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En el 2002 se vio en la necesidad de radicar una orden de asecho contra su novio. Para esa época, Ada Álvarez Conde tenía 15 años y, hasta hacía muy poco tiempo, creía que el comportamiento celoso y posesivo de su pareja demostraba cuánto la amaba y le importaba.

Hasta que se dio cuenta, a través de una asignación sobre violencia doméstica que tuvo que hacer para un periódico comunitario donde era voluntaria, que todas las acciones que ella interpretaba como de amor, en realidad eran señales claras de violencia, poder y control.

“Me tenía que reportar constantemente y decirle lo que estaba haciendo. Mi amigas me decían que me quería mucho y yo también lo creía. Pero cuando me tocó hacer la investigación, me di cuenta de que no era normal lo que me pasaba. Y cuando lo dejé explotó; por un lado me decía que me amaba y por otro me criticaba y me echaba la culpa”, recuerda Álvarez, hoy con 26 años.

Precisamente, esa experiencia la llevó a escribir el libro Lo que no dije, publicado cuando solo tenía 19 años. Hace dos años también creó la Fundación Alto al Silencio, organización sin fines de lucro para dar apoyo y orientación a través de charlas educativas a los jóvenes y “evitar que otras pasen lo que yo pasé”.

También ha escrito un proyecto de ley para que, al igual que en Estados Unidos, el gobierno de Puerto Rico declare el mes de febrero como el “Mes de prevención de violencia en el noviazgo”.

La situación por la que pasó Ada Álvarez Conde no es aislada. De hecho, se trata de un problema social grave que sigue en aumento entre los jóvenes, afirma por su parte Adriana Alonso, Coordinadora de Paz para la Mujer, organismo no gubernamental (ONG) integrado por un colectivo de organizaciones que defienden los derechos de las mujeres.

Por eso, la organización se unió a la Fundación Alto al Silencio para ofrecer durante todo este mes una serie de charlas e iniciativas para prevenir y combatir el problema de violencia en noviazgo.

“En todas las charlas que he dado no hay ni una sola de ellas en la que no haya una víctima. Actualmente hay una epidemia de relaciones no saludables. Pero también se trata de un problema de recursos (para que orienten y eduquen a los estudiantes de las señales de violencia). No se le ha dado la importancia que merece”, afirma Álvarez.

Y aunque no hay estadísticas actualizadas, la joven dice que una de cada tres adolescentes es víctima de violencia en el noviazgo. Alonso también menciona un estudio que reveló que el 87% de las jóvenes de escuela superior en Puerto Rico habían reportado incidentes de violencia en el noviazgo.

Además, según datos de la Policía de Puerto Rico, para el año 2000 se informaron 5,389 casos de violencia doméstica entre jóvenes de 12 a 24 años. “Y en un estudio de 2006, el 51% de las víctimas tenía entre 12 y 19 años”, agrega Álvarez.

Aún así, la violencia disfrazada de amor casi no se discute. Y los signos del maltrato durante el noviazgo son desconocidos para gran parte de los jóvenes, que los confunden con muestras de afecto que, en realidad, ocultan conductas controladoras basadas en la desigualdad entre los sexos.

Educación y prevención

De ahí la importancia, enfatiza Álvarez, en salir y seguir tocando el tema para concienciar y llamar la atención sobre esta problemática social.

“Esto es una lucha que he dado sola por mucho tiempo y ya es hora de que más gente se una. Por eso necesitamos que se hable y que las personas se orienten”, afirma la joven activista, mientras destaca la importancia de crear alianzas con el Gobierno y otras organizaciones sin fines de lucro para atacar el problema desde sus inicios.

Sobre todo, agrega, para darle énfasis a que la intervención sea antes de que la pareja llegue a casarse, de que se junten o de que tengan un bebé. Para lograrlo, la joven cree que hace falta más educación porque la mayoría, especialmente los jóvenes, todavía no entienden lo que significa violencia en el noviazgo.

“Describe una relación entre una pareja que no está casada y no convive, en la que hay abuso emocional, físico o sexual de un miembro hacia otro”, explica Álvarez, aunque agrega que el término de violencia en el noviazgo raramente es utilizado en la Isla.

Y aunque usualmente se refiere a jóvenes, destaca que se trata de un tipo de violencia que aplica a cualquier tipo de noviazgo sin importar la edad.

“La violencia en el noviazgo y la violencia doméstica se caracterizan por ser relaciones de poder y control. Y las señales de maltrato son similares y comparables con las de víctimas de violencia doméstica”, agrega Álvarez.

Pero señala que entre los novios, se añaden otros factores. Por ejemplo, disputas con los padres y el uso constante de la tecnología para ejercer maltrato.

Y aunque también se ha encontrado que en este tipo de violencia hay más mujeres agresoras, Álvarez señala que estadísticamente hay una tendencia a que el 80% de las veces sea la mujer la víctima.

Según Alonso, es una bandera que hay que levantar temprano en el noviazgo para prevenir males mayores. Pero una de las dificultades, agrega, es que en Puerto Rico no hay legislación al respecto.

“Aunque es un componente mínimo, la realidad es que no hay una ley que proteja a estos jóvenes. Por eso cuando hay una denuncia tienen que ir por la ley contra el acecho, pero eso no provee los mismo remedios que provee la ley 54 (de violencia doméstica)”, explica Alonso.

