligió finalmente ocho, por motivos artísticos y de exigencia consigo mismo.

“Hicimos distintas ejecuciones, pero no iban todas en el mismo camino. Me dije, ‘vamos a organizar las ideas’. He hecho discos completos y lo he guardado y vuelto a empezar. Además, cuando tú haces todos los instrumentos toma más tiempo encontrar el sonido correcto de la batería, del bajo o contrabajo, si es un piano o un Fender Rhodes lo que vas a utilizar”.

Abraham no le teme a la posibilidad de que algún crítico valore negativamente el disco por el hecho de queen la mayoría de las piezas él tocó todos los instrumentos, obviando el elemento de interacción tan importante en el jazz.

“Las ideas y el talento, todo lo que uno conoce, es parte de la contribución musical que uno puede hacer”, asevera. “Rahsaan Roland Kirk tocaba tres y cuatro saxofones a la vez. Uno dice, ‘pero, ¿por qué? ¡Si yo con uno tengo!’ (risas) Pero él dejó un legado muy importante. Jaco Pastorius y Marcus Miller han hecho trabajos similares”.

Vehículo de felicidad

Abraham abunda que “es un proceso individual, algo que viene del corazón. Al final del día, el propósito de la música es hacer a la gente feliz. Eso lo aprendí de Herbie Hancock, quien dice que el propósito de la música es alimentar el alma, y si uno lo puede hacer por uno mismo… Aunque me encanta grabar con todos los músicos a la misma vez”.

Al preguntarle si tiene un favorito entre los temas del disco, menciona “La marea”. “Me puedo identificar con ese tema, que dice, ‘que me lleve la marea pa’ donde sea’. Si uno tiene su norte claro, la dirección del viento siempre lo va a llevar por el camino correcto. Como sucedió con en el huracán María”.

“Terminamos el disco como dos o tres semanas antes del huracán”, relata Abraham. “Saqué todos mis instrumentos de un local que tenía alquilado en la avenida Kennedy para pintarlo. Yo tengo muchos instrumentos, batás, congas, batería, los seis saxofones, y los llevé a una casa de la familia”.

Fue providencial: el huracán arrasó completamente el local donde los instrumentos habían estado almacenados, que ocupaba un segundo piso. “Si no los hubiera sacado a tiempo, los hubiera perdido todos. Nos preguntamos, ‘qué vamos a hacer ahora’, pero en esos días la gente necesitaba música y yo agraciadamente siempre me mantuve ocupado con diferentes proyectos musicales”.

Como es su práctica usual, Abraham tiene varios proyectos simultáneos en mente, incluyendo una presentación de la música de “Caribe” en un marco sinfónico.


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