Con la cuarentena, la noción del tiempo se ha distorsionado. (Unsplash)

Hace poco más de una semana, un presentador de noticias local en Cleveland, Todd Meany, recibió una llamada de su productor sobre un problema inusual creado por la pandemia del coronavirus.

Nadie podía recordar qué día era. ¿Qué podría hacer un noticiero local? Crear un segmento en un programa matutino, por supuesto, con una pizca de música de shows de juegos al estilo de la década de 1970: “¿Qué día es?”

El segmento pegó rápidamente en las redes sociales y Meany comenzó a recibir mensajes de agradecimiento de personas en regiones y países muy alejados de su estación, Fox 8, en el noreste de Ohio porque, al igual que en su ciudad, sus nuevos fanáticos se habían quedado dentro de sus casas, trabajando y tomando clases virtuales, despojados del ritmo habitual de la vida. También habían perdido la noción del tiempo.

“En este mundo libre y extraño en el que estamos ahora, se descoloca el reloj interno de todos”, dijo Meany en una entrevista. “Ya no hay ningún punto de referencia. Nadie tiene un calendario en su casa. Todos están en su teléfono”.

Una de las consecuencias más extrañas de la pandemia por COVID-19 es cómo desatender la vida cotidiana ha hecho que el tiempo se sienta distorsionado. Los psicólogos explican que la sensación es el resultado de la pérdida de anclajes sociales, el estrés crónico y la ansiedad y los cambios drásticos en las rutinas normales.

Tom Hanks, mientras presentaba el episodio remoto de Saturday Night Live, resumió lo que se siente estar atrapado en casa y mirar, a través de ventanas, televisión e internet, el mundo mientras cambia a un ritmo desconcertante: “Ya no hay tal cosa como los sábados. Es solo que todos los días son hoy”.

Las búsquedas de “qué día es” se han disparado en línea. Algunos expertos, como los de la Universidad de California en San Francisco, están compilando recursos para ayudar a las personas a sobrellevar la situación. Y algunos psicólogos han comparado los efectos del coronavirus con las secuelas de un desastre natural, excepto que el desastre se mueve en cámara lenta, ocurre en todas partes y sin final a la vista.

“Lo que hace que la COVID-19 sea tan extraña es que el entorno físico se ve muy normal, pero hemos perdido cada ancla social que normalmente usaríamos”, dijo la doctora Mary McNaughton-Cassill, profesora de psicología en la Universidad de Texas en San Antonio.

Marzo terminó sin pena ni gloria y los eventos de mayo ya fueron cancelados y las happy hours de los viernes se suspendieron indefinidamente. Para aquellos que pueden trabajar desde casa se han evaporado las señales diarias como trasladarse y socializar después del trabajo. Los días de trabajo se difuminan y los fines de semana son solo días de semana con menos obligaciones. “La diferencia entre el viernes y el sábado se ha borrado temporalmente”, comentó McNaughton-Cassill.

La percepción del tiempo de las personas siempre es relativa y, en general, depende de los anclajes de la vida laboral y personal: el tiempo parece pasar más rápido cuando estás ocupado o con amigos, pero se arrastra cuando estás aburrido o enfermo en cama. “Probablemente no tengas tantas cosas que hacer para llenar el tiempo, por lo que la percepción es que el tiempo va más lento”, dijo, y lo llamó una “sensación de estar a la deriva”.

Para aquellos que todavía van a trabajar, cada día es un viaje a un mundo peligroso e incierto, con nuevas reglas sobre máscaras, lavarse las manos y mantenerse alejado de los demás. Para aquellos que han perdido el trabajo, hay nuevas tensiones intensas sobre los ingresos, el seguro de salud y el futuro. “Tenemos una tormenta perfecta para ser gravados cognitivamente”, apuntó la doctora Elissa Epel, profesora de psiquiatría de la Universidad de California en San Francisco, quien añadió: “Todo está cambiando tan rápido que nuestro cuerpo está en modo de vigilancia”.

El estrés y la ansiedad continuos de vivir en alerta máxima pueden afectar significativamente la capacidad de pensar con claridad, dijo Epel: “Nuestra memoria de trabajo es frágil y se ve afectada por estas cosas. Honestamente, tengo problemas para rastrear el tiempo. ¿Cuándo comenzó esto? ¿Febrero? Eso se siente como historia antigua”.

Tener dificultades para recordar qué día es a veces puede ser un “brote de síntomas” de estrés y sobreestimulación, señaló la doctora Christina Weyer Jamora, neuropsicóloga y profesora asociada de la Universidad de California en San Francisco. Ella lo comparó con los efectos físicos de una maratón. “Al final es posible que no camines otros 20 kilómetros. Con el cerebro es lo mismo. Dice: ‘He tomado mucha información, necesito tomar un descanso’”. Esto es completamente normal. “Lo notamos cuando no recordamos qué día es”, dijo.

Muchos factores pueden contribuir: la calidad del sueño se ve afectada por el estrés, las redes sociales y las noticias pueden ser abrumadoras, y, con las rutinas al revés, las personas tienen que dedicar mucha más energía y atención a tareas que solían ser automáticas, como ir al supermercado o lavar la ropa.

Esos viejos hábitos, ya no están allí para ayudarnos a impulsarnos durante el día, por lo que tenemos que pensar en todas las decisiones sobre qué hacer”, dijo Wendy Wood, profesora de psicología en la Universidad del Sur de California.

Comparó aprender a vivir en una pandemia con la incertidumbre de comenzar un nuevo trabajo: “Todo es nuevo,estás tomando muchas decisiones nuevas y es agotador”.

McNaughton-Cassill explicó que esas nuevas decisiones se extienden incluso a tareas pequeñas, como cepillarse los dientes o conducir para hacer un mandado. “La mayor parte de nuestra vida diaria es muy automatizada. Ahora todo está interrumpido, hay que pensarlo más y eso ocupa ancho de banda”, afirmó.

Incluso la televisión, durante décadas un punto de referencia colectivo para millones de espectadores, es otra fuente de desorientación. Los eventos deportivos se cancelaron en todo el mundo; en los servicios de transmisión, las películas mudas de la década de 1930 coexisten con comedias de situación de la década de 1990 y dramas de época de la década de 2010.

Psicólogos recomiendan establecer límites a las redes sociales y las noticias, tomar descansos regulares de las pantallas y poner estructura en el día para tratar de desarrollar hábitos saludables. Esta experiencia también cambiará, dijo McNaughton-Cassill: “Una cosa extraña es que a gran parte de esto nos vamos a acostumbrar. Y cuando las puertas se abran nuevamente y volvamos a estar en un lugar lleno de gente, nos volveremos a sentir raros”.


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