La ley contra el acecho tipifica como delito “una conducta que induzca temor en el ánimo de una persona prudente y razonable de sufrir algún daño físico en su persona, sus bienes o en la persona de un miembro de su familia”, según el resumen de la ley.

Mientras que en la exposición de motivos se indica que el acecho constituye una forma de actividad criminal compuesta de una serie de actosque al ser examinados individualmente pueden parecer un comportamiento legal. Por ejemplo enviar flores, escribir cartas de amor y esperar por una persona fuera de su lugar de trabajo o de su casa, actos que de por sí no constituyen conducta criminal.

“Sin embargo, unidos a intentos de atemorizar, intimidar o hacer daño a una persona o a miembros de su familia o a su propiedad, pueden constituir un patrón de conducta ilegal”, agrega la información.

Es un delito menos grave que puede ser sancionado con pena de reclusión por un término fijo de doce meses y si hay atenuantes, por menos tiempo.

Problemática mayor

“La gente está preocupada, sobre todo en relación con los adolescentes que están pasando por situaciones de violencia. Por ejemplo, muchas muertes de jóvenes siempre se adjudican a la droga, pero a veces están relacionadas con los celos”, afirma Álvarez, quien considera que se debe considerar como problemática social mayor.

Sin embargo, uno de las dificultades es que muchos jóvenes, sobre todo niñas y adolescentes, no identifican la señales de violencia, advierte la psicóloga clínica Ana Cecilia Salas, de la clínica de niños y adolescentes del Departamento Psiquiatría, Recinto de Ciencias Médica.

“Lo que pasa es que, generalmente, se piensa en violencia física, como el puño o el empujón. Pero hay otra, más sutil, que puede ser emocional y verbal, que pasa más desapercibida pero que, eventualmente, puede desembocar en violencia física”, explica Salas.

Algunos de los ejemplos que pone la psicóloga es el joven o la joven que constantemente está texteando para saber dónde está su pareja, que le pide que se reporte y diga con quién está, que no quiere que se vista de cierta forma o que le chequea el teléfono para ver a quién llamó o quién la llama.

Alonso también menciona otros casos; como el varón que no quiere usar condones en la relación sexual, que tiene múltiples parejas, se burla de la forma de ser de su pareja o le exige tener relaciones sexuales para que demuestre su amor.

“Algunas cosa se caen de la mata; por ejemplo, se sabe que un puño está mal. Pero el texteo o el hostigamiento con llamadas y el constante monitoreo,muchas jóvenes lo ven como que las quieren mucho. No se dan cuenta que es una estrategia de poder y control. Por eso en las charlas tratamos de darles la contraparte positiva y enseñarles lo que es un noviazgo saludable”, explica Alonso, aunque destaca que no dan fórmulas, sino que resaltan la importancia de la confianza y el respeto en una relación de pareja.

Ciclos de violencia

Salas también llama la atención a que en todo tipo de abuso, verbal, emocional o físico, los jóvenes también entran en lo que se conoce como el ciclo de violencia. Según explica, sucede cuando se ha ido acumulando tensión hasta que explota un evento de violencia que puede ser una peleas, gritos o golpes.

“Luego viene la culpa, se pide perdón, se arrepiente y hace promesas. Es cuando la otra persona le empieza a creer y hay una etapa de reconciliación en la que hay una supuesta calma. Pero al tiempo, se comienza a acumular tensiones y vuelve a explotar otro episodio de violencia”, explica Salas, quien destaca que por eso es tan difícil romper ese ciclo debido a que siempre hay la esperanza de que todo va a cambiar.

A todas esas situaciones también hay que añadir que en la etapa de la adolescencia todas las emociones son más intensas, agrega la psicóloga. “Si hay tristeza porque el novio la dejó, cree que no va a poder vivir sin él; creen sentir el amor más profundo y la alegría tiende a ser una gran euforia”, subraya Salas.

Otro punto que se debe tener en cuenta, agrega la psicóloga, es que en la adolescencia los pares tienen un rol muy importante en sus vidas. Así que tener a esa persona a tu lado es muy significativo y puede haber temor a que esa persona se vaya y a quedarse solo o sola.

“Al tener tanta importancia, es posible que aguante más (el maltrato). Además, son jóvenes que están empezando en una relación y no tienen formas de comparar, así que se asume que todas las relaciones son así. También puede pasar que vengan de una familia en la que uno de los padres era violento y el otro lo soporta, así que creen que eso es lo normal”, explica Salas, mientras recomienda a los jóvenes siempre estar pendientes y levantar bandera roja ante cualquier señal de violencia o coacción.

En ese sentido, les aconseja que hablen con familiares o personas de confianza con las que pueda compartir la preocupación de que algo no anda bien en la relación. “O que busquen ayuda profesional de inmediato”, recomienda.

Más información:

Algunos lugares donde puedes conseguir orientación y ayuda:

• Fundación Alto al Silencio: 787-552-9559; www.facebook.com/Fundacion;   www.loquenodije.com

• Coordinadora Paz para la Mujer: 787-281-7579;  www.pazparalamujer.org

• Oficina de la Procuradora de las Mujeres: Línea de orientación 24 horas, 787-722-2977 y 787-697-2977 (libre de costo); www.mujer.gobierno.pr

•Taller Salud: (787) 876-8704, (787) 876-3440, (787) 256-7496; www.tallersalud.com


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