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Edward Norton y Gugu Mbatha-Raw. (YouTube)
Edward Norton y Gugu Mbatha-Raw. (YouTube)

“Motherless Brooklyn”, el largometraje de Warner Brothers que estrena este jueves en las salas de Fine Arts, es una mezcla peculiar de drama emotivo con los elementos más básicos de una historia detectivesca. La adaptación de la galardonada novela homónima de Jonathan Lethem podría descartarse como una versión moderna  y esotérica de “Chinatown” pero en esta ocasión el misterio arropado en corrupción gubernamental sucede en Nueva York. Aunque parte de eso no se puede refutar, clasificarla de manera superflua no le haría justicia al despliegue de ambición artística que hay en esta película.

Lo otro que resulta importante resaltar es que con esta producción es la segunda vez que Edward Norton ocupa la silla del director y la primera vez que recibe crédito oficial como guionista. En contraste con su primer filme, una fusión de drama y comedia titulada “Keeping the Faith”, esta película es un brinco virtuoso en su desarrollo como cineasta. La escala de esta trama es mucho más grande y como cineasta Norton se encarga de llenarla con la cinematografía espectacular de Dick Pope, actuaciones destacadas de Willem Dafoe y Alec Baldwin, y más que nada su atención a todo tipo de detalles. 

El protagonista de “Motherless Brooklyn” no es un detective.  Al principio de la trama cuando conocemos a Lionel (Norton) este es el asistente de un detective privado (Bruce Willis) cuya cualidad distintiva, a pesar de tener una retentiva impresionante, es sufrir de síndrome de Tourette. Cuando su jefe es asesinado investigando un caso que apunta hacia corrupción en la administración del condado neoyorquino titular; el protagonista decide ignorar las limitaciones de su condición y asume la identidad de un periodista para poder reclamar justicia por el único hombre que lo trato con empatía.

A pesar de los destellos maravillosos de la cinematografía y una banda sonora que se apoya de un jazz exquisito, el misterio central de “Motherless Brooklyn” resulta bastante predecible. El filme funciona mucho mejor cuando es visto como un estudio de personaje. El triunfo de la narrativa de Lionel no reside en si encuentra al asesino de su mentor. Tanto el guion de Norton como su interpretación en el rol central, traza la jornada de un personaje que ha sido descartado y oprimido hasta ser un héroe que está en control de todas sus destrezas.

Del mismo modo, el triunfo más grande de Norton como director es lograr que el punto de vista de su protagonista sea tangible para el espectador. De esa forma, independientemente de que la investigación tenga un ritmo pausado y sea episódica, al público le importa lo que sucede en pantalla porque al protagonista le importa. Con esto a su favor “Motherless Brooklyn” evita que el laberinto que encierra el misterio central del filme no aplaste la emotividad de la jornada de su protagonista.