La propuesta compleja de esta película es canalizada a través de la maravillosa actuación de Daniel Giménez Cacho: Foto cortesía de Netflix
La propuesta compleja de esta película es canalizada a través de la maravillosa actuación de Daniel Giménez Cacho: Foto cortesía de Netflix (Suministrada)

Ambición, Poesía Visual, Introspección con una buena dosis de ego y varias pinceladas de Realismo Mágico. Todo esto está presente en Bardo: falsa crónica de unas cuantas verdades, el nuevo filme de Alejandro González Iñárritu que ya se proyecta en las salas de Fine Arts antes de dar el brinco a Netflix en el mes de diciembre. Y dado a la estrategia calculada de su distribución para poder clasificar para las próximas nominaciones al Oscar, vale la pena dejar claro que el director y su excelente equipo de producción han creado una experiencia cinematográfica que tiene que ser vista en la pantalla grande.

Resulta difícil imaginar como la escala gigantesca de este filme registre fuera de un cine. La película entera es un experimento donde su director alterna entre luchar, alimentar y exorcizar todas las ambiciones y pretensiones que tiene sobre el medio en que se desempeña. El resultado es desigual de muchas formas, pero nunca deja de ser fascinante. Aunque el filme constantemente está jugando con perspectiva y temporalidad, Iñárritu estructura la jornada esotérica del personaje como una serie de meditaciones sobre el dolor, su identidad como artista y traumas generados por tragedias personales, las heridas culturales del colonialismo y la experiencia surreal de tener que abandonar su país para recibir aclamo profesional en otro.

Esa propuesta compleja es canalizada a través de la maravillosa actuación de Daniel Giménez Cacho. En un filme donde hay visuales memorables en cada encuadre, su despliegue de honestidad emocional sigue siendo su mejor recurso. En unos de los mejores momentos del filme, el director coloca al espectador en la frecuencia del protagonista, al ritmo de una canción de David Bowie. Es uno de muchos momentos maravillosos que no se podrían haber logrado con otro actor.

En Bardo Giménez Cacho interpreta a Silverio Lima, un periodista que esta en crisis desde el primer encuadre del filme. El filme alterna entre las que examinan las heridas que lo afectan a nivel personal y las que han encaminado su destino profesional fuera de México. De todo lo que se explora con detenimiento en pantalla, con un tono que alterna entre melancolía y sátira, lo único que se siente excesivo son las secciones que están dedicadas a como los críticos han reaccionado al trabajo del protagonista. Hay todo un segmento extendido donde Silverio es humillado públicamente por alguien que pasa de ser amigo a crítico una vez el aclamo eleva el impacto de su trabajo. Se podría argumentar que todo lo que dice ese personaje es Iñárritu a la defensiva ante las posibles críticas de esta película. Sin embargo, las secciones más impresionantes de Bardo son aquellas que muestran a un Alejandro González Iñárritu mucho mas templado y vulnerable.

💬Ver comentarios