Luego de que instale los robots, Carlos Espinosa (izquierda) espera irse de vacaciones por segunda vez en toda su carrera de 25 años. Aquí muestra su sala de ordeño junto a su hijo, Carlos Espinosa Junior. (Suministrada)

La familia Espinosa de Camuy busca ser pionera en Puerto Rico al instalar los primeros dos robots que ordeñarán, sin mayor intervención humana, las 140 vacas que pastorean libremente sus tierras.

Valorada en más de $380,000 y hecha a la medida por la empresa Lely en Holanda, la maquinaria llegaría en septiembre a reducirle a los Espinosa tanto sus costos de alimento concentrado, como los riesgos operacionales de la sobrealimentación, el sobreordeño y la contaminación de la leche.

A la vez, el dueño de la vaquería, Carlos Espinosa, espera que la nueva tecnología le permita liberar a los obreros del ordeño cansón y repetitivo para emplear su ayuda en tareas más complejas, como el cuidado de los becerros.

“No todas las vacas se tardan lo mismo en el ordeño”, explicó Espinosa, quien estimó entre cinco y ocho minutos el tiempo promedio para esta tarea que se realiza dos veces al día para cada vacuno. “Puede haber una o dos vacas que se tardan más, mientras que las otras cuatro están comiendo cantidades de alimento que realmente no necesitan”, lo que se traduce en pérdidas al ganadero que ya opera con un margen de ganancias de solo algunos centavos por cada litro.

En una línea de producción de seis vacas, “la pezonera sigue succionando si no se le retira a tiempo a la vaca y ahí es que llegan los problemas de mastitis que puede forzar a uno a tener que descartar una vaca”, añadió el ganadero con más de 25 años de experiencia.

La mastitis, como se le conoce a la inflamación de las glándulas mamarias y el tejido de las ubres, cuesta unos $400 mensuales entre tratamiento médico y pérdidas en producción por vaca, estimó el presidente de IDEA Solutions, Juan David Pérez, quien representa a Lely en Puerto Rico.

Sin embargo, al tomar en consideración que son solo dos personas las que ordeñan dos veces al día a 140 vacas, a veces, un simple error humano puede echar a perder toda la producción de una vaquería.

“Si alguno de los ordeñadores se equivocó y ordeño a una vaca que estaba en antibióticos y esa leche llegó al tanque, perdiste ahí $3,600”, para un tanque de 6,000 litros valorados en 60 centavos cada uno, abundó Pérez.

Más allá de eso, “si esa leche llega al camión, estamos hablando de $20,000 o $30,000 en pérdidas. O sea, eso te puede sacar de carrera y hasta te puede cerrar el negocio”, alertó Espinosa, cuyos vacunos producen cerca de 50,000 litros al mes.

Asimismo, al automatizar el ordeñamiento, Espinosa podría aumentar la producción mensual del mismo número de vacunos a unos 65,000 litros.

Más que un robot ordeñador

El Lely Astronaut, cuyo principal mecanismo parece uno de los brazos mecánicos que utilizan los astronautas para reparar averías en el espacio, sirve dos funciones principales en la vaquería: servirle a la vaca el concentrado ideal, mientras la ordeña lo necesario y sin estrés.

Como a todo animal de costumbre, a las vacas de Espinosa se les enseñará a buscar su alimento en el robot, pero el resto lo hace la máquina. Mientras la vaca ingiere su alimento alto en nutrientes, el robot extiende su brazo hasta alinearse con su ubre.

Un par de cepillos giratorios limpian, desinfectan y estimulan cada pezón, antes de que las pezoneras se peguen. Cada una de estas trabaja independiente de la otra, succionando la leche a un ritmo estable y único para cada vaca, lo que pone freno al riesgo de mastitis, enfatizó Pérez.

Aunque esta última se mueva, el brazo se movería con ella para no interrumpir el proceso.

Si el vacuno patea alguna de las pezoneras, la máquina se reconectaría a la vaca automáticamente.

Al final del ordeño, las pezoneras se desconectan y el brazo se retira por sí solo, a la vez que rocía cada pezón para desinfectarlo y sellarlo. Acto seguido, el sistema le abre el paso a un nuevo campo de pastoreo a la vaca.

Inmediatamente, la máquina desinfecta los cepillos antes de repetir el proceso.

En ese proceso, Pérez resaltó que esta tecnología puede identificar las vacas que ya requieren cuidado veterinario o que están en celo, separándolas del resto y enviándole notificaciones al teléfono móvil del ganadero.

Pero la tecnología va más allá. De hecho, todas las vacas de Espinosa ahora lucirán un collar que medirá su actividad física, alimentación y digestión, además de su ciclo reproductivo, que es la clave para la producción lechera.

“El sistema te dice que, dentro de estas cuatro a seis horas, estamos bien seguros de que si inseminas esa vaca, ella va a quedar embarazada”, abundó Pérez sobre las nuevas capacidades de monitoreo vacuno. “Eso nada más representa un ahorro para los ganaderos que gastan mucho dinero en pajillas de toros con buen linaje”.