La cuarentena obligó a muchas personas a transformar el hogar en un lugar de trabajo. ( Archivo)

La pila de ropa sucia que aparecía en escena, en el ángulo inferior izquierdo, ciertamente no ayudó a limpiar su imagen de desordenado que él se había ganado en la oficina gracias a su escritorio siempre lleno de papeles, carpetas y cosas acumuladas.

En cambio, ella no hizo más que confirmar su apodo. No en vano sus compañeros de trabajo la bautizaron Marie Kondo: su casa (o al menos lo que se podía ver de ella en el Zoom que la empresa organizó para ponerse al día con cuestiones estratégicas), era un fiel reflejo de su espacio laboral. Pulcro, prolijo, ordenado.

Desde que la cuarentena obligó a transformar el hogar en un lugar de trabajo, las personas muestran como nunca antes su intimidad. Y esa exhibición muchas veces confirma o derriba las ideas previas que nos hacemos de ellas, sobre todo a las que no conocemos solo en la faceta laboral. Tan alta es la exposición o tan grande es el portal que uno abre a los demás, que en países como Estados Unidos y algunos de Europa los empleados piden asesoramiento a expertos en ambientación o las mismas compañías los capacitan en lo que deben mostrar (y sobre todo, qué no).

“El uso de las herramientas de videoconferencias como Hangouts de Google y Zoom, también significa exponer nuestra esfera privada, es decir nuestro ambiente, hogar y cómo vivimos ante los ojos de otros que apenas nos conocen. Las personas que han trabajado desde su casa durante años saben cómo crear un nicho profesional dentro de un panorama más grande de platos sucios, niños llorones y decoraciones sentimentales en las paredes. Y para quienes son nuevos en el tema es todo un desafío”, comentó Amanda Switzer, gerente de comunicaciones para el consumidor de Pinterest al New York Times.

Las búsquedas en esa red social sobre “cómo organizar mi oficina en casa” aumentaron 1144% entre el 6 y el 20 de marzo pasado, cuando Nueva York se preparaba para enfrentar un duro confinamiento, que finalmente se decretó el 23 de ese mes.

“Esto se debe a que los novatos piden ayuda para tener estrategias; al mismo tiempo, los profesionales del diseño salieron del anonimato”, resume Switzer.

Los tutoriales con consejos sobre cómo armar un espacio laboral en casa, y los trucos para sacarles provecho plataformas como Zoom, tienen cientos de miles de visualizaciones. Pero también empieza a ser una demanda de las mismas empresas, que ven con preocupación cómo algunos de sus empleados se comunican vía videoconferencia con clientes importantes y en muchos casos el ambiente extremadamente hogareño o familiar (con algunas desprolijidades propias de la vida cotidiana), no se corresponde con lo que la empresa busca transmitir.

Clara Doblas, experta en desarrollo organizacional que se especializa en imagen y protocolo corporativo, asegura que se impone algún tipo de capacitación: “Veo errores que se repiten y que pueden perjudicar a una compañía. Se viene la necesidad de bajar línea. Hace falta darle a la gente herramientas para las reuniones. Estamos aprendiendo sobre la marcha. Lo primero que hay que preguntarse es si estamos haciendo ‘home office’ o ‘working at home’, porque no es lo mismo. Hacer ‘home office’ es estar organizado con un espacio, recursos tecnológicos y mobiliario adecuado. En cambio, trabajar desde casa es hacerlo como podemos, muchas veces sin los recursos adecuados, como está pasando ahora con muchos que no estaban preparados para hacerlo”, diferencia la especialista.

El desafío, según Doblas, es usar el ambiente a favor para contar algo de ti. Pero un error muy común es excederse. “Para dar una imagen seria hay gente que pone la biblioteca de Alejandría detrás. Es excesivo. Y probablemente nadie crea que hayas leído ni la mitad de los libros que hay ahí. Otros, en cambio, ponen un fondo blanco detrás y nada más. Eso tampoco sirve, es impersonal. Ni la biblioteca de Alejandría, ni algo tanto tan despojado como un fondo blanco. Hay que buscar un equilibrio”, sostiene Doblas, que también recomienda extremar cuidados acerca de lo que uno muestra de su hogar. “Hay que saber que del otro lado hay seguramente un ojo interesado en saber cómo vives, cómo es tu casa por dentro, qué tienes, cuál es tu nivel de vida. Hay que saber qué y cómo mostrarlo”.

El tema del fondo es tan importante que hasta en Europa venden módulos de bibliotecas para videollamadas hechos de cartón, al mejor estilo escenográfico. llena de libros cuyo contenido ignoramos. Basta utilizar la herramienta que Zoom brinda para poner un fondo artificial, que puede ser un paisaje, una imagen neutra o una foto incluso de la empresa. Otra app que cambio los fondos es Snap Cámara, de Snapchat, que aunque suele utilizarse con un propósito bromista, se puede también aplicar para cuestionas más serias.

“Aunque es útil para que nadie “espíe’ su intimidad, la herramienta de Zoom no es recomendable para una persona que gesticula mucho o debe moverse por el ambiente porque el movimiento hace que se vea el fondo detrás -plantea Doblas-. Además del fondo, hay que tener en cuenta la mirada, que siempre esté a la altura de la cámara, nunca mirar hacia abajo, y la luz: la peor es la que viene de costado, de arriba o de abajo. Debe ser pareja y venir de frente. Se venden unos tubos redondos que se compran para las ‘videomeetings’ y se colocan detrás del dispositivo. Es bueno invertir en eso, porque este tipo de reuniones van a quedarse por mucho tiempo, no es algo transitorio. Antes los ejecutivos viajaban mucho, pero ahora eso se va a cortar y a reemplazar con estas reuniones virtuales”, insiste la especialista.

Por su parte, Maga Muchnik, interiorista y una de las dueñas de Dash, sostiene que le choca ver fondos desprolijos en las videollamadas. “Hay casas súper preparadas y otras no. Estamos aprendiendo todos, nos vamos a ir acomodando. Ayer hicimos un vivo en Dash, una capacitación donde dimos ‘tips’ para armar espacios de trabajo y como mostrarlos para que se vean bien en cámara. Personalmente, tenemos mucho trabajo. Percibo que los que pueden están invirtiendo en su casa, en una silla cómoda, en un buen escritorio. La gente entendió que la casa es su refugio, y ahora también la escuela y la oficina. La necesitamos cómoda y funcional, y a la vez también busca la manera de preservar cierta intimidad”.

Según Muchnik, en Europa muchas empresas están invirtiendo en “home office kits” para sus empleados. “Lo hacen para que estén cómodos y también para que ese sea un lugar adecuado para mostrar en una reunión laboral. Las multinacionales tienen que hacer una bajada de cómo hacerlo porque no dejas de representar a esa empresa. Mi imagen debe estar acorde a la imagen de la compañía que represento. Obviamente, no es lo mismo una compañía financiera que Google. Y no es lo mismo una plataforma que otra: si estoy en una reunión laboral en Zoom no me gusta dar demasiada información de cómo vivo. Desde mi Instagram, donde es más personal, sí puedo mostrar un poco más”.

Desde Estudio 3R se especializan en hacer ver a una casa especialmente atractiva para la venta. Especializados en “home staging” -una técnica de marketing que busca hacer atractiva la propiedad principalmente para la Web mediante la intervención en el espacio físico que busca “limpiar”, reorganizar y despersonalizar los ambientes, sostienen que algo similar debería hacerse con las videollamadas laborales. El arquitecto Sergio Catini recomienda que sea un ambiente neutro, lo que se llama en arquitectura un “no lugar”.

“El ambiente es parte del mensaje del interlocutor. Así como existe un lenguaje corporal, existe uno contextual. Pero la mayoría no tiene presente que lo están ‘espiando’ y se relaja. Me parece que el mercado de asesoramiento para este tipo de comunicaciones aún está verde ya que para muchos es solo por un tiempo. Distinto sería si fuera permanente pero ahí habría que ir al inmueble, medir la luz, que apliques y lámparas utilizar, si queda coherente o forzado el tema adornos, etcétera”.

Mientras la mayoría intenta adaptarse como puede a esta modalidad, otros llevan años de ventaja. La cuarentena obligó a hacer un curso acelerado. Lo bueno es que la mayoría son principiantes y eso hace que todos seamos más comprensivos con los errores como dejar a la vista la pila de ropa sucia. Sin querer entrar en detalles, su jefe dijo que le había pasado algo peor cuando en el grupo de trabajo en WhatsApp comentaban -y se reían- deldescuido. Fue un alivio. Y también una alerta para que no le vuelva a pasar.


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